Elucubraciones. Extraño silogismo

El gobierno se cuida porque cualquiera puede ser periodista y ¿por eso establece censura previa a la información oficial?. Foto ifj.org/Yahoo

Por Eduardo Aristizábal Peláez

En Colombia, la Corte Constitucional ha desarrollado una jurisprudencia que sostuvo que el periodismo no debía considerarse una profesión sino un oficio, en la medida en que la libertad de expresión es un derecho fundamental de todos los ciudadanos. Este razonamiento, aunque bien intencionado en su defensa de la libertad, genera un silogismo problemático. Si todo ciudadano puede expresarse libremente, entonces cualquiera puede ejercer el periodismo sin necesidad de formación, responsabilidad profesional o estatuto particular.

Basta contrastar ese extraño razonamiento con un ejemplo extremo. Si la salud es también un derecho fundamental, ¿podría concluirse que la medicina no es una profesión sino un oficio y que cualquier persona estaría habilitada para diagnosticar, recetar o intervenir quirúrgicamente? Evidentemente, tal conclusión sería absurda y peligrosa.

Si recurrimos al silogismo constitucional en materia de periodismo, tendríamos que concluir:

Premisa mayor: La libertad de expresión es un derecho fundamental de todos los ciudadanos (art. 20 de la Constitución).

Premisa menor: El periodismo es una forma de expresión.

Conclusión: El periodismo no es una profesión, sino un oficio abierto a cualquiera que ejerza la libertad de expresión.

Este razonamiento desconoce que el periodismo, además de ser un ejercicio de expresión, es una función social especializada, con deberes de veracidad, imparcialidad, responsabilidad ética y protección de fuentes. La jurisprudencia que lo reduce a oficio diluye la frontera entre la expresión ciudadana y el periodismo profesional.

Pero analicemos la analogía con la medicina. Si aplicamos el mismo esquema, tendríamos:

Premisa mayor: La salud es un derecho fundamental (art. 49 de la Constitución).

Premisa menor: La medicina es una forma de garantizar la salud.

Conclusión absurda: La medicina no sería una profesión, sino un oficio abierto a cualquier ciudadano que desee ejercerla.

El absurdo es evidente, permitir que cualquiera recete medicamentos o practique cirugías sería un atentado contra la vida y la dignidad humana. La medicina requiere formación científica, acreditación profesional y responsabilidad ética. El error del silogismo radica en confundir el titular del derecho con el garante del derecho.

En libertad de expresión, todos somos titulares, pero los periodistas somos garantes especializados de información veraz y plural. En salud, todos son titulares, pero los médicos son garantes especializados de atención científica y responsable.

Reducir el periodismo a oficio equivale a desconocer su función social, del mismo modo que reducir la medicina a oficio sería desconocer la ciencia y la ética médica.

La jurisprudencia que considera el periodismo un oficio por derivación de la libertad de expresión incurre en un silogismo falaz. El periodismo, como la medicina, es una profesión con estatuto propio, indispensable para garantizar derechos fundamentales de la sociedad: el derecho a la información y el derecho a la salud.

La defensa de la libertad de expresión no exige negar la profesionalidad del periodismo, sino reconocer que esta profesión cumple una misión social que trasciende la mera expresión individual.

 Así como nadie confiaría su vida a un improvisado que se autodenomina médico, tampoco debería confiarse la verdad pública a quien, sin formación ni responsabilidad, se autoproclama periodista. La libertad de expresión es un derecho universal, el periodismo, es una profesión que exige rigor, ética y compromiso social.

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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