
Daniel Coronell
Todo puede cambiar esta semana. Es posible que el escenario de favoritos que parecía consolidado hace unos días se altere con el resultado de las consultas de hoy. Si, al menos, el 40 por ciento de los votantes decide usar el tarjetón de consultas presidenciales, en 24 horas tendremos una historia nueva para contar.
Los dos candidatos que lideran las previsiones, Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, les han ordenado a sus electores que no voten en esos procesos y se limiten a sufragar por Senado y Cámara. Sin embargo, casi todas las encuestas muestran que la desobediencia será grande. Invamer concluye que el 66 por ciento de los votantes usará el tarjetón de consultas; el Centro Nacional de Consultoría anticipa que lo hará el 35 por ciento.
Si es así, sobre una votación estimada de 20 millones de ciudadanos, entre siete y trece millones marcarán su preferencia en alguna de las consultas. Una expresión de esa magnitud no puede ser ignorada.
Las tres consultas impactarán el panorama general y la primera vuelta.
Empecemos por la llamada Gran Consulta, la de Paloma Valencia y los otros ocho candidatos que se prestaron para vestir de centro al uribismo. El eventual triunfo de Paloma pondrá en aprietos la viabilidad de Abelardo de la Espriella. Una victoria holgada de ella sobre sus mansos contendores –y millones de votos probados– convertirá a la senadora en la voz legítima de la derecha.
Si su éxito, además, está acompañado de un aumento del número actual de senadores de su partido, Centro Democrático, tendrá un mandato contundente para encabezar la aspiración más opcionada por ese sector. Una situación que podría ser aún más dramática si una, o quizás las dos listas al Senado apoyadas por Abelardo de la Espriella se hunden sin alcanzar el umbral.
El doble triunfo sería exclusivamente del expresidente Álvaro Uribe, quien quedaría con todas las cartas en la mano para presentar a su candidata como moderada –en comparación con su otro candidato– y salir a buscar los votos del centro. Esa tarea le resultaría especialmente sencilla si, como es previsible, Juan Daniel Oviedo obtiene una votación considerable y acepta ser el compañero de fórmula de Paloma. El plazo para hacer ese anuncio termina el próximo viernes 13 de marzo.
Un resultado así también tendría consecuencias sobre las posibilidades de Iván Cepeda. Para él no hay mejor contendor que Abelardo de la Espriella. El discurso intolerante y vengativo del autodenominado tigre, sumado al agotamiento de su propaganda, de tanto bailecito y ropa apretada, lo hacen un rival fácil de vencer. En cambio, Paloma, a quien presentan como moderada y razonable –a pesar de su vergonzosa proclama “Uribe es mi papá”–, podría persuadir a sectores que jamás votarían por De la Espriella.
Ahí no terminan los posibles impactos de las consultas, tan menospreciadas hasta hace poco.
La llamada Consulta de las Soluciones, que ganará la exalcaldesa Claudia López, se volverá relevante si pasa de dos millones de votos. Un resultado así le devolvería un papel determinante al centro y, tal vez, podría fortalecer una alternativa que hoy se siente perdida. La viabilidad es escasa pero no imposible, sobre todo si de aquí al próximo viernes, ella y Sergio Fajardo son capaces de ponerse de acuerdo en una fórmula y recogen unos sectores que no se identifican ni con Petro ni con Uribe.
En una elección de primera vuelta con la derecha dividida, una candidatura de centro podría terminar colándose a la segunda, con lo cual el panorama sería completamente diferente. Aún si esa probabilidad –bastante complicada– no se diera, el centro sería la fuerza decisiva entre la primera y la segunda vuelta, con lo cual crecería su posibilidad de influir en temas sustanciales del próximo gobierno, a través de una coalición necesaria.
La tercera consulta, llamada del Frente por la Vida, solo tendría consecuencias importantes si se dan dos condiciones que las encuestas –por lo menos las conocidas– no dan como probables: que consiga más de tres millones de votos y que el ganador sea Roy Barreras.
Para algunos, el voto de Roy, predominantemente de maquinarias, no se refleja en las encuestas y podría dar una sorpresa hoy. Si así fuera –y es bastante improbable– la centro izquierda podría llegar dividida a la primera vuelta, abriéndole el camino a la derecha.
Cualquiera de las variables anteriores reorganizará el panorama binario que algunos sentían, y deseaban, consolidado. Lo cierto es que nada está escrito aún y, dentro de unas semanas, Colombia podría tener cuatro candidatos con opciones reales de ganar.
