Los Danieles. Cuando Escalona conoció a Gabo

Daniel Samper Pizano

Daniel Samper Pizano

El 24 de marzo de 1950 apareció en el diario barranquillero El Heraldo una columna dedicada “al compositor folklórico [sic]” Rafael Escalona, autor de varias canciones ya “incorporadas al patrimonio popular”. Una de ellas, la que más atraía al comentarista, mencionaba un trajecito inolvidable que vestía una muchacha enamorada: “Ese que tiene flores pintadas, dos mariposas y un pajarito”. 

Fue, muy probablemente, la primera vez que alguien dedicó una nota en páginas editoriales al compositor, un tipo silencioso y pulcro procedente de los algodonales vallenatos. En el escrito se decía que los cantos de Escalona alcanzan “ese estado de gracia en que su música respira ya el aire de la pura poesía”. 

La columna llevaba el título general de La Jirafa y la firmaba un tal Septimus. Detrás del seudónimo se ocultaba Gabriel García Márquez, periodista de Aracataca, amigo personal de Escalona y apasionado seguidor de sus cantos. La víspera se juntaron en el Café Roma a charlar sobre música regional, tema al que siempre volvieron y nunca agotaron.

La música de acordeón y las letras nostálgicas tejieron una sólida amistad entre ellos que se alargó durante seis décadas. En la exacta mitad del siglo, fecha del encuentro y la columna, ambos tenían veintitrés años. Habían nacido en 1927 en el departamento del Magdalena y se rebuscaban la vida en Barranquilla. Diecisiete años después, el músico, convertido en personaje literario, entró a las páginas de Cien años de soledad.

García Márquez y Escalona. Gabito y Rafa. Muchas veces los dos compartieron tragos, historias y festejos, como aquella celebración imperial de 1982 en Suecia, cuando GGM recibió el Premio Nobel de Literatura. Con frecuencia se les unía Álvaro Cepeda Samudio, un cabellón apenas unos meses mayor que compartía rumba y trabajo con Gabo y admiraba los paseos y merengues de Escalona.

A ningún inventor de sueños, ni siquiera al propio arquitecto de Macondo, se le habría ocurrido imaginar que estos personajes llegarían a ser leyendas internacionales. Sin embargo, García Márquez es uno de los más geniales escritores, Escalona uno de los más populares compositores colombianos y Cepeda, espejo del periodismo y la narrativa nacionales.

Se acaba mayo y estamos entrando en la cosecha de centenarios natales, que empezaron en marzo con el de Cepeda y terminarán dentro de doce meses con el cierre de los cien años de Escalona y Gabo. Cien años que no han sido propiamente de soledad sino de amistad y parranda. 

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Escalona y Gabo en sus primeros tiempos

Voto por Fajardo

Suelo informar a los lectores el sentido de mi voto. En esta oportunidad será un voto de intención, pues no estoy registrado en Madrid, donde me encuentro. Apoyo en esta primera vuelta a Sergio Fajardo (y la educadora Edna Bonilla), un candidato honesto, con experiencia, socialmente solidario y que prefiere perder una elección antes que venderle el alma al diablo. 

Magnífica encíclica

La fecha en que el sumo pontífice León XIV dio a conocer su primera encíclica, mayo 15 de 2026, parece escogida por Belcebú: ataques entre Irán y Estados Unidos, bombardeos israelíes a sus vecinos, terremoto político en España, epidemia en el África, dronazos y misilazos entre Ucrania y Rusia, mineros muertos en China, y, como si algo faltara, la dolorosa agonía cubana.

La densa neblina de noticias opacó el lanzamiento de la carta apostólica Magnifica humanitas, debut doctrinario del papa Robert Prevost Martínez, nacido en Chicago de descendientes españoles, matemático graduado y peruano de corazón. Un año después de su elección, el jefe de la Iglesia católica firma su primera encíclica, un excelente estudio de perfil moderno (“Se lee como la ponencia de un centro de estudios”, anota The New York Times) sobre la amenaza que significan las nuevas tecnologías para la libertad y la paz universales. 

Si con la Rerum novarum León XIII sacudió en 1891 un mundo que vivía las glorias y miserias de la revolución industrial, el documento que acaba de lanzar el Vaticano critica la actual revolución digital. Tras elogiar el progreso que el desarrollo tecnológico ha aportado a la humanidad, alerta sobre la omnipresencia de las tecnologías en la vida cotidiana y su incidencia en la toma de decisiones y el imaginario colectivo. 

El escrito denuncia que “se está consolidando una cultura del poder en la que la disponibilidad de medios y la capacidad de dominar tienden a dictar la agenda y los criterios de decisión, relegando el bien común de la humanidad a un segundo plano”. El poder bélico se consolida como instrumento de política internacional y aumenta el gasto militar, “cuyo costo real recae sobre los más pobres, que cada vez reciben menos ayuda”. A lo anterior se añaden las armas controladas por Inteligencia Artificial, que “nos acostumbran a la idea de que la violencia es inevitable y solo deba optimizarse”.

Asistimos, en suma, a una nación armada que controlan unos pocos poderosos con enormes intereses económicos. Es indispensable —dice la epístola—aplicar severas regulaciones a las empresas que desarrollan la IA, amparar a los jóvenes y los niños y proteger a los trabajadores cuyos empleos corren peligro. 

Por las ideas anteriores, Donald Trump considera que el papa es una especie de comunista camuflado “pésimo en política exterior” y “débil ante la delincuencia”. A lo cual León XIV, su compatriota, responde que no teme al gobierno de Washington y que seguirá con sus denuncias. 

Así sea.

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