Vidas para lelos: León XIV y Trump

El papa León XIV, sumo pontífice De la Iglesia Católica. Foto Vatican Media/Google

Por Óscar Domínguez Giraldo

Para san Agustín, fundador de la orden  a la que pertenece el papa León XIV, primero era la humildad, segundo la humildad y tercero la humildad. León, como le dice el presidente Trump sin que se le ponga fucsia el cabello, visitó recientemente Tagaste e Hipona, las ciudades africanas donde nació (año 354) y fue obispo el enamoradizo vástago de santa Mónica que en sus “Confesiones”  le pedía a Dios: Señor, hazme casto pero no ahora.

Sin ninguna humildad confieso que pensé ser papa para complacer a mi madre. Para lograrlo estudié con los agustinos recoletos de Manizales. Si hubiera seguido la vida religiosa el papa agustino podría ser yo. Me derrotó la “concupiscentia feminarum”. Los votos de pobreza y obediencia que también obligan a los frailes eran pan comido. El propio Agustín la ponía fácil porque decía que la verdadera riqueza no está en tener mucho sino en necesitar poco.

Felizmente, el pontificado quedó en mejores manos que las mías. Sobre todo cuando León XIV decidió poner en su sitio a Trump con verdades de a puño como esta: “El mundo está siendo destruido por unos pocos tiranos y se mantiene en pie gracias a una inmensidad de hermanos y hermanas solidarios”. También les migó a los señores de la guerra que “fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir”. El amigo-examigo del pedófilo Epstein había dicho en  su plataforma Truth Social: “Una civilización entera morirá esta noche para no volver jamás”. Al mundo se le puso la carne de armadillo. Menos mal reculó. (Hace poco le envío al papa al Secretario de Estado, Mario Rubio, para ablandarlo. Sospecho yo).

Seminaristas agustinos recoletos de La Linda, en Manizales, de los que ninguno salió papa. Ese destino se lo dejamos a Leon XIV

Trump le ha migado sin piedad a su paisano. Mintió cuando dijo que “León” le debe su papado. Lo acusa de “ser débil con el crimen… y terrible en política. No quiero un papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear…”. Con la  nueva trinidad integrada por el papa, el primer ministro canadiense Mark Carney y el rey Carlos III, hay guardianes en la heredad. Los tres le han revirado. El monarca lo hizo con exquisito humor británico en sus discursos tanto en la Casa Blanca como en la Cámara de Representantes en los que citó paradojas de Wilde y textos de Dickens que pusieron a reír a la galería. Mundo, no estás solo.

Presidente Trump: hágame un XIV (=catorce): Puede hablar de Vladimir (Putin), Volodímir (Zelenki), Benjamín (Netanyahu), Delcy (Rodríguez) o Gustavo (Petro), sus pares o subalternos, pero al papa, un viento fuerte nacido en Chicago, le dice por su nombre completo: León XIV.

Su graciosa santidad: Dios le guarde sitio a su diestra mano. Ahora, como ese lugar tiene mucho pedido que sea a la izquierda. Dios no tiene presa mala.

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