
Maria Corina Machado ganó hoy el Premio Nobel de La Paz y se comprometió a liderar un movimiento para derrocar de manera legal el régimen de Nicolás Maduro que agudizó la pobreza en su país y que hoy por su gestión, pasa por un laberinto crítico en el que sus antiguos seguidores pugnan por el restablecimiento de las instituciones democráticas.
La señora Machado se compromete en este documento a asumir el liderazgo del movimiento nacionalista con la participación de diversas organizaciones cívicas y políticas.
Este es el texto:
*MARÍA CORINA MACHADO
Durante su década en el poder, la mala gestión económica del presidente venezolano Nicolás Maduro ha provocado una pobreza alarmante e hiperinflación. A pesar de los esfuerzos del régimen por debilitar a los líderes de la oposición antes de las cruciales elecciones presidenciales de 2024, los venezolanos están listos para el cambio.
CARACAS – Venezuela se encuentra a las puertas de una profunda transformación. Un movimiento popular organizado se está movilizando para derrocar al presidente Nicolás Maduro por medios legales e institucionales. Es un honor para mí encabezar este esfuerzo para restaurar la democracia en mi país, junto con una coalición diversa de ciudadanos, profesionales y líderes políticos y sociales.
El espectacular colapso económico de mi país es notorio a nivel mundial. Años de crecimiento negativo bajo el gobierno de Maduro han resultado en una pobreza alarmante y una migración masiva, con estimaciones que sugieren que casi el 25% de la población ha emigrado desde 2015. Nadie cree sinceramente que la recuperación económica sea posible bajo el régimen corrupto, dictatorial y criminal que ha estado en el poder durante el último cuarto de siglo.
Hace veinticinco años, Venezuela era el país más rico de América Latina; hoy, es uno de los más pobres del hemisferio occidental. Entre 2012 y 2022, el PIB se desplomó un asombroso 75%, sin indicios de tocar fondo. El bolívar, la moneda nacional de Venezuela, ha experimentado una depreciación sin precedentes, lo que ha resultado en una hiperinflación que recuerda a la República de Weimar en la década de 1920, a Zimbabue bajo el gobierno de Robert Mugabe en 2008, y a Hungría y Grecia tras la Segunda Guerra Mundial.
Como resultado de la mala gestión económica de Maduro, el sistema de salud venezolano está en ruinas, con más del 60% de los hospitales sin agua potable. Nuestro sistema educativo se está desmoronando, con maestros que ganan un promedio de 20 dólares al mes y estudiantes de escuelas públicas que asisten a clases solo dos días a la semana.
Esta cruda realidad es resultado directo del «socialismo del siglo XXI» instaurado por el predecesor de Maduro, el difunto Hugo Chávez. El régimen creado por Chávez depende para su supervivencia de prácticas depredadoras y parasitarias, y por ello ha hecho todo lo posible para proteger su control del poder, por ejemplo, tomando el control del poder judicial y silenciando a los medios de comunicación independientes.
Bajo el liderazgo de Maduro, el régimen ha expropiado y arruinado empresas prósperas, eliminado empleos bien remunerados en el sector privado, expandido la burocracia gubernamental, llevado a la ruina a la petrolera estatal PDVSA y aumentado desmedidamente el gasto público, provocando que la deuda nacional se dispare a más del 200% del PIB. Los enormes ingresos petroleros del país, que totalizaron más de un billón de dólares entre 1999 y 2019, han sido desperdiciados o robados.
Para agravar los desafíos de Venezuela, tanto Chávez como Maduro cultivaron vínculos con países como Rusia, Irán, China y Cuba, cuyos intereses geopolíticos chocan con los de las democracias liberales occidentales. Estos países tienen poco que ofrecer en términos económicos, salvo su deseo de comprar petróleo a precios reducidos. Además, el régimen ha distanciado a los vecinos de Venezuela al aliarse con los cárteles de la droga y las guerrillas colombianas. Grupos terroristas islámicos también se han afianzado en Venezuela, aparentemente con la aprobación tácita del gobierno.
Durante mucho tiempo, los venezolanos se sintieron abrumados por la brutalidad del régimen y la lucha diaria por mantener a sus familias. Pero la actual ola de protestas públicas representa una oportunidad sin precedentes. Las encuestas muestran consistentemente que los venezolanos se encuentran entre los más fervientes defensores de la democracia en América Latina. Incapaz de reactivar la economía ni de obtener apoyo popular, el autoritarismo de Maduro se encuentra en un terreno cada vez más inestable.
El cambio podría llegar antes de lo que muchos creen. Ante los fracasos políticos y económicos del chavismo, los venezolanos han puesto la mira en un ambicioso camino —constitucional, pacífico y electoral— hacia la libertad y la prosperidad. El 22 de octubre, en unas elecciones primarias, me eligieron como candidato presidencial de la oposición. A pesar de los esfuerzos del régimen por interrumpir el proceso, en la oposición estamos decididos a ver elegido un liderazgo unificado y legítimo.
Un líder creíble con un sólido respaldo popular estaría en condiciones de cultivar una colaboración eficaz con la comunidad internacional, creando incentivos para que todos los actores clave apoyen la transición democrática de Venezuela. Este cambio inclinaría la balanza de poder, obligando al régimen de Maduro a entablar un diálogo constructivo y pragmático.
Si las elecciones presidenciales, programadas para finales de 2024 según la Constitución venezolana, se celebraran hoy, lo más probable es que derrotara a Maduro por una abrumadora mayoría. Por esta razón, Maduro me inhabilitó ilegal y arbitrariamente para ejercer cargos públicos durante 15 años. Pero esta decisión solo refuerza el apoyo a mi causa.
Nuestra defensa de una vía electoral para llegar al poder no es ingenua. Somos conscientes de que las condiciones actuales en Venezuela no permiten unas elecciones libres y justas. Para ello, se deben cumplir varias condiciones, la más urgente es la revocación de las prohibiciones impuestas a mí y a otros líderes de la oposición. De igual manera, la liberación de los presos políticos y militares es ampliamente reconocida como un requisito previo. Sin embargo, identificar la combinación adecuada de incentivos y garantías es esencial para persuadir al régimen de que cumpla estas condiciones. Creemos firmemente que la democratización ordenada es más factible que nunca y estamos decididos a aprovechar al máximo esta oportunidad única. Al optimizar el uso de nuestras reservas de hidrocarburos, convertirnos en un proveedor confiable y competitivo, y aprovechar nuestro vasto potencial de producción hidroeléctrica, eólica, solar y de hidrógeno, Venezuela podría emerger como el principal centro energético de las Américas.
De prevalecer, nuestro objetivo es consolidar a Venezuela como un aliado confiable de las democracias liberales occidentales y persuadir a los millones de venezolanos que han huido a regresar a casa. Sus habilidades, conocimientos y experiencia son necesarios para impulsar la reconstrucción de nuestro gran país.
Insto a la comunidad internacional a brindar a los venezolanos el apoyo que necesitan. No cejaremos en nuestro empeño por lograr una transición democrática; la victoria está a nuestro alcance.
*María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025, es exdiputada de la Asamblea Nacional de Venezuela y cofundadora de Súmate, una organización de monitoreo electoral con sede en Caracas.
