Sábado de los animales: Como a perros en misa

Perros en misa. Foto Vice/Google

Por Óscar Domínguez

En elecciones, podemos recurrir a la paremiología o ciencia de los adagios, para “analizar” la situación política.

Y de la paremiología,  echemos mano de los adagios sobre perros para expresar los distintos sentimientos que nos embargan.

Los abstencionistas que no comen cuento  alegarán que al capan no lo perran dos veces.

También es válido decir: A otro perro con ese hueso.

Unos no se dejarán echar los perros de los candidatos. Otros sí.

Un perro parece una realidad política pintada en el piso. Foto ODG

Los votantes ingenuos  miran a sus candidatos con la ternura del perro de la Víctor.

Cuanto perro y gato hay anda suelto nos ha tratado de ordeñar el votico. Votos hay que tienen mucho de sufragios.

No pocos van como perro de rico, seguros de la victoria. Y se quedaron sin pa’l  bus de regreso a casa.

El día de elecciones muchos harán perro, uno de los alias de la pereza.

¿A cuántos aspirantes no les va como a perro en misa?

Como la clase política ladra sentada, como los perros viejos,  seguirá en el poder.

Perros de toda boda en política somos aquellos que siempre votamos. Esta vez, volveré a votar en blanco, como el husky siberiano que pintó un artista urbano de lo efímero en la avenida Junín, de Medellín. Este husky durará hasta el siguiente aguacero. O hasta que el viento se le meta debajo del brazo y se lo lleve. (Un buen ladrón; me gustaría hacer lo mismo).

Como perro no come perro, no pocos se dedicarán a jugar parqués o pisingaña en la segunda vuelta.

De ciertos políticos bulliciosos se podrá decir que perro que ladra no muerde.

Terminadas las elecciones, podremos decir que muerto el perro se acabó la rabia.

Los días son del perro pero las noches son del gato, dijo alguna vez el expresidente López quien por esos días se mechoneaba con el expresidente Lleras buscando el fervor popular.

Muchos se las han dado de perros, o sea de vivos, a sabiendas de que poco tienen que ofrecer. Salvo la vanidad de haber aparecido en el tarjetón sin ton ni son.

Un político es la misma perra con distinta guasca.

Los hay que son más perros un gato de loza.

A muchos les espera una suerte perra.

No pocos la pasarán a lo perro después de gastar garganta y plata en la campaña.

Claro que los perdederos se curarán con pelos de la misma perra. Y volverán a aspirar.

Si por la plata baila el perro, lo mismo dirán electores que se dejan comprar.

Los candidatos se la han pasado en campaña como perros y gatos.

¿Cuántos no han pasado una vida de perros, esperando la redención?

Mientras más conozco a los hombres más quiero a mi perro, decía Diógenes desde el hotel de cero estrellas que era su tonel.

No ladro más. Me abro con el rabo entre las patas…

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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