
Daniel Coronell
El presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, no ha podido demostrar que él fue quien pagó el lujoso apartamento 901 en el que vive. Tampoco ha podido probar cómo pagó la costosa remodelación de la propiedad, que habría costado más de 2.000 millones de pesos. Cuando la Unidad Investigativa de El Tiempo publicó, por primera vez, las dudas sobre el origen del apartamento, comprado a precio de ganga a personas con intereses en el sector de hidrocarburos, Roa aseguró: “Me lo ofrecieron y lo compré, y ahí están los títulos, el registro, transacciones, cheques, retiros y créditos de bancos que saqué para eso”.
Todo se quedó en el “ahí están”. Nunca presentó los soportes de la transacción. No ha mostrado los cheques, los retiros que efectuó o los comprobantes de los créditos bancarios.
Lo mismo me dijo a mí, pero nunca mandó un papel.
Lo curioso es que tampoco ha resuelto los requerimientos, en el mismo sentido, de dos firmas de abogados estadounidenses, contratadas por la Junta Directiva de Ecopetrol para investigar el asunto con el propósito de reportarlo a la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC), ya que Ecopetrol cotiza sus acciones en la Bolsa de Nueva York y debe informar cualquier duda sobre posible corrupción de sus directivos.
En febrero de 2024, ante dos abogados de Miller & Chevallier, especialistas en delitos de cuello blanco, Roa se mostró nervioso y contradictorio, según el resumen de la entrevista presentado por la firma legal. Primero dijo que había pagado el apartamento de contado; después, que había sacado créditos y que aún debía una parte. Ofreció enviar los soportes, pero nunca lo hizo.
Meses después, en diciembre de 2024, otra firma de abogados contratada por la Junta, Covington & Burling, le envió un requerimiento escrito pidiendo:
- Comunicaciones y documentos sobre la negociación de compra del apartamento.
- Comunicaciones y documentos con agentes inmobiliarios.
- Comunicaciones y documentos sobre fondos utilizados para la compra (crédito bancario / préstamos).
- Documentos de la compraventa del apartamento (promesa / escritura).
- Comunicaciones y documentos sobre la remodelación del apartamento.
- Comunicaciones con personas responsables de la remodelación.
- Cualquier otro documento, recibo o comunicación relacionado con la negociación, compra o remodelación del apartamento

Los documentos tampoco fueron entregados.
Lo único que estaba claro es que el inmueble en la costosa calle 92 de Bogotá fue vendido a Ricardo Roa por la empresa Princeton International Holdings, una compañía fundada en un paraíso fiscal, las Islas Vírgenes Británicas, y a la que están vinculados la exreina de belleza, María Paola Mejía, y su esposo, el magnate Serafino Iacono, quien ha tenido grandes intereses en el sector de los hidrocarburos.
Hace unos meses, la Fiscalía registró las oficinas de Iacono en Bogotá. Durante horas revisaron las transacciones de la empresa y no pudieron encontrar evidencia de pagos de Ricardo Roa, o de su compañero sentimental Julián Caicedo, por la compra del apartamento.
El abogado Laureano Siegmund, representante legal de la empresa de Iacono, envió a la Fiscalía General una carta informando sobre los pagos recibidos por el apartamento. Había cuatro transferencias, una consignación con cheque y una en efectivo. Todo suma 1.800 millones de pesos, pero ni uno de esos pagos provino de Ricardo Roa.

Quien le pagó a Iacono fue el coronel retirado de la Policía, Juan Guillermo Mancera, un personaje exótico que saltó de jefe de seguridad a magnate del mundo de los hidrocarburos. Soltó el bolillo para coger los palos de golf en el Club Los Lagartos de Bogotá, que lo aceptó como socio.
El coronel Mancera es el dueño de la empresa Gaxi.

De acuerdo con una investigación de La Silla Vacía, Gaxi firmó un acuerdo con Hocol, una de las empresas del grupo Ecopetrol, para regasificar gas líquido importado. Un negocio que representa 1.400 millones de dólares al año. El ruido les impidió concretar el convenio pero las pruebas quedaron a la vista.
Esta semana dos personas aseguraron que Ricardo Roa despachaba en la oficina del coronel Mancera de la calle 100 con carrera 19, en Bogotá. Que allí, el hoy presidente de Ecopetrol y su compañero sentimental, Julián Caicedo, entrevistaron a personas que llegaron a altos cargos de la compañía, incluyendo al presidente de Hocol, Luis Enrique Rojas, quien hoy es uno de los principales testigos en el proceso contra Roa.
Rojas ha declarado que recibió presiones de Ricardo Roa para favorecer al coronel Mancera en el multimillonario negocio de regasificación. Después de su testimonio, ha recibido amenazas de muerte.
Mientras tanto, el presidente de Ecopetrol no ha podido mostrar cómo y cuándo pagó el suntuoso apartamento de la calle 92.
