Por Gabriel Ortiz
Difíciles quimeras y contiendas ventilan al presidente ADLE, como lo identifica el exvicepresidente Humberto de la Calle, o ABDE según María Isabel Rueda. No han transcurrido aún los primeros 100 días de tregua que se fijan los mandatarios para hacer un cálculo de clasificación a sus mandatos. Le cayó un destructor terremoto y se ha conocido la tragedia de una carga económica que le dejaron 4 años de Petro y sus adláteres.
Todo esto y mucho más han llevado a ADLE, a sus ya acostumbradas charlas dominicales de televisión para apresurarse a evaluar toda su obra de gobierno, pero centrada en lo que considera como censuras y críticas infundadas a lo que va de gestión.
Ha querido, hasta ahora, realizar 8, 9 y más biopsias y análisis de cuanto quiere realizar en sus cuatro años. Hay cosas que caen bien, pero otras que no alcanzan a ser digeridas por su audiencia. Podría decirse que aún queda un volumen de los adeptos que por el votaron y que se suman al bien querer. Pero también los hay que lo critican y no le perdonan su triunfo y fustigan hechos como el del Museo Nacional. Esto sucede durante todos los gobiernos y con mayor frecuencia cuando los triunfos no son tan contundentes en las urnas.
Pero ADLE sale dominicalmente a defender su temprana gestión. No se refiere, desde luego, a intempestivos despidos, como el de su ministro del interior Rodrigo Lara, que es una persona muy apreciada en Colombia. Ha sido víctima de la violencia. Quedó huérfano por acción del narcotráfico que asesinó a su padre Rodrigo Lara Bonilla, un compatriota irreemplazable, a quien mucho le ha quedado debiendo esta patria.
Ese despido fue fatal y estaba cargado de cierto tufo de venganza por negarse a designar una viceministra poco preparada, pero muy recomendada por Carlos Suárez, que es una especie de mandatario adlátere y acolito del presidente.
Hay otras cosas que fastidian o molestan a esa mitad de gente que no salió a votar ese 21 de junio.
Esas molestias y fastidios los expone al revés el señor presidente tanto en público como en privado. Por ejemplo: no los oculta con el periodismo. Ni siquiera dio un saludo a la 82 Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa SIP, que se acaba de reunir en Colombia.
Sí aprovechó para irse contra la prensa, cuando denunció el domingo a los medios con estas palabras: “Hay ciertos sectores del periodismo que están desatados” contra su gobierno e incluyó en ese lugar -de desatados- a los “propietarios del poder y a la izquierda radical”.
ADLE, no profundiza en sus críticas contra la prensa a las “bodegas” que tanto adornaron, exaltaron y sublimaron su campaña y la de Iván. Desconoce las “bodegas” financiadas por los políticos y por quienes aspiran y llegan al poder. Esas bodegas han elegido a quienes nos gobiernan desde hace tiempo. Los medios reales, los que investigan y ejercen la profesión con rigor, no se pueden catalogar como esas bodegas que pervierten la verdad. ¡El periodismo es otra cosa, señor presidente!
BLANCO: La dictadura fiscal, esa que se aplica cuando el Congreso no aprueba el presupuesto, deja en manos del presidente la situación fiscal de la nación. Pero: cuidado con llenarnos de impuestos.
NEGRO: El presidente de la Espriella, anunció que racionará agua y energía para superar el problema del Niño. El país espera que le diga cómo lo hace, para seguir su ejemplo.

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