El discurso que Joe Biden nunca quiso dar

El presidente Joe Biden agradeciendo a la multitud en la Convención Nacional Demócrata en el United Center de Chicago. Foto Eric Lee/The New York Times

Por Peter Baker

Reportando desde el United Center en Chicago

20 de agosto de 2024

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Cuando las personas que estaban en el United Center corearon por primera vez la consigna “¡Gracias, Joe! Gracias, Joe!” el lunes por la noche, el presidente Joe Biden bajó la mirada, contuvo las lágrimas y lució conmovido.

Pero lo sabía. Es posible que no quisiera admitirlo, pero lo sabía. Sí, le estaban dando las gracias por lo que había logrado durante toda una vida de servicio público. Pero también le daban las gracias, seamos sinceros, por no volver a postularse.

Es difícil pensar en un momento más agridulce para un presidente que pasó más de medio siglo en el escenario solo para que ahora le mostraran, sin haberlo pedido, la salida. La cálida lluvia de afecto que recibió en Chicago, por muy real que haya sido, no fue suficiente para aliviar del todo las heridas de las últimas semanas.

Por mucho que aclamaran a Biden y agitaran sus carteles de “We ♥ Joe”, los miles de demócratas reunidos en su convención nacional cuatrienal lo estaban mandando al asilo presidencial cuatro años antes de lo que él habría querido. Biden pasó de tener programado hablar en la convención como candidato presidencial el jueves, como aún planeaba hacerlo hace apenas un mes, a hacerlo el lunes por la noche, una velada normalmente reservada a las estrellas del pasado del partido.

Biden, de 81 años, no parecía ansioso por retirarse. Aunque hizo un par de chistes autocríticos sobre su edad, apenas aludió a su retiro de la campaña, una decisión que tomó tras la presión de sus compañeros demócratas a quienes les preocupaba que las dificultades del presidente más longevo en la historia del país hundieran al partido. Cuando lo hizo, se limitó a plantearlo como un acto de sacrificio para salvar a la democracia estadounidense del expresidente Donald Trump.

“Ha sido el honor de mi vida servir como su presidente”, dijo en un discurso de 52 minutos con el que concluyó la primera noche de una convención que celebraba la nominación de la vicepresidenta Kamala Harris para ser su sucesora. “Amo ese trabajo, pero amo más a mi país. Amo más a mi país. Y todo eso de que estoy molesto con toda la gente que dijo que debía retirarme, eso no es cierto”.

En ese momento, la multitud coreó: “¡Amamos a Joe! ¡Amamos a Joe!”.

“Amo más a mi país”, repitió Biden, “y tenemos que preservar nuestra democracia”.

A woman wiping her eye as she holds a “We heart Joe” sign.
La multitud demostró su afecto por Biden el lunes por la noche. Foto Jamie Kelter Davis para The New York Times

Citando la letra de una canción, ofreció una despedida. “Estados Unidos, te he dado lo mejor de mí”, dijo. “Cometí muchos errores en mi carrera. Les he dado lo mejor de mí durante 50 años. Como muchos de ustedes, le he dado mi corazón y mi alma a nuestra nación, y a cambio he sido bendecido un millón de veces con el apoyo del pueblo estadounidense”.

Es posible que no reconociera estar molesto, pero tampoco se esforzó en ofrecer su perdón. Tras abandonar la sala, habló brevemente con los periodistas en el aeropuerto antes de partir en el Air Force One hacia unas vacaciones en California y se le preguntó por su relación con Nancy Pelosi, la expresidenta de la Cámara de Representantes, quien es considerada como una fuerza crucial para presionarlo a abandonar la contienda electoral. “No, no he hablado con ella”, dijo. Y luego añadió: “Nadie influyó en mi decisión, solo yo”.

Para Biden, la idea de rendirse es contraintuitiva. A lo largo de su vida, la tragedia ha llevado a la recuperación, el contratiempo al retorno. La resistencia ha sido el lema de la narrativa de Biden. Reponerse ha sido la historia de su vida. Cuando habló ante otra convención en 2008 para aceptar la candidatura a la vicepresidencia por primera vez, Biden dijo a los delegados que “rendirse es imperdonable”.

En todos los discursos que pronunció en la convención a partir de ese momento, ya sea que estuviera hablando de los estadounidenses, del presidente Barack Obama o de su propio padre, incluyó variantes de eso. “No se rindieron; se levantaron” (2012). “Ellos se levantan cada mañana, cada día” (2016). “Lo derribaron unas cuantas veces, con bastante fuerza, pero siempre se levantó” (2020).

Esta ha sido la decimotercera convención a la que asiste Biden desde 1972 y al menos la octava en la que ha hablado, pero es la última en la que interviene como candidato o titular de un cargo, esta vez para dar el discurso que nunca quiso pronunciar. Ha formado parte del firmamento político estadounidense durante tanto tiempo, que parecía difícil imaginarlo cediendo el centro de atención.

De hecho dejó poco lugar para esa triste realidad, pronunciando lo que parecía un discurso que podría haber sido escrito antes de que se retirara de la contienda el 21 de julio, ensalzando su historial y criticando el de Trump. Prácticamente todo lo que tuvo que hacer fue un ligero ajuste en la parte donde hablaba de los objetivos del próximo mandato, sustituyendo donde decía “yo haré” con “Kamala y Tim harán” y eliminando las palabras “acepto su nominación”.

De hecho, aunque declaró que elegir a Harris fue la “mejor decisión que he tomado en toda mi carrera” y la elogió por ser una persona “dura” y “experimentada” con una “enorme integridad”, no ofreció un extenso testimonio sobre ella, dejando eso para los oradores de las noches que faltan.

Sin embargo, cuando terminó su discurso, Harris apareció en el escenario para mostrarle su respeto. Se podía ver cómo le decía “Te quiero mucho” mientras lo abrazaba. Mirándolo como si fuera su padre, repitió: “Te quiero”.

De hecho, el objetivo de la noche para Harris y los demócratas parecía ser hacer que Biden se sintiera mejor, sabiendo lo herido que se ha sentido por el hecho de que algunos de sus aliados más cercanos lo hayan hecho a un lado. El reto para los demócratas era no llegar al extremo de la condescendencia. Pero el partido decidió asumir ese riesgo, mostrando “Gracias” y “We ♥ Joe” en el gigantesco telón de fondo detrás de Biden y llenando los discursos con efusivos elogios.

“Te estaremos eternamente agradecidos”, dijo Harris en un breve discurso pronunciado antes.

“Gracias, Joe Biden, por tu liderazgo”, dijo la representante Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York.

“Gracias, Joe Biden, por tu vida de servicio y liderazgo”, dijo la exsecretaria de Estado Hillary Clinton.

Chris Coons, senador por Delaware, un aliado cercano al presidente, preparó a la multitud con cánticos de ”¡Queremos a Joe!” antes de su llegada.

Sin embargo, los demócratas estropearon un poco su homenaje con un programa de discursos tan largo que Biden se vio desplazado del horario de máxima audiencia en la Costa Este del país. Su propio discurso comenzó hasta las 11:30 p. m. de Washington, un pecado capital en la planificación de las convenciones modernas. Los demócratas iban tan retrasados que tuvieron que descartar un video donde se rendía homenaje al presidente saliente, y algunos asistentes empezaron a marcharse antes de que terminara su discurso.

Si eso le molestó a Biden o no, no lo dijo. Tampoco acortó su propio discurso. Tenía mucho que decir y quería decirlo. Gran parte fue el clásico Joe Biden, todos los temas conocidos, las historias cursis, los dichos familiares, el patriotismo incuestionable y las afirmaciones a veces discutibles. En parte retomó lo que dijo en su discurso de 2020, casi palabra por palabra, incluyendo la descripción de las “venas abultadas” de los supremacistas blancos que marcharon en Charlottesville, Virginia, en 2017.

Todas sus frases favoritas estuvieron ahí: el “punto de inflexión” al que se enfrenta el país y la economía “de centro hacia fuera y de abajo hacia arriba” que él persigue, salpicadas por sus paréntesis de “no es broma” y “hablo en serio”. Quizá el único atisbo de resentimiento se asomó cuando, hablando de un tema fronterizo, añadió: “Pregunten incluso a los miembros de la prensa, a quienes no les caigo bien; les dirán que es verdad”.

Concluyó con las frases con las que termina casi todos sus discursos, el canto a la excepcionalidad y el optimismo estadounidenses. “Amigos, solo tenemos que recordar quiénes somos”, dijo, alzando la voz hasta gritar. “Somos los Estados Unidos de América, y no hay nada que no podamos hacer cuando lo hacemos juntos. Que Dios los bendiga a todos. Y que Dios proteja a nuestros soldados”.

Luego, después de todos los abrazos, cánticos y ovaciones, Joe Biden salió del escenario al son de “Higher Love” de Whitney Houston y desapareció en la noche, dejando atrás la convención para pasar el resto de la semana de vacaciones. Ya no era su convención. Ya no era su fiesta. Ya no era su momento. Le espera un nuevo capítulo y tendrá que escribir un nuevo guión.

Peter Baker es el corresponsal jefe de la Casa Blanca para el Times. Ha cubierto la información sobre los cinco últimos presidentes y a veces escribe artículos analíticos que sitúan a los presidentes y sus gestiones en un contexto y un marco histórico más amplios. 

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