
Por Óscar Domínguez Giraldo
Soy deudor moroso y amoroso de la Avenida Junín que me deparó a la mujer de todas mis vidas que cumple un año de haber volado con los vientos de agosto al Walhalla de los seres imprescindibles.
Muy emperifolladas, Gloria y su amiga Vicky, olorosas a Chanel, iban a cine doble dominical. He contado con otra piyama que mi amigo Víctor y yo, olorosos a pachulí, más bien desgualetados, jipescos, les picamos arrastre y tuvimos la audacia de coronarles el teléfono.
Miento si digo que ese día “supe que me estaba destinada mejor dicho que yo era el destinado”. El nuestro fue un amor a segunda o tercera vista. Tuve que pelar muchos cocos con la uña antes de que nuestro romance se convirtiera en epístola de Pablo con “saldo” de dos hijos y cuatro nietos.
Valió la pena vivir solo por conocer a Gloria. ¡Cómo no proclamar la felicidad de haber compartido sueños e insomnios con la veneciana hija de Fabiola y Eleázar! Vivo en la soledad de ella en compañía. La sigo sintiendo amorosa, tierna, elegante, inspiradora, trabajadora, sensual, exquisita, sanadora, frágil, libre, progresista, ética, todera, atenta, anfitriona, amable, enérgica, gocetas, soñadora, sexapilosa, francota, experimentada, gloriosa, espiritual, rumbera, querida…

Consejera, comprensiva, sicóloga, maestra, amiga, cómplice, comprensiva, sensible, bailadora, luchadora, pintora, emprendedora, acogedora, dulce, madre, abuela, tía, gourmet, amante, entusiasta, creativa, chef, caritativa, desinteresada, solidaria, compañera, conversadora, lanzada, dinámica, ordenada, práctica, innovadora, íntegra, leal, aguantadora, verraca, viajera, frentera, tolerante, médica, mamagallista, protectora, gurú, cálida, observadora, familiar, fiel, firme, detallista, linda, creyente, respetuosa, encantadora… (Foto)
Me hace falta pero celebro que haya abandonado la pasarela porque la estaba pasando mal. Creí “que le estaba prohibida la muerte”. Al final sentí que se la merecía. Vivió de una vez muchas vidas.
Crece dentro de mí cuando evoco su obra. Hizo las veces de papá y mamá de nuestros críos. Su calidad y talento los desplegó con familiares, amigos y su entorno laboral. Si era necesario, se ahorcaba con su prójimo. Practicó hasta la fatiga el verbo servir, el preferido del emperador Adriano.

En cada mujer que encarnó fue irrepetible. Ser su compañero de viaje 57 años fue un espléndido regalo del Dios que nos rige, del dios de los ateos, de la vida. Estuve muy bien casado. Ella, no mucho. Vivimos tanto tiempo juntos porque “éramos alfiles de distinto color”.
Fue tan espléndida conmigo que la viuda ha debido ser ella, no yo. De regreso a la querencia paisa, compartimos un pacífico ocaso y una creativa vejez ennieteciendo por cuenta de Sofia e Ilona, Mateo y Patrick. Como lo dijo el cura en sus exequias dejó el mundo mejor de lo que lo encontró.
Un personaje de Shakespeare se pregunta ¿qué hay detrás de un nombre? Tus nombres, Gloria Luz, son tu autobiografía en dos palabras. Te ama, tu Negro.

Dejar una contestacion