
Martin Lagrave
Ante la bomba demográfica que amenaza su sistema de reparto, Alemania está experimentando con un novedoso plan: pagar a los hijos 10 € al mes para que inviertan en la bolsa, con la esperanza de cubrir parte del futuro déficit de pensiones.
¿Cómo podemos salvar un sistema de pensiones moribundo? La pregunta va mucho más allá de Francia. En Alemania, el sistema de pensiones de reparto, fundado en 1889 por Bismarck, es uno de los más antiguos del mundo. Ha sobrevivido a guerras mundiales y crisis financieras, pero ahora se ve seriamente amenazado por el envejecimiento de la población, advirtió el Financial Times el 2 de octubre.
Según el Instituto de Investigación Económica de Colonia, para 2036, casi 19,5 millones de baby boomers habrán abandonado el mercado laboral, mientras que solo 12,5 millones de jóvenes trabajadores se incorporarán al mercado laboral. En 2040, 100 trabajadores tendrán que mantener a 41 jubilados, frente a los 30 actuales.
El gobierno de Friedrich Merz, debilitado por la presión sindical, se ha negado hasta ahora a emprender reformas fundamentales. Sin embargo, pretende incentivar a los hogares a recurrir al ahorro privado, capitalizado e invertido en bolsa. La medida emblemática, denominada «Jubilación Anticipada», prevé que, a partir de 2026, cada familia podrá invertir 10 € al mes por cada hijo de entre 6 y 18 años en un plan de inversión bursátil, financiado íntegramente por el Estado. Los fondos se congelarían hasta la jubilación.
Aproximadamente 65.000 € al cabo de 50 años
El coste se estima en 1.500 millones de euros al año. Para quienes apoyan el proyecto, como la profesora Ulrike Malmendier (UC Berkeley, miembro del Consejo de Expertos Económicos), el principal efecto no será tanto el capital acumulado (aproximadamente 65.000 € al cabo de 50 años, suponiendo una rentabilidad media del 7 % sin más inversión), sino más bien un cambio cultural. «Muchos alemanes nunca han comprendido la lógica del interés compuesto. Pero cuando se experimenta, puede transformar la actitud hacia la inversión de toda una generación», cree.
Hoy en día, solo el 17 % de los adultos alemanes posee acciones, en comparación con el 39 % en el Reino Unido y el 62 % en Estados Unidos. Los hogares alemanes, con 9 billones de euros en activos financieros, aún mantienen más de un tercio de sus ahorros en depósitos bancarios de bajo rendimiento.
Los sindicatos, por su parte, denunciaron la medida como una cortina de humo. IG Metall (el sindicato más poderoso de Alemania) la calificó de «peligrosa y desconectada de la realidad», y exigió fortalecer el sistema de reparto en lugar de depender del mercado de valores.
Los economistas también señalan el fracaso de los «Riester-Renten», las pensiones privadas subvencionadas lanzadas en 2002. Presentadas como un complemento al sistema público, ofrecían beneficios fiscales, pero exigían a las aseguradoras garantizar al menos el capital aportado. Como resultado, los productos se volvieron caros, complejos y poco rentables. Muchos asegurados abandonaron el sistema: según estimaciones oficiales, una cuarta parte de los 15 millones de pólizas vendidas están actualmente inactivas.
Sin embargo, Alemania ya destina una cuarta parte de su presupuesto federal —casi 118 000 millones de euros en 2024— a cubrir los déficits de su sistema público. Sin una reforma, la carga aumentará aún más. «No podemos permitirnos el lujo de fracasar esta vez», advierte Ulrike Malmendier.
