Fachada del museo francés de Louvre en París. Foto MH Escalante
Por MH Escalante
Un año después del robo, Christophe Leribault, el nuevo presidente-director del Museo del Louvre no lo descarta. Aunque su hipótesis parezca alarmante y una mala profecía, y que al final resulte irrealizable.
Pero, después de la tempestad que sacudió al Museo del Louvre el 19 de octubre 2025 con el robo de ocho Joyas Imperiales de la Galería de Apolo, que fueron extraídas de sus vitrinas por cuatro hombres coordinados disfrazados de obreros, un domingo, a las 9h30 de la mañana, ante los ojos de algunos vigilantes y de los primeros visitantes y lo peor, frente a unas cámaras de vigilancia que cumplieron con su cometido de alertar al Puesto de Comando Central (PCC) pero demasiado tarde pues la intrusión se efectuó de forma cronometrada, en 7 minutos, y que la configuración del Museo del Louvre abarca tres estaciones de metro – Louvre, Palais Royal y Tuileries- , el tiempo se presta ahora para esta reflexión : ¿Cómo organizarlo mejor para que funcione a la altura de sus millones de visitantes, y que no le vuelva suceder lo que le sucedió?
La galería de Apolo, víctima de los ladrones de arte.
El alto funcionario evoca este cierre en entrevista concedida al periódico Le Figaro al cumplirse un año de ese robo y para alertar sobre la necesidad de destinar las sumas de dinero que requiere el museo para modernizarlo y poner en conformidad todas sus instalaciones: “Si el Louvre no se repara, adapta y transforma, acabará teniendo que cerrar”, pero no trataría de un cierre total e inmediato, sino de una consecuencia final si no se actúa desde ahora.
La venta de entradas le representa al Louvre el 40% de su presupuesto anual. Destinarle fondos públicos de inmediato es para su director una urgencia si se quiere salvarlo de la vetustez que se instala, lo cual atenta contra su perennidad. Por ello, mejor no quedarse en el lamentable acontecimiento del robo, que sin duda vino a empañar ocho siglos de historia de ese monumento erguido en el corazón de París desde el siglo XII y que con reformas arquitecturales emblemáticas, ha servido de guarnición militar, palacio real, palacio imperial, museo.
Christophe Leribault habla también de solucionar la progresiva limitación que revelan los accesos de entrada y salida y de las prestaciones de seguridad que exigen las 30 mil personas que acceden a él cada día. El cuerpo de curadores del Louvre trabaja en la obligación de conciliar protección y preservación de las obras y su exposición al público. Se deben garantizar condiciones de excelencia para un arte expuesto al paso del tiempo, a la humedad, al daño, al deterioro, a las incivilidades de algunos visitantes, a la afluencia excesiva y como en este caso, al robo.
El nuevo director de Louvre, que fue nombrado por el presidente Emmanuel Macron cuatro meses después, debió gestionar la crisis y reemplazar en urgencia a una directora que tuvo que irse después de lidiar con una huelga de personal que denunciaba la falta de agentes de vigilancia y las difíciles condiciones de trabajo para los que ya están ahí, en un establecimiento que no estaría del todo preparado para recibir a 9 millones de visitantes al año.
El Louvre y su periferia
París la ciudad del Louvre, es una capital de 2 millones de habitantes que viven al interior de sus “muros”, pero con 10 millones que habitan en una periferia organizada bajo una especie de círculos que la envuelven (de la zona 1 a la 5 ), y que tienen una relación directa con ella, no con la ciudad luz imaginaria, sino con el ente vital que cumple y satisface sus necesidades cotidianas : trabajo, estudio, relaciones familiares, vínculos de amistad, negocios…
La ciudad está conectada por una red de trenes, RER, buses y metros que convierten 50 kilómetros de distancia desde diversos puntos de ese territorio en un promedio de 30 minutos de recorrido. En esa periferia parisina se encuentran comunas acomodadas, social y económicamente, como Neuilly, Boulogne, San Mandé, Versalles y Vincennes. Y también están las más populares y hasta en ciertos puntos de ellas las más miserables como Clichy-sous-Bois, Saint-Denis, Bobigny, La Courneuve y Aubervilliers.
Los cuatro hombres que le robaron las Joyas de la Corona al Museo del Louvre habrían crecido, vivido y organizado su plan desde la comuna de Aubervilliers y sus alrededores, según la investigación de la periodista Patricia Tourancheau para su libro “La casse du Louvre”, (El asalto al Louvre) (1) .
El asalto contra el Louvre se habría orquestado desde esta comuna situada en el llamado “nueve tres” como noventa y tres (93), el número del departamento más observado de la región parisina cuando se habla de sus guetos, que se activan para revueltas en sus propios sectores pero sobre todo en París, y en donde se practican tráficos ilegales de toda índole. El 93 registra 41% de familias en la pobreza, lo que lo convierte en uno de los departamentos más pobres de la Francia Metropolitana, junto al departamento 973 de ultramar, la Guyana francesa.
“Doudou Cross Bitume”, uno de los cuatro ladrones identificados por la policía especializada pocos días después de cometido ese robo, retiene la atención de esta periodista especializada en crónicas de sucesos judiciales contemporáneos de gran impacto en la opinión pública francesa. Patricia Tourancheau siguió el caso del serial killer que asoló en el Este de París durante los años noventa, así como el del pequeño Gregory de 4 años, asesinado en 1984 en su entorno familiar y del que hasta hoy se habla en la prensa por no haber sido aún dilucidado.
Abdoulaye N. alias “Doudou” y sus cómplices Ayed G., Rachid H. y Slimane K. conforman una banda que se constituyó para trabajar para este “encargo” y que para el caso se les exigió destrezas particulares como el robo y manejo de un carro grúa, la utilización precisa de éste, la fractura de una puerta en tiempo récord, la fuerza y el tino para utilizar una amoladora angular para cortar vidrio antirrobo y enseguida para el escape, conducir una moto a gran velocidad por avenidas transitadas aún en domingo.
En cuanto a su personalidad y carácter, se les escogió por la sangre fría requerida para acceder por una fachada exterior a una sala de exposición de un famoso museo, supuestamente protegido y vigilado, y para reaccionar de forma apropiada en caso de ser frenados, – aunque no se habla de porte de armas -, así como por su control y precisión para respetar los tiempos que fueron fijados para ejecutar el robo.
Aubervilliers, la otrora ciudad obrera, la ciudad “roja” como la define Tourancheau por los alcaldes comunistas desde 1944 hasta 2020 con algunas interrupciones, que hoy alberga desde guetos multiculturales alojados en vivienda social hasta apartamentos recién construidos que son adquiridos por jóvenes familias francesas que no pueden comprar en París, vio nacer a Abdoulaye N. en 1986, de un padre originario de Mali, con 23 hijos.
El pequeño frecuentaba la calle “Landy”, epicentro de todos los tráficos en esa comuna y fue un niño solitario que dejó la escuela a temprana edad. A los 16 años se le acusa de porte y tráfico de estupefacientes, se le libera y se le obtiene un trabajo como vigilante en un espacio de exposición de arte efímero construido en cartón al pie de un inmueble de vivienda social en esa comuna de Aubervilliers.
Tiempo después, Abdoulaye N. alias “Doudou Cross Bitume” y que sería el hombre vestido de negro con chaleco amarillo que rompe las vitrinas de las joyas con una amoladora angular, pudo haber sido también vigilante temporal en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo “Georges Pompidou” de París.
Luego de identificársele como uno de los ejecutores del robo al Louvre se sabe que su principal pasión era participar en rodeos en moto nocturnos por las avenidas de la periferia parisina, en los límites del barrio XVIII de Montmartre y las puertas de La Chapelle y La Villette.
De ahí su nombre “Doudou Cross Bitume”, sus experiencias en el bitume – asfalto de las avenidas que posteriormente él subía y publicaba en plataformas como Dailymotion, o en redes sociales como YouTube y TikTok bajo ese seudónimo .
El Museo del Louvre fue violado el 19 de octubre de 2025 y una parte significativa de su patrimonio robado, – además de su valor histórico la perdida de las joyas se cifra en 88 millones de euros- sin embargo, no es la primera vez que se le viola y se le roba.
En ese sentido, Patricia Tourancheau, que tilda al Louvre de tener poca memoria, cita el caso de otro robo que parece corroborar sus palabras por tener una relación directa con la Galería de Apolo :
“La noche del 15 al 16 de diciembre de 1976, dos ladrones no identificados utilizaron un andamio para escalar por la fachada de la misma Galería de Apolo, que contiene las joyas de monarcas y emperadores, pegaron y amarraron a dos guardias, fracturaron la misma puerta del balcón y se llevaron la Espada de Coronación de Carlos X, con empuñadura de plata incrustada de diamantes y hoja damasquinada de oro”.
El 3 de mayo de 1998, es decir 22 años después de aquel suceso, ocurre otro lamentable como el robo del lienzo “El camino de Sèvres” del pintor francés Camille Corot, efectuado un domingo de entrada gratuita, en medio de centenares de visitantes por las salas de Pintura Italiana y La Gioconda de Leonardo da Vinci que se encuentra desplegada en el primer piso del Ala Denon, pero con menor afluencia ese día por las salas de Pintura Francesa situadas en el segundo piso del Ala Sully, el sector más antiguo del museo. El ladrón logró separar el lienzo del marco cortándolo con una navaja y pudo abandonar el lugar con el “Corot” entre sus pertenencias.
Desde entonces, el Museo del Louvre no tiene noticias, ni de la espada de Charles X ni del lienzo de Corot.
En cuanto a las ocho joyas que le fueron robadas en octubre de 2025, éstas tienen una identidad oficial, son inalienables por lo cual no pueden ser vendidas en el mercado legal, pero se teme su desmontaje: diamantes, esmeraldas, zafiros y perlas que pueden ser arrancados, o que se arrancaron ya, de diademas y collares imperiales, para negociarse “a la unidad”.
Tras este último robo con tintes “cinematográficos”, de joyas que seguramente ostentaron por esos mismos recintos las emperadoras María-Luisa, segunda esposa de Napoleón I y Eugenia, esposa de Napoleón III, sobrino del primero, y por la reina Hortensia de Holanda, y que habría portado también la Emperatriz Josefina, la primera esposa abandonada de Napoleón, el tiempo del apaciguamiento y de la calma no ha llegado aún para el Museo del Louvre.
Directores
Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos.
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