
El anuncio, aún impreciso, de una vacuna exitosa contra el melanoma supone un hito en la carrera para frenar esta enfermedad
Editorial
Las vacunas se han convertido en la nueva gran esperanza contra el cáncer, una enfermedad que mata cada año a 10 millones de personas en todo el mundo. Solo en España, se esperan más de 300.000 diagnósticos este año. La posibilidad de una vacuna para los futuros pacientes ha aparecido en el horizonte tras el éxito anunciado por los laboratorios farmacéuticos Moderna y Merck (MSD en España) para su vacuna contra el melanoma.
Los científicos llevaban años persiguiendo este santo grial de la biomedicina con escasos avances, pero en los últimos años se han recibido buenas noticias, en buena medida gracias a la tecnología del ARN mensajero (ARNm). Esa técnica diseñada por Moderna contra el cáncer de piel se puede aprovechar para teledirigirla contra otros tipos de tumores. La compañía se disparó en Bolsa tras el anuncio.
Se trata de un nuevo éxito de la ciencia básica: en la década de 1990, Katalin Karikó y Drew Weissman plantearon la idea de utilizar el ARNm para curar enfermedades. El hallazgo les valió el Nobel de Medicina en 2023 cuando a partir de su idea se desarrollaron las vacunas que frenaron la pandemia de la covid. Ahora, este descubrimiento puede ser también el gran aliado del siglo XXI contra el cáncer.
Antes de soñar con una vacuna que nos inmunice, como sucede con enfermedades infecciosas, conviene acotar la verdadera dimensión de este éxito. Lo que se ha conseguido es frenar o retrasar significativamente el riesgo de recaída y metástasis entre pacientes curados de un melanoma. A esas personas se les extirpó el tumor y se estudiaron sus células para encontrar los rasgos únicos que las definen, los neoantígenos.
Así es como se diseña la vacuna: indicándole al sistema inmune que actúe contra las células que tengan esos rasgos. La vacuna se debe combinar con una inmunoterapia, que es la que permite que el organismo actúe con contundencia contra sus propias células, aunque mutadas. En términos más gráficos: la vacuna de ARNm le muestra al perro de caza del sistema inmunitario el olor exacto que debe rastrear; y la inmunoterapia suelta la correa que le impedía perseguir a las células tumorales.
Por eso, el verdadero avance no es que se haya inventado una “vacuna contra el cáncer”, sino que la oncología está aprendiendo a convertir cada tumor en un manual de instrucciones para que el sistema inmunitario persiga sus propias células enfermas. Hay en marcha docenas de ensayos clínicos en los que se usa este mismo abordaje contra otros cánceres, como los de pulmón y páncreas. Aunque no se puede descartar que llegue en un futuro lejano, lo que se busca ahora no es una única vacuna contra todos los cánceres, sino que todos los cánceres lleguen a tener una vacuna para evitar que se repliquen y maten al paciente.
El éxito del anuncio de Moderna y MSD está precisamente en su escala. La mayoría de los ensayos publicados hasta ahora son en fases previas, con un puñado de pacientes, pero esta vacuna del melanoma se probó en 1.137 personas, algunas de ellas atendidas en seis hospitales españoles. Son casi mil personas más que los 157 pacientes de la fase anterior del ensayo, la única de la que hay datos publicados. Este es el problema por ahora del anuncio: que apenas es una nota de prensa de las compañías, no un estudio científico con los detalles que nos permitan comprender con precisión la magnitud del beneficio, qué tipo de pacientes se aprovecharon mejor del tratamiento y qué papel podrá desempeñar dentro de la respuesta clínica habitual del melanoma. De esos detalles depende el nivel de esperanza.

Dejar una contestacion