Los Danieles. La lección de Caballero

Daniel Coronell

Era tímido hasta la frontera de la antipatía. Hablaba poco, bajito y no le gustaba repetir lo dicho. Se comunicaba con la mayoría de la gente con sus escritos y sus dibujos. Era difícil hablar con él y rara vez soltaba una palabra con alguien que no conociera. Lo vi cuatro veces en la vida y, si sumara los minutos en los que realmente conversé con Antonio Caballero, creo que no pasarían de quince.

Una mañana nos encontramos a la salida de Noticias Uno. Él salía de una de las pocas entrevistas que concedió y yo de un consejo de redacción. Cuando vi que estaba esperando un taxi, le pregunté para dónde iba:

–A Semana– me dijo.
–Lo llevo– ofrecí y él asintió con la cabeza.

Nos sentamos en el puesto de atrás y él empezó a mirar por su ventana. Estábamos atrapados en el tráfico de Bogotá. Yo quería preguntarle muchas cosas, pero no me atreví a interrumpir su silencio. Finalmente, algo comentó sobre una noticia y alcanzamos a cruzar unas palabras. No recuerdo por qué, pero la breve conversación derivó hacia los toros, sin duda uno de sus temas favoritos. Le pregunté por qué le gustaban:

–Hay algo profundo y artístico –musitó, mientras yo me esforzaba en oírlo.
–Usted ha sido una persona de avanzada –respondí, tratando de aprovechar la conversación, aunque fuera sobre un tema del que yo no sabía nada– y tengo la impresión de que la tauromaquia es más bien de las derechas. 

Vi pasar un rayo por sus ojos. No supe si lo había molestado. Guardó unos segundos de silencio y respondió algo parecido a esto: 

–No es un mundo exclusivo de las derechas, pero sí prevalecen. Los impulsores de la fiesta son los ganaderos que son dueños de tierras y, en todas partes, los dueños de la tierra tienden a ser conservadores.  

Me contó después que la costumbre de entregar orejas y rabos como trofeos a los toreros venía de cuando ellos arriesgaban su vida para quedarse con la carne del animal, que era su única paga. Fue entonces cuando me atreví a preguntarle si era consciente de que para las nuevas generaciones, y en especial para muchos que compartían sus ideas, las corridas eran un espectáculo cruel e inaceptable.  

–He explicado muchas veces la estética que veo y que los antitaurinos no entienden –y aquí vino la frase que me pareció definitiva en ese breve diálogo–: Uno tiene que defender sus convicciones aunque estén en contra de la mayoría. 

Así vivió, dibujó y escribió Antonio Caballero toda su vida: contradiciendo a la mayoría. Su voz, que era apenas un susurro cuando hablaba, retumbaba cuando escribía.  

Sus columnas y sus caricaturas desnudaron la corrupción de la clase política, señalaron los abusos de las autoridades, denunciaron violaciones de los derechos humanos, destaparon la ineficiencia y se burlaron de los poderosos, combinando humor y conocimiento. 

También puso en evidencia la abyecta lambonería de algunos medios con quienes detentan el poder.  

Nada de eso es fácil. Caballero, miembro de familias tradicionales de Bogotá, con frecuencia se enfrentó a sus compañeros de clase social, incluso a sus empleadores. Renunció a la revista Semana cuando se convirtió en lo que es hoy y, a sabiendas de que su supervivencia dependía de su trabajo, prefirió quedarse sin ingresos a someterse a una situación que consideraba indigna. 

Este portal, Los Danieles, que existe por generosidad de sus lectores, tuvo el honor de albergar sus últimas columnas. La última de ellas, titulada “En manos de un charlatán”, se refería al entonces presidente Iván Duque.  

Cuanta falta hace su mirada original y su prosa, precisa y musical, para describir la Colombia de estos días. 

Volviendo a su lección de defender las convicciones, recuerdo su sepelio que vi transmitido por YouTube. Después del “podeis ir en paz”, el solemne silencio de la ceremonia se rompió con un clarín que inició el muy torero pasodoble El gato montés: Tan, tararán, tararán, tararán, tararán, tararán, tantan, tararán, tan tan, tan tan. 

En esas notas –bellas e impopulares– pude sentir vivo a ese Antonio Caballero que jamás le hizo concesiones al parecer mayoritario.

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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