QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA
por Efraim Osorio López
eolo1056@yahoo.com
La precisión en la expresión de las ideas o conceptos hace inteligible la redacción.
Aunque muy parecidos, los sustantivos ‘indignidad’ e ‘indignación’ son diferentes. Después de analizar los efectos desastrosos de la fracasada ‘Paz total’ de Petro, el columnista presbítero Luis Felipe Gómez Restrepo comenta: “La indignidad ciudadana, entonces, no es un exceso emocional (…) y esa indignidad pide algo concreto…” (LA PATRIA, 3/5/2026). Lógicamente, el columnista quiso expresar la idea de ‘indignación’, palabra que viene del latín ‘indignatio-onis’ (‘ira, enojo, enfado, cólera’) y significa “enfado violento provocado en alguien por una acción injusta o reprobable” (M. Moliner), como los actos terroristas de los últimos días. En cambio, ‘indignidad’, también del latín ‘indignitas-tatis’ (‘humillación, bajeza, ruindad’) quiere decir ‘falta de dignidad’ (‘excelencia, realce, decoro, seriedad’); también “canallada o mala acción cometida contra alguien” (Ibídem). La precisión en la expresión de las ideas o conceptos hace inteligible la redacción. ***
Las comas del caso vocativo, insisto, no son opcionales. Son obligatorias y necesarias para expresar adecuadamente la idea del redactor. Ejemplo clarísimo de esto, el siguiente titulare de un editorial de Eje 21 y el nombre de un movimiento de periodistas: “Yo te creo colega” (6/5/2026). Redactado así, sin la coma, el titular quiere decir que ‘considero que eres mi colega’, es decir, que creo que lo eres. Con la coma, “yo te creo, colega”, le dice que ‘cree en sus palabras, afirmaciones o acusaciones’, que es la idea que el redactor quiso expresar. La omisión de esta coma es muy frecuente, inclusive en textos que, por su procedencia, debieron ser sometidos a muchas revisiones, como los de alguna publicidad, y, puntualmente, del nombre de ese movimiento. ¿Nadie vio la necesidad de esa coma? ¡Mala señal, muy mala! La casticidad de nuestro lenguaje no tiene dolientes. ***
Aunque los pronunciamos de la misma manera, son muy distintos los verbos ‘encausar’ y ‘encauzar’. El columnista de Eje 21 Alberto Zuluaga Trujillo finaliza su artículo de esta manera: “…y se animen a votar por quien representa la esperanza de una Colombia urgida de una verdadera paz, que encause el real progreso con justicia social y pleno empleo” (4/5/2026). Castizamente, “…que encauce el real progreso…”, vale decir, ‘que lo ponga en el camino de la justicia social y el pleno empleo’. Además de ‘abrir cauces para corrientes’, el verbo encauzar significa ‘dirigir a alguien o algo por el buen camino’, y tiene como sinónimos ‘educar, enseñar’. Este verbo, como todos los que tienen la zeta radical (‘izar, alcanzar, alzar’), cambia esta consonante por ‘ce’ en las inflexiones que terminan en la vocal cerrada ‘e’. Dicho cambio se da en la primera persona del singular del pretérito de indicativo: ‘encaucé’; en el presente de subjuntivo: ‘encauce, encauces, encauce; encaucemos, encaucéis, encaucen’, y en el imperativo: ‘encauce, encaucemos, encaucen’. Y el verbo ‘encausar’, que se conjuga de la misma manera aunque sin cambios, significa ‘llevar a alguien ante los tribunales de justicia, procesarlo’. ***
Es usual entre los redactores el empleo del verbo ‘requerir’ –y de ‘necesitar’– con la preposición ‘de’ para su complemento directo, como en el siguiente ejemplo: “…el país necesita mano firme ya; que requiere de acciones concretas inmediatas para controlar los desafueros zurdos que a diario nos atropellan” (Eje 21, Jorge Enrique Pava Quiceno, 8/5/2026). Simplemente, “…que requiere acciones…”, es decir, ‘que pide acciones’. Hay una excepción en el dicho ‘requerir de amores’, que significa ‘solicitar el amor de una mujer’. En algunas oraciones, la preposición ‘de’ introduce un complemento circunstancial de procedencia, verbigracia, ‘Colombia requiere de sus ciudadanos lealtad y compromiso’. En ésta, el complemento directo es ‘lealtad y compromiso’; el circunstancial, ‘de sus ciudadanos’. Elemental.

Imagen Colombia.com
El verbo haber hace que solo se conjugue en plural cuando es auxiliar de otro verbo.
FERNANDO ÁVILA (q.e.p.d.) | (El Tiempo)
Cita: “Aguas de Bogotá asegura que las puede utilizar para puntos críticos donde hayan residuos voluminosos”.
Comentario: El régimen especial del verbo haber hace que solo se conjugue en plural cuando es auxiliar de otro verbo, “cuando hayan llegado”, “si hubieran venido”, “habrían entrado”, “habrán delegado”, “han terminado”.
Cuando no es auxiliar, sino que se usa con el sentido de ‘existir’, el verbo haber siempre va en singular, “había un problema” y “había muchos problemas” (no “habían”), “donde haya un residuo” y “donde haya residuos” (no “donde hayan”).
Esta norma se extiende a las frases en las que el verbo haber tiene otro verbo como auxiliar, “suele haber un policía” y “suele haber diez policías” (no “suelen haber”), “tiene que haber una solución” y “tiene que haber soluciones” (no “tienen que haber”).
En esa línea, es bueno aclarar también que habemos no existe, “habemos cuatro”, pues la inflexión verbal correcta es hemos, “hemos dicho”, “hemos triunfado”. Sin embargo, la corrección de “habemos cuatro” no es “hemos cuatro”, pues, como queda dicho, las formas plurales de este verbo solo se usan como auxiliares de otros verbos. Así las cosas, lo más indicado es decir “hay cuatro”, y si el hablante precisa incluirse tendrá que cambiar de verbo, “estamos cuatro”, “llegamos cuatro”, “quedamos cuatro”…, según corresponda. Lo que gritan en Roma, cuando sale humo blanco de la Capilla Sixtina es “Habemus papam!”, en latín; no “habemos”.
En cambio, sí existe hubieron, contra todo lo que han dicho profesores y correctores, solo que en nuestro país y en nuestra época no se usa. El ejemplo que da la Academia es: “Apenas hubieron traspasado el umbral, la puerta se cerró de golpe”, que hoy se diría “Apenas traspasaron el umbral, la puerta se cerró de golpe”. Lo que a todas luces está fuera de lugar es “hubieron muchos pacientes”, “hubieron tres ganadores”…
En cuanto a haiga, inflexión burda o rupestre para frases como “cuando haiga tiempo”, es claro que se trata de una errónea deformación de haya, “cuando haya tiempo”, pero una curiosidad de la lengua es que el sustantivo haiga sí existe y figura muy orondo en el Diccionario de la lengua española, 2014, para diversión de tomapelistas. Se trata de una forma coloquial e irónica usada hace años en España para referirse a ‘un automóvil muy grande y ostentoso, normalmente de origen norteamericano’: “¡Mirad el haiga que se ha conseguido Paco!”.
Las locuciones “ha lugar” y “no ha lugar”, que dicen los jueces en las cortes gringas de las películas de Hollywood, se construyen con una inflexión del verbo haber, que es ese ha, equivalente a hay (‘hay lugar’).
EN POCAS PALABRAS
Es mucho más fácil quedar bien como amante que como marido; porque es mucho más fácil ser oportuno e ingenioso de vez en cuando que todos los días. (¿?).
Hay quienes atribuyen siempre un significado social a mi obra. No lo tiene. Dejo esos temas para la plataforma de los discursos. Entretener es mi primera preocupación (Charles Chaplin).
No hay que pactar nunca con el error, aún cuando se vea sostenido por textos sagrados. (Gandhi)
Una bella ancianidad es, ordinariamente, la recompensa de una bella vida. (Pitágoras)

Mamá Eva
En reciprocidad con Efraim Osorio López y sus Quisquillas, el periodista Óscar Domínguez rinde homenaje a las madres.
Por Óscar Domínguez Giraldo
Ante todo, mamá se escribe con eme que es la letra o el esperanto de la ternura. Quizás por eso mamá arranca con eme en varios idiomas. Es mae en portugués; mère, en francés; mother, en inglés. “Mutter” , grita el alemán cuando lo muerde un perro. “Mamma mia”, dicen los italianos cuando la lasagna está rica. “Mi mamá me mima”, es una de las primeras frases que aprendimos a escribir de la mano de “La Alegría de leer”.
“¡Mamá!”, grita el bobo sapiens en plena calle cuando la vida le pone alguna zancadilla existencial. La mamá también es papá (Krammer vs. Krammer), maestra, amiga, cómplice, amante, sicóloga, siquiatra, plomera, electricista, doctora corazón, médica, financista, enfermera. Todo por el mismo sueldo: ninguno.
Como ama de casa es una ejecutiva que realiza todos los oficios domésticos. Y no cobra. Una mamá tiene el estado físico de un atleta del decatlón. Las mamás están hechas de un “metal” que no se vende ni en la tienda de la esquina. Plagio mal a Shakespeare para decir que la mamá está hecha de la misma tela de nuestros sueños.
Las mamás se tutean con Dios y son amigas personales de la mitad más uno del santoral. Ellas mismas son santas clandestinas que no cuentan con el visto bueno del Vaticano. Las mamás van directo al cielo sin pasar por el Mar Caribe del purgatorio.
“En la maternidad, la mujer deja su cuerpo a su hijo, a sus hijos. Están sobre ella como sobre un colina”, escribió la francesa Margarita Duras. Y agregó: “La comen, tamborilean sobre ella, duermen sobre ella y ella se deja devorar. Duerme a veces mientras están sobre su cuerpo”.
Según José Asunción Silva, en la mesa de soltera de las bellas se puede ver “un vaso raro y frágil, do expiran unas flores; el iris de un diamante, la sangre de un rubí”. De casada, en la mesa de noche de la mamá aparecen “un libro de oraciones, dos cucharas dulceras, un reverbero viejo, y un chupo y un pañal”.
Según el libro “Casa de Estrellas”, de Javier Naranjo, editado por la Universidad de Antioquia, Ana Milena Hurtado, de cinco años, definió así a su mami: “La madre es la piel de uno”. Para Yamile Gaviria, siete años: “Es para mi un corazón, es una tierra para mi”. Y para John Freddy Agudelo, seis años: “Es como una bicicleta, cuando se desocupa juega con el perro”.
A las tres de la mañana, una mamá reciente puede recibir un codazo de su marido somnoliento que le dice: “Mija, se despertó el niño”. O: “Mija, ¿tienes un Advil a la mano?”. Y el salvaje sigue roncando.
Una mamá actúa sin cobrar intereses. Su mano izquierda ignora lo que hace su mano derecha. La mamá resiste el uso y el abuso. Es un ser de lavar y planchar. Felices los árbitros que tienen 90 minutos para que les recuerden a su mamacita. La mamá es el ángel de la guarda suplente de todos nosotros.
Una mamá arregla la casa, pone orden en la cocina, se agacha 70 veces siete, se enfrenta a las telarañas, distrae a los ladrones. Está pendiente de que su infiel marido no salga a la calle con un botón fuera de lugar. Es una especialista en repicar y andar en la procesión.
La mamá puede ser suegra complicada o abuela pacífica. ¿Quién no ha sentido que cuando se cierra la puerta de su casa le llueve enseguida una bendición echada a mansalva y con los ojos cerrados para que le vaya bien?
Una mamá no se enferma de lo que quiere si no de lo que puede. Siempre saca tiempo para seguir siendo femenina, delicada, dulce y comprensiva. Y para plagiarle un verso a otro poeta: “Las mamás no mueren. Quedan encantadas”.

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