Sus ministros no pueden dar ruedas de prensa o entrevistas sin la aprobación del mandatario, con una especial atención a “medios amigos”

Bogotá –
En sus 25 días como presidente, Abelardo de la Espriella ha mostrado que busca mantener un control casi absoluto sobre las comunicaciones de Gobierno, sin mucho espacio para preguntas incómodas. El día de su primera rueda de prensa, cuando un terremoto golpeó al occidente del país, invitó a todos los medios al Palacio de San Carlos en Bogotá, pero no permitió preguntas de ninguno. Tampoco las recibió en las ruedas de prensa posteriores ni permitió que algún otro funcionario diera ante las cámaras las cifras de muertos, heridos o casas destruidas. Días antes de su posesión, ordenó a sus futuros ministros no dar entrevistas a los medios y, ya en el Gobierno, son pocos quienes han dado declaraciones a medios. A esto se suma un documento revelado este martes por Caracol Radio en el que la instrucción queda más explícita: la Presidencia crea un veto sobre las declaraciones oficiales de cualquier funcionario del Ejecutivo.
Las instrucciones reveladas no vienen de un documento oficial: son las notas que tomó un funcionario de un encuentro entre encargados de las comunicaciones de varias entidades y la jefa de comunicaciones de Casa de Nariño, María Fernanda Sandoval. La primera instrucción, apuntan las notas, es clara: “no damos ruedas de prensa, ni entrevistas a medios (salvo que sea para un tema muy estratégico y con medios amigos y previa consulta con Presidencia)”. Luego, si un ministro se encuentra en un evento donde estén periodistas, ahí sí puede dar “una declaración”, pero “sin lugar a preguntas”. Y otra restricción: “los viceministros no están autorizados para ser voceros”. Solo el presidente, añade el documento, hace “los eventos y anuncios grandes”.
El documento exige a los ministros no usar sus cuentas personales en redes sociales para divulgar información institucional; asegurarse de que los comunicados sean cortos, “no más de una cuartilla”; plantea que cada Ministerio tendrá una persona de la oficina de comunicaciones de Presidencia que será su “enlace”; que Miller Soto es el vocero del Palacio de Nariño y hablará tres veces al día; que a él le deben enviar los “temas más sonados de cada Ministerio” para un primer piloto en esta estrategia de comunicaciones. Un último punto habla de revisar las pautas publicitarias que tienen activos los Ministerios, “con la instrucción de pausarlos hasta revisión”.
Sandoval no ha respondido a preguntas de El PAÍS sobre el documento, y el Gobierno no ha aclarado a Caracol si estas son sus instrucciones oficiales. Dadas las muy escasas entrevistas que han dado los ministros, la falta de espacios para preguntas en las ruedas de prensa y los comunicados de solo cuatro párrafos que ha publicado Presidencia desde que arrancó el Gobierno, la evidencia empata con varios de los lineamientos del acta informal de la reunión. Incluso el vocero Miller Soto, en sus primeras declaraciones en la noche del martes, tampoco recibió preguntas.

Tras la revelación de Caracol Radio, varios defensores de la libertad de prensa se alarmaron, especialmente por la expresión “medios amigos”. Si bien otros presidentes privilegiaron a “amigos” para entrevistas ―Iván Duque fue objeto de burlas cuando se hizo una ‘autoentrevista’ en inglés; Gustavo Petro cuando lo entrevistó su admirador y amigo Hollman Morris―, esperan que los mandatarios se abran a preguntas incómodas. Y, especialmente, que no se les cierren las puertas a ciertos medios en las ruedas de prensa. Todos estos puntos “configuran un esquema deliberado de control de la información pública que vulnera tanto la libertad de prensa como el derecho ciudadano a estar informado”, publicó la organización El Veinte, que defiende la libertad de expresión.
Sobre la estrategia de centralizar la información, los expertos la encuentran explicable. “El gobierno siempre tiene, como estrategia de comunicaciones, el interés en controlar el mensaje y, a menos voceros, más posibilidades de controlar la narrativa”, dice Camilo Granada, quien fue Alto Consejero Presidencial para las Comunicaciones de Juan Manuel Santos. Pero anota que incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha insultado a la prensa repetidas veces, aún mantiene en sus ruedas de prensa de la Casa Blanca a medios que considera “enemigos”, como CNN (el año pasado un juez le obligó a levantar un veto contra la agencia Associated Press). “Es cierto que un gobernante puede escoger al medio al que quiera darle una declaración larga, pero lo que no puede hacer, porque es contrario a la libertad de prensa, es restringir el acceso de los periodistas a la información” dice.
Una persona que trabajó como jefe de prensa en el Ministerio de Educación hace unos años explica las dificultades de esa extrema centralización. “No dejarle hablar a los viceministros restringe el margen de comunicación del Gobierno, pues ellos pueden ayudar a que se aterrice la información si el ministro no está disponible”, dice sobre su experiencia. “Se espera que el viceministro se coordine con el ministro, claro. Si se reduce la posibilidad de que hablen, se reduce también la de responder las preguntas que se hace la sociedad. El control absoluto al final limita la capacidad de los medios de tener información oportuna”.
Granda cree difícil sostener esa centralización de la información, si bien entiende que puede ser un esfuerzo para controlar la narrativa del Gobierno. “Llega un momento en que las necesidades de comunicación y de información de la opinión pública pueden desbordar a los ministros y a los voceros. El interés de controlar el mensaje siempre termina chocando contra la realidad”, dice. Granada recuerda que el Gobierno Santos buscó controlar las comunicaciones sobre el proceso de paz con las extintas FARC cuando se estaba negociando, pero incluso en ese caso “fue imposible no tener fugas. Hubo gente que filtró cosas, porque uno solo puede controlar absolutamente siempre la narrativa en dictaduras como China y Rusia”.

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