Sherazada juega ajedrez

Chess.com

Por Óscar Domínguez Giraldo

Es de los que nacen y mueren diariamente por el ajedrez. Esta audacia se llama Humberto Vallejo Velásquez, HVV.  Levita con el juego que le lleva un semestre a cualquier solar del barrio La América, de Medellín, donde nació hace miles de jaques y mates.

La última vez me lo topé en el anárquico Parque de Bolívar que ha sido tomado por malandros cuidados por un CAI. Andaba con cara de Subuso, flaco, erguido. De reencarnar en una pieza del ajedrez escogería el alfil del que es una especie de altiva réplica. HVV tiene cara de no haber perdido la  virginidad. (Una mesera dice que para cogerle un polvo a Humberto habría qué cremarlo).

Cuando lo abordé llevaba un tablero de ajedrez plegable debajo del sobaco.  Iba camino de su hábitat en el centro de Medellín: el club Los Peones. Cuando está cerrado el lugar, pierde el rumbo. El club queda en un segundo piso, sin ascensor. Si el caminante de Junín con Maracaibo aguza el oído, oirá el ruido de las piezas de ajedrez moverse dentro del tablero.

Los Peones  reemplazaron al Club  Maracaibo desde cuando dejó de existir en su vieja sede. Ahora funciona en el pasaje La Bastilla.  HVV prefiere ahorrarse el lujo de la sonrisa porque el palo de su economía nunca está para cucharas.  Hizo primaria,  bachillerato y universidad en el Maracaibo de Arcadio Zuluaga. Desde entonces, el juego se convirtió en su modus “comiendi” y “vivendi”.

Pensándolo bien

Con las blancas, Humberto Vallejo siempre juega la apertura peón rey. Con las negras, repite la defensa Alekine. Es devoto de Bobby Fischer y Carlos Cuartas. En la foto en su sancta sanctorum del club Los Peones cuyo dueño, Gustavo Echavarría, jamás le ganó. Primero falta el puntico sobre la i, que HVV deje de frecuentar su hogar, “ágora o garito” de Los Peones. (odg)

Enfrenta “marranos”, les da gabelas como alguna pieza, o tiempo, que en ajedrez es oro en lingotes. Cuando gana sabe que podrá pagar esa noche su fugaz habitación donde siempre faltará ternura de mujer. Rey del rebusque, vende cachivaches ajedrecísticos. Pregúntele a Humberto por lo que no vea relacionado con el jurásico juego. Siempre encuentra una mano samaritana que lo invita siquiera a uno de los tres golpes diarios. De pronto aparecen mecenas que le financian su espléndida  soledad por unos días. De resto queda por cuenta de la samaritana Caissa que jamás lo abandona… del todo.

Lo conoce el mundillo blanco y negro del ajedrez paisa. El maestro Emilio Caro destaca el gran nivel que tuvo Vallejo en sus mocedades pero anota que tuvo la mala suerte de brillar en tiempos de Cuartas, de Greiff, Óscar Castro y él mismo. Le pasó lo que a esos escritores que escriben en tiempos de algún Nobel: Su talento nunca se venderá pirateado en el semáforo.

Presidente vitalicio de su club de fans es Jorge Hernández V., vicepresidente indiscutido quien garrapatea estas líneas, secretario perpetuo, Óscar Galeano, dueño de un completísimo blog de ajedrez.

Su vida es un milagro de la supervivencia. Vive en eterno zugzwang, una instancia del ajedrez en la que quien mueve las piezas pierde juegue lo que juegue. Lo de Vallejo es zugzwang al revés porque siempre le gana la partida a la precaria vida que le tocó batutear. Algo tiene de Sherazada  que con sus  historias se ganaba inmortalidad por las próximas 24 horas… Solo que Vallejo no cuenta historias, da mates.

Sobre Revista Corrientes 5473 artículos
Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com