Elucubraciones. Influencers vs. Periodistas en la Era Digital.

El "influencers" usa su visión y versión personal de un hecho. El periodista verifica y confirma cómo se produjo el hecho. Foto eluniverso.com

Por: Eduardo Aristizábal Peláez

En el ecosistema comunicativo actual, los influencers han adquirido un papel protagónico gracias a su enorme alcance en redes sociales y su capacidad para conectar con audiencias diversas. Sin embargo, es importante subrayar que, aunque pueden ser considerados comunicadores, no cumplen la función de periodistas en el sentido estricto del término. Su propósito principal suele estar orientado hacia la promoción de productos, servicios o estilos de vida, más que hacia la investigación rigurosa o la búsqueda de la verdad.

Un influencer de moda, por ejemplo, puede mostrar un estilo de vida aspiracional y compartir recomendaciones basadas en su experiencia personal. No obstante, no tiene la obligación de verificar la información que transmite. En contraste, el periodista está sujeto a un código ético que exige precisión, objetividad y responsabilidad. Cuando un periodista cubre una crisis humanitaria, debe contrastar fuentes, verificar datos y ofrecer un relato fiel de la realidad, incluso en contextos complejos y sensibles.

Los influencers construyen su narrativa a partir de su vida cotidiana, experiencias personales y acuerdos comerciales. Pueden recibir productos de marcas y compartir opiniones sobre ellos, pero este proceso carece del rigor metodológico que caracteriza al periodismo. Un periodista que investiga un escándalo político, por ejemplo, no se limita a rumores: consulta documentos oficiales, entrevista a fuentes diversas y contrasta testimonios para ofrecer un panorama veraz.

Este contraste genera un riesgo evidente: la popularidad de los influencers puede derivar en desinformación. Sus seguidores, al confiar en ellos, pueden asumir sus opiniones como hechos. Un caso ilustrativo sería el de un influencer que promociona un suplemento de salud sin respaldo científico, lo que podría inducir a decisiones erróneas con consecuencias reales para la salud de sus seguidores.

La frontera entre contenido informativo y contenido publicitario se ha vuelto cada vez más difusa. Aunque algunas plataformas han implementado etiquetas para señalar publicaciones patrocinadas, no todos los influencers las utilizan de manera consistente, lo que incrementa la confusión del público respecto a la credibilidad de la información.

Por su parte, los periodistas también han adoptado las redes sociales como herramientas para ampliar su alcance y conectar con audiencias jóvenes. Sin embargo, lo hacen manteniendo intactos los principios de veracidad, ética y responsabilidad social, que son la base de su profesión. Mientras un influencer puede abordar temas legales o sociales desde una perspectiva personal o comercial, el periodista lo hace desde la rigurosidad informativa, con el objetivo de fomentar la comprensión y el debate público fundamentado.

En una sociedad democrática, el rol del periodismo es irremplazable. Aunque los influencers pueden moldear opiniones y tendencias, no sustituyen la función crítica de los periodistas: informar con precisión, dar voz a las fuentes y contribuir a la construcción de una ciudadanía consciente. Los periodistas no buscan protagonismo; su papel es ser mediadores entre la realidad y el público, donde las figuras centrales son las fuentes y los hechos, no ellos mismos.

En resumen: los influencers son figuras de gran impacto cultural y social, pero su rol está más ligado al entretenimiento y la persuasión, mientras que el periodismo se fundamenta en la investigación, la veracidad y la ética profesional. Ambos conviven en la era digital, pero es esencial que los consumidores de información aprendan a distinguir entre estos dos perfiles para evitar caer en la desinformación.

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