Por Elizabeth Mora-Mass
Conocí a Dolly Parton en 2003 cuando el Centro de Prensa Extranjera de Houston, Texas, invitó a algunos de los periodistas económicos de Nueva York a cubrir su “nueva su estrategia para conquistar mercados”. Dolly fue la artista invitada para deleitar en la noche inaugural.
Era un encanto de mujer. Esa noche pasó de mesa en mesa y cuando vio el letrero “El Tiempo” Colombia, me pasó el brazo y me dijo: “quiero ir a visitar a Medellín. He leído mucho sobre los cambios que ha hecho para bien”. Y comenzó a tararear “La Camisa Negra de Juanes”. Con los colegas mexicanos cantó “Las Mañanitas”, zapateando con sus botas vaqueras y su sombrero texano.
Esa noche también destacó el trabajo de los inmigrantes en la agricultura y contó lo orgullosa que estaba de ser “una campesina, como mi padre” y de trabajar en el campo.
Dolly fue adorada tanto por lo que lograba en escena como por su carisma. Irradiaba una fuerza increíble y te hacía sentir parte de su acto.
Su fallecimiento fue anunciado por su sobrino Bryan Seaver con palabras que resumen el enorme legado que dejó mucho más allá de la música.
La icónica cantante estadounidense se entregó a la música desde que concibió su primera canción con apenas seis años, en honor a su muñeca, falleció este martes a los 80 años. Su fallecimiento ocurre unos meses después del de su esposo de 60 años, quien era otro encanto de persona, bromista y duro como buen texano.
“Mi familia y yo hemos disfrutado toda una vida de hermosas memorias con Dolly, pero también ustedes. Ella siempre ha estado en su televisor, en su tocadiscos, en su CD y en la lista de música de su teléfono, convirtiéndose en una extensión de su familia te guste o no”, informó su sobrino Bryan Seaver.”
“Dolly ha vivido en la luz y está en los brazos de Dios. (…) Dolly abrió las puertas a una generación de cantantes, compositores, músicos y soñadores de todo tipo y a través de todos los continentes. Gracias a su ejemplo tenemos la convicción de que todo es posible. Nunca vio una puerta que no pudiese abrir y, con la puerta que abrió, hizo historia y la cambió”, recordó Seaver.
“Descansa en paz Dolly querida, tía amada, Dolly de la música, los Grammys, que Dios te bendiga”, afirmó Seaver.

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