Los Danieles. La farsa macabra

Daniel Coronell

Traspasó todos los límites de la ordinariez. La falta de humanidad, de discreción, de mesura y de elegancia moral quedaron a la vista con su  paseo teatral entre cadáveres. Sin el menor sentido de la compasión, convirtió en trofeo unos cuerpos inertes y posó para las cámaras con quienes ya no podían defenderse. Usó los despojos mortales de 23 personas, presuntos delincuentes –entre ellos tres menores de edad– para armarle un escenario de bolsas blancas a su vanidad.  

Caracterizado con pantalones tácticos entubados, camisa verde oliva entallada, botas y walkie-talkie en mano, nos presentó su más reciente personaje. 

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La escena repugna, pero no sorprende. Así es y ha sido el hoy presidente de Colombia. Más que hombre de Estado, primero que cantante, antes que abogado, Abelardo de la Espriella ha sido un actor. A veces trágico, a veces cómico, pero siempre un histrión. 

Sabe seguir un libreto, frecuentemente escrito por otro, para disfrazarse de lo que le conviene en cada momento. Lo hace cuando copia los saludos militares o cuando se apropia de un bastón de mando, reservado a los generales, para usarlo a manera de cetro. 

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Actúa también cuando hace ruidoso alarde de su fe. No solo cuando grita ¡Viva Cristo Rey!, sino cuando rompe en llanto frente al Señor de los Milagros, eso sí, ubicado estratégicamente para que la cámara lo pueda ver. 

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Según ha dicho, se convirtió en creyente en el año 2021. Una persona devota, que, por cierto, votó por De la Espriella, me llamó alarmada cuando publiqué una imagen que había sido borrada de internet y que muestra la foto del hoy jefe de Estado con signos esotéricos dibujados detrás de él y promoviendo un curso de autoayuda llamado “Brujo by Abelardo de la Espriella”. La página, rescatada con wayback machine por César Marulanda, registra esta invitación: “Conéctate con una comunidad de BRUJOS que impulsarán tu crecimiento”. 

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La persona religiosa e intrigada me hacía dos preguntas: ¿Si eso daba para pensar que el hoy mandatario había practicado la hechicería? y ¿Si esta imagen era anterior a su conversión? Sobre lo primero le dije, con sinceridad, que creía que simplemente era otra de sus actuaciones. Acerca de la segunda pregunta, le envié el video de YouTube que comprueba que fue publicado hace apenas un año

También hacía su papel cuando se oponía al “castrochavismo” e invitaba a matar a Nicolás Maduro, mientras trabajaba para Álex Saab, el principal testaferro del dictador, y recibía giros de las mismas empresas que los dos usaron para enriquecerse a costa del hambre de los venezolanos. 

Ni hablar de cuando se presentaba como el abogado de DMG. Un Abelardo más joven –y con menos pelo– con traje carmelito de gruesas rayas y camisa lila, defendía con vehemencia e histrionismo la legalidad de los negocios de David Murcia Guzmán.

En febrero de este año, desde su reclusión en la cárcel de La Picota, Murcia me dio una entrevistaen la que tildó, por primera vez, a Abelardo de la Espriella de ladrón y traidor. Aseguró que abandonó su defensa, se le quedó con 5.000 millones de pesos y con otros 800 millones que pidió para “tocar” congresistas. 

22 días después de la posesión presidencial del antiguo defensor, su excliente inconforme fue súbitamente cambiado de prisión. Sin justificación, sacaron a Murcia de Bogotá y lo enviaron a la cárcel de Palogordo, en Girón, Santander, lejos de su familia. Un castigo por donde se vea. La orden la impartió el INPEC, adscrito al Ministerio de Justicia. Casualmente, el ministro es Iván Cancino, quien hasta hace unas semanas era el abogado de De la Espriella en el proceso por la queja disciplinaria que elevó David Murcia contra él. 

Aún más joven, el ahora mandatario hizo el papel de telonero oratorio del cabecilla paramilitar Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez. Abelardo calentaba al público mientras el hombre de las llamadas autodefensas llegaba a dar el discurso central. 

La fundación que dirigía De la Espriella se llamaba Fipaz. La contabilidad de los paramilitares, firmada por el posteriormente asesinado Jairo Andrés Angarita, prueba que le dieron aportes a Fipaz. El hoy presidente usaba esa fundación para promover un referendo que prohibía la extradición. Hoy, ya en otro papel, el presidente se hace grabar cada vez que firma una orden para enviar a un preso a Estados Unidos, como si fuera una proeza jamás vista. 

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Todos esos papeles, y otros más, como el de corista vallenato, ha interpretado Abelardo de la Espriella. Sin embargo, ninguno había resultado tan grotesco, ni tan macabro, como el más reciente. El piadoso de ayer, el defensor de hace un tiempo, el paladín del debido proceso, ahora se hace fotografiar con gente muerta, como si fueran piezas de cacería.

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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