El novelista que duerme con el mar

Selfi del novelisfa caleño Armando Romero y su esposa Konstantina Lardas.

Por Óscar Domínguez Giraldo

De Konstantina Lardas, su esposa griega, el novelista caleño Armando Romero, modelo 1942, dice que “cuando abre los ojos en la mañana aparece el mar Egeo”. Frente al pelotón de fusilamiento de la vejez anda con todas las luces encendidas. Regresó al país para presentar en la feria del libro bogotana  su novela “El vientre de todas las guerras” (Sílaba Editores). Lo mismo hizo en Cali, Villa de Leyva y Cartagena.

Aprovechó el retorno para inventariar arrugas, pategallinas y códigos de barras con sus amigos y colegas en las musas. Como la patria entra por el estómago,  se atragantó de nostalgias gastronómicas llamadas empanadas, tamales, arepas.

Aunque usted no lo crea, este profesor emérito de la Universidad de Cincinnati y doctor  de Pittsburgh, está en el nadaísmo desde que Gonzaloarango creó el movimiento de una costilla de la nada.  Es poeta, narrador, crítico literario, traductor, abuelo, trotamundos y, “para sobrevivir”, profesor universitario durante 40 años en USA.

Romero respondió este cuestionario:

·  ¿Primer recuerdo que tiene de niño? 

AR: Estoy sentado en una pequeña mesa de comedor y juegos. Mi madre ha servido el almuerzo y nos enseña a comer con tenedor y cuchillo. Tengo 3 años. 

·  ¿Primer libro que leyó? 

AR: Fuera de la horrible “Alegría de leer”, recuerdo una novela de vaqueros escrita por Marcial Lafuente Estefanía. 

·  ¿Libro que está leyendo? 

AR: “The traveler and his road”, del escritor armenio Gostan Zarian. 

·  ¿Algún libro le cambio eso que llamamos vida? 

AR: “El hombre fulminado” de Blaise Cendrars. 

·  ¿Qué recuerda de la persona que le enseñó a juntar vocales y consonantes? 

AR: Que era un alcohólico con rostro negro y presencia de ángel. 

·  ¿Qué tiene del Romero? 

AR: El sonido y la furia que me llevó al nadaísmo. 

·  ¿Qué tiene del Delgado? 

AR: El silencio y la paz que me llevó a atemperar ese nadaísmo. 

·  ¿Con su esposa actual dio con la mujer de todas sus vidas? 

AR: Sí, no sólo logró que en ella confluyeran todas mis vidas, sino que me dio un país entero: Grecia. 

·  ¿Quién lo metió en el camino de las letras? 

AR: Mi hermano Oscar, quien me regaló “¿Qué es la literatura?” de Jean Paul Sartre. Lo leí y no entendí nada, especialmente la idea de “compromiso”. 

·  ¿Qué debe entenderse por nadaista académico como le dicen a usted? 

AR: Una persona que piensa que a veces hay que entender que dos más dos son cuatro y no cinco. 

·  ¿El mundo podría vivir sin los nadaístas? 

AR: El mundo sí, pero Colombia no. 

·  ¿Qué es ser colombiano? 

AR: Levantarse muy temprano a trabajar. 

·  ¿Qué es ser caleño? 

AR: Dejar para pasado mañana lo que debiste hacer ayer. 

·  ¿Por qué se ha pasado más de la mitad de su andadura fuera del país? 

AR: Por la sencilla razón de que quiero entender por qué diablos nací en Colombia. 

·  ¿Sus relaciones con los de ICE? 

AR: Siempre pensé que la Gestapo no iba a tocar la puerta de mi casa, ahora no estoy tan seguro. 

·  ¿El regreso a Macondo está a la vuelta de la esquina? 

AR: Yo estuve en Aracataca de muchacho andariego, y no tengo por qué regresar a un nombre diferente. 

·  ¿Mejor consejo que ha oído? 

AR: Me lo dijo un borracho anónimo en un bar de Cali: “Hay que conseguir el silencio”. 

·  ¿Mejor consejo que ha dado? 

AR: Muchos, pero nadie les prestó atención. 

·  ¿Propósito que siempre se ha hecho  y que no ha cumplido? 

AR: No comer muchas empanadas cuando voy a Cali. 

·  ¿Cosas que se le han quedado entre el tintero? 

AR: Dibujar con tinta china. 

·  ¿De qué le gustaría morir? 

AR: De eso que llaman la buena vida. 

·  Si cambiara de profesión ¿cuál le gustaría ejercer? 

AR: Arquitecto, para hacer del espacio que está dentro de mis cuentos una realidad física. 

·  ¿Objetos que siempre lleva consigo? 

AR: Nitroglicerina y anteojos. 

·  ¿Le ha pasado algo que le cambió la vida? 

AR: Sí, el nacimiento de mis hijos. 

·  ¿La virtud y el defecto que le gustaría tener? 

AR: Como virtud, paciencia con mis colegas profesores, y como defecto escoliosis en el lado izquierdo que compense la que tengo en el lado derecho. 

·  ¿El fracaso más creativo que ha tenido? 

AR: No haber sido nombrado director de la revista de crítica literaria más importante de los Estados Unidos. 

·  ¿Lo que más le gusta regalar? 

AR: Algo que la otra persona desee y yo encuentre por azar. 

·  ¿Lo que detesta que le regalen? 

AR: La palabra “regalar” como cuando preguntan en Colombia: “¿Me regala su firma?”. 

·  ¿Qué día de la semana le gusta más? 

AR: El lunes, para llevarle la contraria en algo a César Vallejo. 

·  ¿Con qué amigo o amiga de infancia le gustaría reencontrarse? 

AR: Con un compañero de escuela, Rodríguez, quien era muy pobre pero vivía siempre feliz. 

·  ¿Libro que desearía haber escrito? 

AR: El que estoy escribiendo ahora y me da mucho trabajo. 

·  ¿Disfruta a cabalidad de lo que tiene? 

AR: Si, tener más es querer más y eso me asusta. 

·  ¿Sigue a pie juntillas las sugerencias de su horóscopo? 

AR: Me gusta la idea de ser acuario como mi padre y José Martí, pero la verdad es que no sé qué quiere decir. 

·  ¿Es más lo que sabe o lo que desconoce de usted? 

AR: Me contento con lo que sé, porque lo que desconozco se lo dejo a amigos y enemigos. 

·  ¿La habilidad manual que le gustaría tener? 

AR: Carpintero, por el olor de la madera y el recuerdo de mis tíos en los aserraderos de Cajambre. 

·  ¿Persona que más admira? 

AR: El poeta venezolano Juan Sánchez Peláez decía que él no admiraba a nadie, nunca, y yo como castigo, lo admiro a él. 

·  ¿En quién le gustaría reencarnar? 

AR: En un monje compañero de San Atanasio en el monasterio Gran Lavra, del Monte Athos, en Grecia. 

·  ¿De los años que tiene, cuál le ha gustado más? 

AR: En 1976 conocí a mi esposa en Caracas, me echaron de la editorial donde trabajaba y empecé como crítico de arte en la Galería de Arte Nacional en Caracas, luego de abandonar mi casa en Mérida, Venezuela. 

·  ¿Su plato favorito? 

AR: Empanadas con ají picante de Cali. 

·  ¿Se sale fácilmente de casillas? 

AR: Sí, pero vuelvo a la silla pronto. 

·  ¿De qué se arrepiente? 

AR: De haber estado lejos de mis padres por muchos años. 

·  ¿Quién le gustaría haber sido? 

AR: La verdad, luego de ver el mundo que me rodea, estoy contento conmigo mismo. 

·  ¿Qué es un amigo? 

AR: Jotamario Arbeláez, porque su presencia define bien la lista de los que me acompañan siempre. 

·  ¿Los enemigos para qué? 

AR: Siempre pensé que mis peores enemigos eran las hormigas, ahora no estoy tan seguro. 

·  ¿Persona que más ha influido en usted? 

AR: Álvaro Mutis me ha acompañado siempre. 

·  ¿Qué le gustaría olvidar? 

AR: Que tuve que pasar más de 40 años como profesor para sobrevivir. 

·  ¿Por qué desea que lo recuerden al fin de su andadura? 

AR: No necesito que me recuerden, tal vez que me lean. Al fin de cuentas, sólo soy un escritor. 

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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