Los Danieles. El inflador

Daniel Coronell

El único responsable de que Abelardo de la Espriella no esté bajando más en las encuestas es el presidente Gustavo Petro. Aunque parezca increíble, el mandatario ha impulsado la aspiración del candidato más caracterizado de la extrema derecha, victimizándolo y elevando su nivel de interlocución hasta convertirlo en su contraparte.

Petro sabe de política y conoce las consecuencias de usar su reflector para iluminar a un aspirante. No creo que lo haya hecho por ingenuidad, sino porque deliberadamente quiere crecerlo. Tal vez porque considera que es un contendor más fácil para Iván Cepeda en la segunda vuelta.

El director de Cambio, Federico Gómez Lara, hizo un revelador ejercicio usando herramientas de inteligencia artificial. Cruzó las encuestas de intención de voto con las menciones del presidente Gustavo Petro de contradictores en sus discursos o en su cuenta de X. 

El resultado es asombroso. Por ejemplo, la hoy excandidata Vicky Dávila empezó a existir políticamente no por sus publicaciones, sino por los ataques de Petro. Las menciones que hizo de ella, la mayor parte descalificatorias, impulsaron su nombre hasta darle temporalmente viabilidad a su candidatura. 

El primer espaldarazo, al revés, se lo dio el presidente a Vicky Dávila el 1 de noviembre de 2024. Se refirió a ella, despectivamente, como “la señora de la revista”. Después de esa alusión, Vicky marcó, por primera vez, con doble dígito en una encuesta. En la medición de la semana siguiente, hecha por el Centro Nacional de Consultoría, la candidata registró 11,4 por ciento de la intención de voto.

El 5 de marzo de 2025, le volvió a dar un empujoncito hostil. En un trino la llamó “Experiodista y ahora frentera dirigente de la extrema derecha”. Nuevamente, la aguja marcó hacia arriba: 13,5 por ciento de la intención de voto. Cada vez que la atacó, la ayudó a subir.

Cuando dejó de mencionarla, los números de Vicky empezaron a bajar y terminó naufragando en la irrelevancia.

La campaña política, desde luego, tiene más variables que las intervenciones de Petro, pero las coincidencias entre sus mensajes y las variaciones en la intención de voto son innegables.

Algo similar, aunque con menos intensidad, ha venido ocurriendo con la aspiración de Abelardo de la Espriella. De acuerdo con las encuestas publicadas, esa candidatura tuvo su cúspide en diciembre del año pasado. 

Desde enero, empezó a bajar en todas las mediciones y, probablemente, así habría seguido si el presidente no le hubiera lanzado un salvavidas al revés, con un mensaje donde tácitamtente afima que De la Espiella ha sido objeto de interceptaciones: “informes hechos desde inteligencia de conversaciones entre los hermanos Bautista y De la Espriella intercambiando la devolución del contrato de pasaportes a sus manos, y la promesa, a cambio, de ciertos algoritmos que le aseguren la presidencia a De la Espriella”.

Al candidato le cayó del cielo la alusión. Recuperó protagonismo. Ganó espacio en medios y redes. Pudo victimizarse y situarse otra vez como el más claro antipetro. 

Llevo una semana buscando una pista sobre la presunta conversación entre los directivos de Thomas Greg and Sons y De la Espriella. No he encontrado nada. No hay una fuente seria, en ningún organismo de investigación, que corrobore la versión del mandatario. 

Por eso, creo que fue solamente un rumor inflado con propósito político. En mi opinión, el presidente quería volver mártir e interlocutor suyo a quien ya empezaba a salir de la escena.

En seis semanas sabremos si el presunto cálculo de Gustavo Petro dio resultado o no. 

Hay quienes creen que, en segunda vuelta, Paloma Valencia sería una contendora más difícil para Iván Cepeda, porque conservaría el apoyo de la derecha y tendría mayores oportunidades de conseguir votos de centro. Quizás el presidente Petro es partidario de esa teoría. 

No estoy seguro de eso. 

Pienso que el empeño de la gente de Iván Cepeda en concentrarse exclusivamente en los votos de izquierda y en el llamado “fervor popular” puede ocasionar que el centro incline la balanza en su contra. Los más antipetristas se pueden ir con cualquier candidato que se le oponga, incluyendo a De la Espriella, y los menos simplemente podrían abstenerse de votar o hacerlo en blanco.

Las jugadas a tres bandas en la política suelen salir al revés. Recuerden lo que le pasó a Juan Manuel Santos con el innecesario plebiscito por la paz o, más recientemente, a Roy Barreras con su consulta.

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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