Por Jesús González Barcha, MD
hace rato tomé una decisión que algunos consideran casi un acto de rebeldía moderna: no oigo noticias… y mucho menos esas donde el periodista parece que desayunó pánico con café negro. Porque uno prende el televisor o la radio y siente que el mundo se va a acabar… tres veces antes del almuerzo. Y claro, después de eso, ¿quién duerme? ¿Quién digiere bien? ¿Quién vive tranquilo? Nadie… salvo el presentador, que al parecer tiene contrato con la ansiedad.
Y ojo, esto no es solo percepción de médico cansado de escuchar tragedias… hay ciencia. Un estudio encontró que consumir noticias negativas durante apenas 14 minutos ya aumenta síntomas de ansiedad y depresión . Y otro, más grande, siguió a casi mil personas durante un año y confirmó que la exposición frecuente a noticias negativas empeora el estado de ánimo tanto a corto como a largo plazo . Es decir, usted cree que está “informándose”… pero en realidad está entrenando su cerebro para vivir en modo alarma permanente. Como si su amígdala cerebral tuviera un noticiero interno 24/7: “Última hora: todo está mal… y empeorando”.
Y ahí no termina la cosa. La sobreexposición a noticias negativas se ha relacionado con problemas de sueño, irritabilidad, dificultad para concentrarse, aumento del estrés… e incluso síntomas físicos como palpitaciones o problemas digestivos . Es decir, hay gente que no necesita café… con ver el noticiero de las 7 ya tiene suficiente taquicardia. Y luego me preguntan en consulta: “Doctor, ¿por qué me siento tan ansioso?”… y uno revisa hábitos… y resulta que el paciente se desayuna tres tragedias, almuerza dos crisis y cena con un especial de catástrofes.
Por eso yo, además de filtrar noticias, también filtro conversaciones. Porque hay personas que no traen un tema… traen una nube. Uno se las encuentra y a los cinco minutos ya le subieron el cortisol, le bajaron el ánimo y le arruinaron hasta el postre. Y no es que yo viva en negación… es que decidí a qué prestarle atención. Porque la salud mental (y esto sí es serio) no se cuida solo con medicamentos o ejercicio… también se cuida con lo que uno escucha, consume… y con quién decide sentarse a tomar un café.
Así que sí… yo me informo, pero no me intoxico. Y si alguien me dice que estoy desactualizado por no ver noticias alarmistas… yo le digo: “Puede ser… pero duermo mejor, digiero mejor… y mi ritmo cardíaco no va al ritmo del noticiero”. Porque al final, no todo lo que pasa en el mundo necesita pasar también por mi sistema nervioso.
