
Mientras el ultra Abelardo de la Espriella recibe los respaldos de todo su sector político, el senador Iván Cepeda y el presidente Gustavo Petro tienen dificultades para coordinar su esfuerzo
Bogotá –
Hace una semana quedaron listas fiestas de celebración en pueblos, veredas y barrios, y en la sede de campaña de Iván Cepeda, donde esperaban ganar la Presidencia de Colombia en primera vuelta. Pese a que ninguna encuesta apuntaba a ello, haber ocupado el segundo lugar, casi tres puntos porcentuales detrás del ultraderechista Abelardo de la Espriella, sembró desconcierto y rompió el camino que ese sector se había trazado. En contraste, una derecha que no logró unificarse para la primera vuelta, pese a llamados para hacerlo, y que atravesó un proceso tumultuoso para elegir sus candidatos, terminó reunida detrás de De la Espriella. Ese contraste ha definido la primera de las tres semanas de la campaña hasta la segunda vuelta.
Abelardo, como se suele llamar al penalista de ultraderecha que no tiene carrera electoral previa, se tomó por asalto a la derecha colombiana. Hace tan solo meses intentó participar en el mecanismo por el que el Centro Democrático elegía a su candidato; el expresidente de Colombia y cabeza del partido, Álvaro Uribe Vélez, le dio un portazo. El proceso continuó con una consulta entre nueve aspirantes de centroderecha y derecha, que ganó la senadora uribista Paloma Valencia. Ella hizo una campaña distante de De la Espriella, con una estrategia de virar hacia el centro. La definición en las urnas, sin embargo, fue tajante: Valencia obtuvo apenas el 6% contra el 44% del ultra.
La rendición fue igual de rápida. Tan solo hora y media después del cierre de las votaciones, rodeada de siete de los ocho competidores de la consulta de marzo que se convirtieron en sus escuderos, dio su respaldo a De la Espriella. La octava, Vicky Dávila, ya lo había hecho; cuatro más lo hicieron luego a cuentagotas. Y de manera quizás más significativa, quien ha sido el líder de la derecha colombiana en los últimos 25 años, el expresidente Uribe, lo hizo tan solo minutos después. “Colombianos, hemos perdido. Asumo humildemente mis responsabilidades. Ganó el Dr. Abelardo De La Espriella. Cumplimos la palabra, votaremos por él y pedimos que se vote por él y por Colombia”, escribió en X.
Este cambio en la derecha, más el impulso de la inesperada victoria de un candidato ultra que en los últimos sondeos —cerrados una semana antes de las votaciones— a duras penas sobrepasaba el 30% de intención de voto, ha permitido a De la Espriella continuar con su estrategia de campaña, digital, estridente, disruptiva. Y lo ha hecho doblando su apuesta. Ha elevado su pugnacidad frente a la izquierda: a sus cabezas las califica de “bandidos” y ha dicho que las procesará judicialmente una vez llegue a la Presidencia.
También ha mantenido su lógica populista, en la que el país vive una disputa de “los nunca” contra “los siempre”, pero con un puente hacia estos últimos. Se trata de su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo. Mientras el ultra da entrevistas a medios que sintonizan claramente con la derecha, como Semana y La FM, Restrepo se encarga de escenarios más mesurados, como Hora 20, y habla con empresarios y colegas economistas. La unidad está clara; la distribución de funciones, también.
Eso no ocurre en la izquierda, que hizo de su unidad el gran eje de campaña ya en 2025. Tras unificar varios partidos en uno solo y celebrar una consulta interna en octubre pasado, que ganó Cepeda, su estrategia estuvo puesta en movilizar sus bases sociales. El senador dio discursos en 155 plazas públicas, dirigidos a los votantes más fieles del progresismo: jóvenes estudiantes, sindicalistas, indígenas organizados, que se sentían convencidos de la victoria y estaban galvanizados. Mientras Valencia intentaba —sin éxito— abrirse hacia el centro, en la izquierda nadie hacía algo similar. Quien intentó trazar ese camino, el excongresista Roy Barreras, terminó tan distante del presidente Petro que culpó al mandatario de su fracaso estruendoso.
En ese sector, era justamente Petro quien complementaba a Cepeda: convertido en una especie de jefe de debate, el presidente monopolizó buena parte de la agenda mediática en los últimos meses. Puso temas de debate, dio noticias, cuestionó y hostigó a sus críticos, fungió como la espada mientras Cepeda era el escudo. Pero el resultado electoral sacudió esa estrategia y llevó a que el presidente y el candidato perdieran esa alineación.
Así quedó claro desde la noche del domingo, cuando Petro publicó un trino denunciando un fraude, en el que desconocía explícitamente los resultados del preconteo divulgado esa noche por la Registraduría Nacional. Cepeda pareció seguir por su estela esa misma noche, cuando dijo que no se referiría a esas cifras hasta que no se aclararan algunas dudas. Pero tan solo 12 horas después explicaba que no había encontrado irregularidades sustanciales que pudieran indicar un fraude como el que señalaba Petro, y dejó al presidente solo con esa bandera. En los días siguientes, Petro ahondó publicando lo que llamaba posibles pruebas del fraude. Cepeda en cambio, salió el domingo con un mensaje más explícito en contra de su padrino político: “reconozco los resultados de la primera vuelta de la elección presidencial”.
Mientras esa disputa ocurría en público, en privado se reunían los dos líderes. Según varias fuentes, la conversación incluyó dos asuntos sustanciales. El primero fue la posibilidad —sugerida por Petro en una de sus muy visibles intervenciones en X— de renunciar a la Presidencia para liderar la campaña de Cepeda. El candidato le respondió que, de ser así, él a su vez renunciaría a su aspiración.
El segundo asunto fue la asamblea constituyente, una idea que Petro venía impulsando desde 2024 ante la imposibilidad de sacar adelante varias reformas en el Legislativo, y con la que Cepeda nunca ha mostrado entusiasmo. El candidato ha preferido hablar de un acuerdo nacional que podría implementarse por otras vías. Fue en esas reuniones que Petro aceptó dejar de lado la constituyente y, con ello, despetrizar la campaña, algo que se ejecutó el miércoles de esta semana.
Fue solo el jueves, con Petro dedicado a hablar de cultivos de coca y de las manifestaciones en Chile, que Cepeda recuperó el control de la narrativa. Pero la falta de alineación le hizo perder a la izquierda varios días clave en una campaña de apenas tres semanas entre las dos vueltas, y deja abierto el interrogante más importante: cómo se dirigirá una candidatura que pasó de ser la puntera que defiende su ventaja a ser la contendiente que busca sobrepasar al líder.

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