
Andrés Hoyos
El chavismo, que lleva 28 años en el poder en Venezuela, está de salida por fin. Maravilla de maravillas. Lo que sigue es apenas asunto de mecánica política. El liderazgo de María Corina Machado (MCM) supera a todos los demás y la vuelve la jugadora clave de lo que sigue.
Tras casi diez meses de exilio, que comenzó con un escape para recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo, la candidata logró pisar suelo venezolano el domingo 25 de octubre. Su llegada resultó avasalladora. La primera aparición pública fue en el santuario de la Virgen de la Divina Pastora, un punto de peregrinación crucial en Venezuela. “Estoy aquí. Con ustedes”, publicó en su cuenta de X minutos después de que la información sobre su regreso empezara a circular. Según datos verificables, llegó en un vuelo privado desde Panamá a Colombia, donde nadie dice haberla visto, y desde allí pasó la frontera terrestre en el Táchira. Aunque la diplomacia internacional participó del asunto, la ejecución logística corrió por cuenta de la líder opositora.
Es muy posible que el ingreso de MCM haya ocurrido, si no con la colaboración de Estados Unidos, al menos sin su oposición. No es imposible que Delcy Rodríguez haya sido informada. Machado cruzó la frontera desprovista de aparatos militares extranjeros, dejando la ejecución táctica en manos de su equipo privado. Una vez en suelo tachirense, el verdadero acompañamiento pasó a ser civil y ciudadano. Tras la visita al santuario, Machado inició un recorrido de más de ocho horas por carretera, escoltada únicamente por una multitudinaria y vociferante caravana de civiles en vehículos y motocicletas que la acompañó hasta su entrada definitiva a Caracas durante la noche.
A pesar de que en Venezuela quedan algunos actores del chavismo –los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello–, la dueña de la calle y del territorio es María Corina. Ella no volvió a pedir permiso: volvió a liderar. Lo que sigue con seguridad se va concretar en la exigencia, sin adornos, de que se fije una fecha electoral. La oposición propone el 24 de julio de 2027, cumpleaños de Simón Bolívar. Aunque nada está definido, se ve casi imposible que no haya elecciones pronto. Por muy tarde en 2028.
Washington ha dejado claro que su prioridad es la energía, la estabilidad regional y la reconstrucción económica. La transición democrática les parece secundaria. Machado tiene otras prioridades. Es improbable que rechace frontalmente los acuerdos con Trump. Otro cantar es que pida la renegociación del asunto petrolero con el candidato/a que gane en Venezuela. Ese planteamiento le permitiría convertir el problema en una oportunidad. Debería exigir transparencia contractual, auditoría independiente, competencia, protección de ingresos fiscales, reglas ambientales, rendición de cuentas y, sobre todo, garantías de que el petróleo financiará la reconstrucción nacional y no servirá para perpetuar una estructura política.
El resultado electoral del 3 de noviembre en Florida pesa. Según el New York Times, algunos votantes allí consideran que Estados Unidos no está presionando lo suficiente para lograr un cambio democrático en Venezuela. Por lo demás, la presencia de María Corina en suelo venezolano cambia la ecuación por completo. ¿Quién decide la transición? A esa pregunta los venezolanos responden hoy: el pueblo, con María Corina al frente.
En los días y meses que vienen, la seguridad de MCM será complicada. Ojalá la gestionen bien y no asuma riesgos excesivos. Hasta ahora está sana. Esperemos que se mantenga así.

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