Un negocio entre dos multinacionales europeas busca debilitar el poderío de Claro en la telefonía móvil de Colombia

Clientes en una tienda de Claro Colombia en Bogotá, Colombia, en abril de 2017. NICOLO FILIPPO ROSSO (BLOOMBERG)

CAMILO SÁNCHEZ

Bogotá – 

Colombia está a la espera de que uno de los mayores negocios en el sector de la telefonía móvil se complete. Se trata del acuerdo cerrado por la multinacional luxemburguesa Millicom (Tigo) para la compra del 67,5% de Movistar Colombia que era propiedad de la española Telefónica, por unos 367 millones de dólares. Una operación con varias consecuencias colaterales. El pacto, aún pendiente de aprobación por parte de las autoridades antimonopolio colombianas, daría luz a un conglomerado con capacidad de reunir hasta un 37% de la participación total en el mercado. Lo anterior supondría un ligero recorte a la primacía de Claro, propiedad del archimillonario mexicano Carlos Slim y dominador del mapa, con un 52,8% de cuota en el sector.

Los expertos aseguran que la fusión reorganizaría el campo de la telefonía móvil en Colombia. El nuevo escenario sería un duopolio. Pero la operación, anunciada desde julio del año pasado, aún enfrenta varios desafíos por resolver. Uno de los principales es si el Estado colombiano aceptará la oferta de Millicom para comprar el 32,49% restante de sus acciones en Coltel, la antigua Telecom y mejor conocida como Movistar Colombia. Esta transacción, tasada en unos 174 millones de dólares, depende de la luz verde del Ministerio de Hacienda y, de sellarse, dejaría a Millicom, de propiedad del magnate francés Xavier Niel desde hace pocos meses, con el control total de la compañía.

Andrés Navarro, académico de la universidad ICESI de Cali, recuerda que la salida de Telefónica es coherente con su estrategia de desinversión en América Latina. Por ello sugiere ampliar el análisis: “Millicom está comprándole el negocio a Movistar en todos los países de la región donde tienen inversión. Un plan que los reguladores de competencia europeos aún están revisando”. Caben pocas dudas de que la eventual partida de Telefónica tendrá un impacto significativo en al menos ocho países de Hispanoamérica. Influirá, además, en la competencia de los operadores y las perspectivas de inversión.

Para el experto, los acuerdos regionales también supondrán un reto importante en términos de infraestructura: “Hay que mirarlo con mucho cuidado, porque la fusión de estas empresas puede llevar a un tema de violación de topes de espectro radioeléctrico en cada uno de los países”. Se podría incurrir, agrega, en un acaparamiento de dichas bandas destinadas a las comunicaciones y que, en el caso colombiano, tienen un techo por cada operador.

Esas frecuencias son de propiedad del Estado. Cada empresa se hace, a través de subastas oficiales, con una cantidad de licencias para operar dichos bloques por un tiempo limitado. “Muy posiblemente tendrán que devolver una parte. Porque, por ejemplo, Movistar tiene banda de 850 MHz, y Tigo no. Tigo tiene de 700 MHz. Deben tomar decisiones porque hoy, con la fusión, estarían violando los topes”.

El economista y experto en mercados digitales Sergio Martínez considera, más allá de estos riesgos técnicos, que el negocio es un cierre decoroso a la etapa española en Colombia. Como contraste recuerda el caso de Perú, donde Telefónica se ha declarado en insolvencia tras una desgastante disputa con el Gobierno. “Hay que reconocer que se han honrado los compromisos con Colombia. Fue un acuerdo en los mejores términos y, a diferencia de lo que ha sucedido en otros sitios, el servicio y la calidad se han mantenido”. A su juicio, ha sido una noticia positiva para un sector golpeado por las paradojas del mundo digital.

Se trata de un mercado condicionado por enormes inversiones en tecnología e infraestructura. Y, sin embargo, las cuentas no cuadran. ¿La razón? Los consumidores tienen tarifas comerciales más y más bajas, además de la multiplicación de aplicaciones y servicios de llamadas gratuitas. “Ante la dificultad evidente que atraviesa el sector TIC, es importante que dos empresas busquen la forma de permanecer en el mercado colombiano. Necesitamos operadores fuertes, que inviertan para garantizar la calidad de servicio para los usuarios”, resume Galé Mallol, presidente de la Asociación Colombiana de las Tecnologías y las Comunicaciones (Asotic).

Martínez incide en la consolidación de “dos bloques dominantes”: “El tercer operador, que es Wom, tiene muchas dificultades. Entonces la noticia no es solo la integración de estas dos empresas europeas, sino que se configura un oligopolio en Colombia”. Una realidad que el académico no juzga negativa. Pero advierte que implica una renovación de las políticas de regulación: “Hay instrumentos para que los dos grandotes no generen pérdida de bienestar, que es lo que a los economistas siempre nos preocupa cuando hay una concentración de mercado”.

El futuro mapa bipolar, indica Martínez, también avivaría la competencia en las regiones. Por ejemplo, en Medellín, la segunda ciudad del país por tamaño, la unión entre Tigo y Movistar traería beneficios hipotéticos: “Se unen mercados complementarios. En la capital de Antioquia Tigo era muy fuerte y Movistar no tanto. Y, al contrario, ocurría en otras zonas donde Telefónica era muy sólida, y Tigo no. Es el caso de Bucaramanga, Cartagena o Barranquilla”.

Por último, vaticina que la posible absorción de Movistar por parte de Millicom podría generar precios más bajos en las tarifas: “En Bogotá, Tigo ya está haciendo una avanzada en redes sociales y medios de comunicación con ofertas de planes muy fuertes. En resumen, desde una perspectiva mundial del sector, esta unión va a dibujar un mercado interesante y con muchos retos”.

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