Por Darío Jaramillo Agudelo
| Felipe García Quintero, Piedra vacía (Universidad de Caldas) Hay un punto de cruce entre el silencio y el lenguaje. A veces la palabra se vacía de sentido y el silencio se colma de expresión. Para mayor confusión, a la hora de distinguir, es necesario hacerlo entre el lenguaje escrito y el verbo oral. Cuando la rima era el tratado de límites entre prosa y poema, otras consideraciones eran un añadido. El verso libre, nunca libre, casi nunca propiamente verso, enfrentó a quien quisiera escribir poemas a unos problemas mucho más sutiles, mucho más difíciles, mucho más traidores. Con palabras, el poema tenía que ser silencioso. Con palabras escritas, el lenguaje tenía que hacer algo más que significar: era necesario el asombro. Todas estas consideraciones, batallas que hoy en día tendrá que librar siempre quien intente el poema, son, además, materia propia de Piedra vacía, el libro de poemas del poeta caucano Felipe García Quintero (1973), libro en el que enfrenta con lucidez, hasta con destreza, esos asuntos mucho más que metafísicos que –además– lo enfrentan con la muerte. Va una muestra. |
| IV Traes un poco de pan y algo de vino para aumentar la vigilia en la noche de tu alma. Al fondo de tus ojos miras las manos que ofrendaron sus huesos para construir la casa y llenarla de palabras. Mientras la escritura en la oscuridad crece con el parpadeo de las llamas, tu corazón calla; su temblor cesa de latir. De pronto ya nadie existe. Estamos solos y solo en ella piensas. Te entregas al vino de la risa y al pan del silencio, y a tus recuerdos: estos pensamientos que inflaman tu lengua y arden como las palabras que te consumen. Y quieres morir, y para eso escribes: Felipe García Quintero IX Todo lo que imperioso el hombre con sus manos junta, el tiempo con su voz dispersa. Ya las palabras sin palabras. Casa de viaje, ligera no andas sino para fundar otro cielo en la caída. Pájaro del polvo el viento. Abismo línea de luz en el horizonte. La muerte en que vuelas: Felipe García Quintero XII Fértil miseria de hombre el que tiene por vid escribir poemas. Quizá lo hace para alcanzar su redención, acaso para curarse del dolor de jugar y no ser por la risa otra vez niño. El mal de la vida que la belleza no cura. Porque sabe que todo intento es inútil. Que al cabo serán vanas sus palabras. Sabe si olvida que el cielo es una mancha, y la fe un pájaro ciego: Felipe García Quintero XIII La lluvia vuelve a tus ojos en la voz de una música incierta. La lluvia interior que acalla las palabras. La vieja amiga de la infancia que entra por el patio de la casa a cualquier hora y te aconseja cambiar de oficio. La lluvia. Sólo pides que llegue y se lo lleve todo. Felipe García Quintero XIV Tal vez, y por fin, estas palabras digan algo. Lejos ya del mundo y de la mano que las traza, pueda estar el camino. Quizá, alguna tarde de otro cielo, estas palabras se levanten y vayan por ahí en paz y sin nombre entre el polvo nuevo. Tal vez, porque no al fin, por su fin, estas palabras digan algo, no pidan nada. Felipe García Quintero |
| POÉTICA VÁLIDA PARA OCASIONES ESPECIALES Pienso en la imposibilidad de escribir. O en la reticencia, resistencia. Pienso en el autosabotaje. Pienso que, teóricamente, no me importa buscar la originalidad, porque no existe. Pienso en animales mitológicos, aunque no existen. Pienso en Dios. Pienso que, teóricamente, robar recursos literarios es estimulante. Pienso que esto ya lo ha dicho alguien. Que lo que estoy a punto, ya. Pienso en lo que he leído como una mano sobre mi mano, curvándome la motricidad hacia caligrafías del pasado. Pienso en movimientos involuntarios. Pienso en la escritura. Pienso en la posesión demoniaca; aunque los demonios; aunque las almas. Pienso en mis referentes literarios, me comparo. Pienso que aquí ya les he robado a dos autores, por lo menos. Pienso en robos legales, como este. No pienso en robos ilegales. Ahora sí. Ahora no. Pienso en si es conveniente escribir los nombres de esos autores. La última vez que me comparé en mis influencias literarias, el profesor de la universidad me llamó “egocéntrico, arrogante, pretencioso” en medio de la clase… y me dieron ganas de llorar. Pienso en la originalidad como fuente y como obstáculo. Pienso que la originalidad es como descubrir un dragón en ese siglo. Amarrarlo, doparlo, extraer la genética fosforescente de su carne. Pienso en laboratorios y jeringas. Pienso que el dragón morirá tendido sobre una mesa de metal. Y será culpa del gobierno. Pienso que no quiero pensar en este asunto. Que estoy cansado de querer ser original, aunque no admita que trato de ser original. Pienso que no quiero pensar en absoluto, pero la cara de él se me aparece, y no sé si su cara es un pensamiento. Un sol crece en la habitación oscura de mi cabeza, y tiene su rostro. Sus ojos, sus labios, su nombre. Pienso en que no he sido correspondido ni he podido corresponder. También en que no es momento de pisar el terreno humillante de mi amor: estoy escribiendo otra cosa. Pienso que últimamente invento excusas para no escribir. Pienso en la vida. En que para mi hoja de vida está muy bien esta beca de escritura. Pienso que no había mencionado que estoy disfrutando de una beca de escritura, debí haberlo incrustado antes. Y todavía podría hacerlo, varios renglones más arriba, pero no quiero. Quiero parecer irreverente. Quiero que creas que escribo bien, que soy muy consciente de mi texto, y que por eso puedo ser, en efecto, irreverente. Pienso que en una beca la escritura es una responsabilidad. Pienso que la escritura como proyecto creativo propuesto por una institución es inofensiva. Pienso que mi escritura, antes, era una fuga. Pienso en la fuga. El silbido generoso en una esquina de la casa. Pienso en el metano y su crecimiento sigiloso, insidioso. Pienso en el instante y el error. Pienso en el fósforo. Ahora, en lo siguiente. La casa entera alumbrando. Pienso en la fufa en una hora es un experimento controlado. Pienso en una vitrina y en lo que hay en la vitrina. Me pienso. Se asoman por las ventanas de mi cráneo y quieren chulear lista de progreso. Pero el libro que escribo retrocede. Cada día amputo versos como arranco vellos de mi cuerpo. Escribir para mí es como andar para atrás. Imagino cosas que quiero escribir. Mi imaginación me rebasa. Es un atleta más rápido que yo y se pierde en el horizonte de la calle. Cómo no sería más rápido que yo, si sigo caminando para atrás. Pienso que eso es la escritura. El sonido de unos pasos alejándose. Sebastián Martínez Vanegas |
| YOLANDA Invasora, estás en cada letra del libro que leo y eres el libro. Estás en cada chica que deseo. En cada mirada estás y entonces en cada flor. Estás en las nubes, eres agua y trueno y en las montañas y en los ríos estás… Eres mi país. Estás en el desbocado agite de todo amar, en cada perfume y en todos los aromas… En todos los sabores estás. Toco mi cuerpo y estás, y en los elementos y en sus estados estás. Llenas todos los espacios y ocupas todo tiempo, en cada acción y en cada sueño estás aún en la noche, en cada sombra estás. No busco ni pretendo tregua: Mantén el cerco. Luis Guillermo Ángel Correa FUGA Anoche apenas, el frenesí. Amanece y es ya lejano nuestro gozo. Tu ausencia arde cada instante; nuestro deleite, ahora fuga, es un vaho el recuerdo. Quédate: sumaremos noches. Serán ardientes los amores, continuos los recuerdos, lejanos los amaneceres. Luis Guillermo Ángel Correa PRESO ESTOY Canto a canto, construyo la cárcel de mi dolor y mis ayes. Como tú, con un sueño, fue en Memphis, Martin Luther. Son sólidos sus cimientos, la argamasa con lágrimas, las paredes de guijarros pintados con cal viva, blancas como los hospitales. Su abarrotada ventana mira al Mississippi, hecho de agua como mis ojos. Encadenado, cumplo cadena perpetua. Mido el tiempo, cada día un eslabón. Amada, también te sé presa, es salobre tu bálsamo. Muy lejana escucho una guitarra; son gemidos tus tonadas, Elvis. Seco mi llanto con tus manos, Venus de Milo. Luis Guillermo Ángel Correa |
| Diccionadario |
| «Enmudeció por desconfianza a los adjetivos». Elias Canetti Tomado de Diccionadario (Pre-Textos): Pampiro: chupasangre de la pampa. Lunicornio: animal mítico con cuerno de roca lunar. Deformina: efecto como el de la morfina, pero peor. ![]() |
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