QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA
por Efraim Osorio López
eolo1056@yahoo.com
El uso indiscriminado de las comas afecta seriamente la redacción: una coma fuera de lugar la estropea.
La discordia entre dos vecinos fue causada, según el redactor de Sucesos de LA PATRIA (8/4/2026), por “el averío del aparato de lavado”, literalmente, ‘por la multitud de aves del aparato de lavado’, pues ‘averío’ significa eso, ‘muchas aves’ y ‘conjunto de aves de corral’. Por supuesto, no fue esto lo que quiso expresar el periodista. Fue su intención, seguramente, expresar la idea de ‘daño’, que sí la manifiesta la palabra ‘avería’, de la que anota J. Corominas: “1494 (Catalán 1258, genovés 1200). Etimología incierta: no convencen las arábigas ni griegas propuestas. Como la acepción más antigua parece ser ‘contribución pública para compensar un perjuicio comercial” y en ésta se empleó también en el genovés ‘avere’, acaso sea derivado del sustantivo aver(e) ‘haber’ ”. Sin embargo, El Diccionario anota: “Quizás del catalán avaria, este del árabe awāriyya, defecto, vicio”. Sea de esto lo que fuere, ‘avería’ es “un daño que padecen las mercaderías o géneros”. También, el daño que impide el funcionamiento de un aparato, como el de la lavadora del pleito mencionado. Sinónimos, ‘daño, detrimento, desperfecto, percance, menoscabo…’. Nota: ‘avería’ es también sinónimo de averío’. ***
La ‘coma’ es un signo ortográfico que representa una pausa corta entre dos o más períodos o entre dos o más palabras. Sirve, entre otras cosas, para separar los elementos de una descripción o de una enumeración, para delimitar las frases o palabras incidentales y para expresar el caso vocativo. Su uso indiscriminado afecta seriamente la redacción: una coma fuera de lugar la estropea. Es el caso de las comas inútiles que emplea el autor de las sentencias impresas en la parte superior derecha del crucigrama de LA PATRIA, como se puede apreciar en los dos ejemplos siguientes: “El comienzo de la sabiduría, es el silencio” (13/4/2026). “Ser leal a uno mismo, es el único modo, de ser leal a los demás” (14/4/2026). Tres comas redundantes. En ambas oraciones, la ‘coma’ separa el sujeto de su verbo principal; en la segunda, las ‘comas’ hacen de ‘es el único modo’ una frase incidental, que no es. El sujeto de la oración puede separarse de su verbo cuando la redacción lo requiere, por ejemplo, con una frase incidental, verbigracia, ‘las elecciones, a pesar de los obstáculos, se realizarán el próximo 31 de mayo’. ***
El verbo ‘discrepar’ (del latino ‘discrepare’, -‘desafinar, disonar, discordar’) significa estar en desacuerdo con alguno, o dos cosas entre sí, dos sonidos, por ejemplo. Rige la preposición ‘de’, pues, en ese caso, el motivo del desacuerdo es de procedencia. En su artículo, el doctor Jorge Raad Aljure escribió: «Hay que discrepar con el ministro en varias situaciones» (LA PATRIA, 14/4/2026). Lógicamente, “Hay que discrepar del ministro…”, es decir, hay que estar en desacuerdo con él, que es la idea que el redactor quiso expresar. Porque se puede ‘discrepar con otro’ cuando los dos están de acuerdo con el objeto de la discrepancia. Sinónimos, además de los anotados, ‘disentir, desdecir, diferenciar-se’. ***
Y el verbo ‘enseñorearse’ (derivado de ‘señor’) quiere decir ‘apoderarse de’ y rige también la preposición ‘de’, norma que no tuvo en cuenta el columnista Jorge Enrique Robledo cuando redactó lo siguiente: «… la corrupción que se ha enseñoreado en Colombia» (LA PATRIA, 12/4/2026). “…que se ha enseñoreado de Colombia”, así, es decir, que ‘se ha apoderado de Colombia’. Otros sinónimos, ‘ocupar, dominar, posesionarse de’. Como anoto siempre, las preposiciones, por regla general, no intercambian oficios.

Luto en los medios periodísticos e instituciones lingüísticas por el fallecimiento de Fernando Ávila.
Con tristeza, Colombia se despide del profesor Fernando Ávila, reconocido periodista, escritor y catedrático quien dejó huella en el país por su pasión por el idioma, llegando a ser uno de los mayores expertos en ortografía y gramática. Ávila falleció en la ciudad de Bogotá este sábado 18 de abril, escribió el diario El Tiempo en homenaje a su habitual colaborador.

Mi reciprocidad:
Por Óscar Domínguez Giraldo
Don Fernando, gracias por las naranjas
El portal www.otraparte.org que debería ser de obligatoria consulta para católicos y ateos, jugadores de tute o pizingaña, nos recuerda a toda hora las existencia del maestro Fernando González Ochoa, de ascendencia vasca. El Brujo escogió abril (24) para nacer.
Ese portal no incluye detalles de la “aproximación” que tuve con el Brujo. Él me buscó (¿¡) debo aclarar. No para hablar como solía hacerlo con Félix Ángel Vallejo. O con Rosa Girasol y sus hijos, los nadaistas, Javier Henao Hidrón, Alfredo Vanegas y otros del gajo de arriba.
El Brujo vivía a unas seis cuadras y muchos libros leídos, pensados, sufridos, escritos, de mi casa en Envigado, diagonal a la Bota del Día, en el chequeadero de buses. Ahora venden aguardiente.
En casa hubo trato “cercano” con González: Un cuñado, XYZ, (las iniciales han sido alteradas para proteger su intimidad pero, la verdad, se llama William Jaramillo Mejía, poeta), no sólo era su vecino. También era mesero en el bar Georgia adonde el maestro solía ir a hablar o a callar, siempre con su bastón, su silencio, su palabra, y su boina vasca, recuerdo de su consulado en Bilbao, España, en 1957.
(Tengo boina vasca, regalo de una vieja mejor amiga cuasiseteentona. Ella aspira a que con la boina, y por ósmosis, se me pegue algo del filósofo, pensador, rebelde con causa, escritor, panfletista, maestro. Soñar no cuenta un carajo).
El Brujo iba a Georgia a tomar café, o la famosa Clarita Pilsen, pequeñita, de envase verde, más inofensiva que beso de monjita de clausura del barrio Mesa, de Envigado. (Como todo ha subido, se trata de una moderna clausura con wasap y conexión a Internet. El Espíritu Santo no se queda atrás. Lo sé porque me las doy de amigo de la superiora Madre Margarita a quien de pronto la bajan del puesto y queda como una hermanita de la llanura. Así domestican la vanidad las religiosas. Pero la reeligen.
XVZ – o sea William- tenía este encargo del dueño del bar: “Cuando venga el Maestro lo atiende. Si paga, le cobra, si no paga, déjelo que ponga conejo”.
De jóvenes (“Alegrémonos, pues, jóvenes mientras existamos…”) solíamos dedicar días a la semana a “tomar prestados” mangos, naranjas y otras delicias de fincas envigadeñas. Era una forma un tanto insólita de redistribuir el ingreso: tomando algo de los más pudientes. Otros hacen la revolución con la plata ajena. Éramos “robinjudes” al revés que robábamos para nosotros mismos. La caridad entra por casa.
Cualquier día ese privilegio le tocó a Otraparte, la finca del papá de Simón. Fuimos, nos metimos por detrás de la propiedad y coronamos.
Habíamos iniciado el regreso a casa con la sospechosa alegría que produce alcanzar el fruto prohibido. Al vernos pasar González nos llamó con su voz en la que se adivinaba que alguna vez estuvo enamorado de Mademoisele Tony para … regalarnos algunas naranjas. Era su forma de brindar cierta cercanía. Y tirar línea. Cosas de filósofos. Y como ya no puede rectificar diré que casi todas las naranjas estaban dañadas.
El contacto no duró más. De pronto lo llamo “conversación” para inflar mi hoja de vida, así como hay bellas que aumentan ciertas presas estratégicas a punta de silicona.
Cuando lleno un registro de hotel, ganas me dan de escribir en cualquier parte: “Robó y recibió naranjas en la Huerta del alemán de Fernando González”.
Creo que, definitivamente, la Virgen no se me apareció en esta encarnación. Pero me mandó al Brujo. No perdí en el cambalache con el dueño de la casa en cuya entrada se lee todavía. Cave canem, seu domus domi, o sea: cuidado con el perro, o sea, con el señor de la casa.

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