Manos fuera de la palma de cera

Palma de Cera del Quindio, insignia de Colombia. Foto Quindio.gov.co

Por Óscar Domínguez Giraldo

No sólo mueren de pie. Las palmas de cera del Quindío de donde se sacan las palmas que se han utilizado los domingos de ramos para inaugurar la Semana Santa, están muriendo en silencio. Y con ellas muchas especies animales que encuentran en ellas su maná.

Menos mal una gitana le leyó la palma de la mano a la Ceroxylon quindiunse, su nombre latino, y le notificó que hay guardián en la heredad ecológica. Por eso en vez de ramos, en los domingos de ramos actuales hay  flores, banderas, festones, gritos, aplausos, para saludar al zarco de Galilea.

Y palmas de las variedades alejandra e iraca. Pero palma de cera del Quindío no (foto). Los turistas pueden visitar las plantaciones que hay por ejemplo en el municipio de Salento, Quindío. Pero nada más.

Claro que no sólo los domingos de ramos viene muriendo la muy esbelta palma que fue declarada árbol nacional de Colombia por Ley 61 de 1985. O sea que la palma tiene ínfulas de Corazón de Jesús, también patrón de Colombia.

Si el Corazón de Jesús es grande y está en todas partes, la palma de cera mide hasta 60 metros de altura y se da en las tres cordilleras. Prefiere la Central, así como muchos caballeros las prefieren rubias.

La iglesia católica ha tenido que hacer conciencia entre sus fieles para que no usen ramos a partir de las hojas de la plata de cera. Foto caracol.com.co

Los ojos de estas palmas no han visto el mar, como los del panida  León de Greiff, pero son primas ricas de las otras palmas que se alimentan de mar, playa, alcatraces, cielo y tangas que le permiten al ojo mirar el paisaje femenino.

Aparte de fieles todavía no difuntos, conspiran contra la palma de cera quienes utilizan sus finos tallos de dura cerviz para la construcción de puentes, cercas, casas… Los hay que se babean por la cera que se extrae de su tallo de avispa porque con ella se fabrican velas para los apagones reales o ficticios. Esa cera se obtiene “pilao”: raspando los tallos.

¿Y qué pasa? Pues que la palma pierde permeabilidad que llaman y entonces les caen en  patota insectos y hongos. Es cuando las palmas mueren de pie, como diría un autor español. Las suicidan en su espléndida primavera.

No nos metamos goles ecológicos: según los expertos de lo peorcito que ha hecho el bobo sapiens colombiano es cortar las hojas tiernas, cuando todavía usan chupo y pañales.

Todo para batirle palmas a Jesús, el Galileo, rotulándolo de paso como enemigo público número uno de la naturaleza que él se inventó. No sé por qué Jesús no ha rectificado semejante sandez. Pero es Dios y toca dejarlo que revire cuando a bien tenga…

Es cierto que la CEROXYLON crece como palma. Pero cae como coco porque los depredadores les cortan su cintura o tallo que envidiaría cualquier anoréxica modelo de Saint Laurent o de Cortázar. O la Tcherassi, para no ir tan lejos.

Una palma levanta un cenicero y se encuentra con un enemigo. No  importa su condición de jirafas del paisaje que crecen más que los largos Escallón de Cartagena, los Cadavid de Medellín, Bello y Ríonegro.

Esta palma tiene una debilidad y una fidelidad especiales por  Colombia. No ha querido retoñar en Estados Unidos. Tampoco ha pelechado  en las Europas donde se sorprenden con su estatura de basquetbolista de la NBA.

La palma no sólo mejora la biografía del paisaje. Este punto sobre la i del horizonte, produce frutos millonarios en proteínas y grasas. Por eso todos los animales del bosque han hecho de las palmas su plaza de mercado, su restaurante de cinco trinchetes.

El oso de anteojos sólo se quita las gafas cuando se va de picnic a una palma. Allí se encuentra con dantas del páramo, guaguas, guatines, tatabras y cuzumbos, solos o acompañados de la novia. Para todos hay.

El loro orejiamarillo número 11, del cual hasta hace unos años solo quedaban unos 500 ejemplares en el mundo, todos en Colombia, peligra si sigue la depredación de la palma de cera. Muchos colegas plúmbeos del loro orejiamarillo han hecho de las palmas su hotel de cabecera.

En el ámbito de la palma, hay conciertos de loros que insultan en varios  idiomas, tucanes sin complejos de inferioridad, pavas impávidas, águilas solitarias y gavilanes que le dan de comer a la gula.

           Menos mal que con el baculazo de la Iglesia, y el empuje de los ministros de lo que queda del Medio Ambiente, las palmas empiezan a tener una segunda oportunidad sobre nuestra geografía.

Ya no hay más ramos debajo de ese Banco de la República de los  devotos que es el colchón, adonde iban a parar una vez bendecidos  el Domingo de Ramos. Ese ramo se quemaba para asustar las tempestades que salían corriendo. Ahora habrá que disfrutar de su ruidosa belleza a palo seco.

De esta forma, las palmas podrán seguir regulando el agua y el viento desde su estatura de Gulliver que tiembla ante la presencia de los liliputienses terrícolas que se aprovechan de su nobleza. (Líneas pasadas por el departamento de latonería y pintura).       

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