Jesús Gonzalez Barcha, MD
| De la infancia, el tema de salud que recuerdo es el de la anemia. Creo que la anemia y los parásitos eran dos de los grandes fantasmas de los padres y abuelos. Bastaba que un niño estuviera pálido, flaco o sin ganas de jugar para que apareciera alguna madre con el diagnóstico listo: “Ese muchacho tiene anemia… ”. Y detrás venían el hígado, algún jarabe con hierro y, con frecuencia, una purga que uno recuerda con cierto resentimiento. Yo, por ejemplo, no he olvidado el Piparsol 25, un desagradable jarabe verde con el que mi mamá nos perseguía 3 veces al año “por si acaso teníamos lombrices” |
| Hace poco, en una de mis caminatas de las seis de la tarde, una paciente me “capturó”, sacó el teléfono y, con esa sonrisa de triunfo que yo normalmente reservo para cuando encuentro dinero olvidado en el bolsillo de un pantalón viejo, me mostró sus resultados. “Barcha, mira, la hemoglobina está normal. Entonces de hierro estoy perfecta”. No necesariamente. La hemoglobina nos ayuda a saber, entre otras cosas, si ya existe anemia, pero no nos cuenta toda la historia. Es como revisar tus finanzas mirando únicamente si este mes te alcanzó para pagar las cuentas: puedes haber pagado la cuota del préstamo, los servicios y las tarjetas, mientras llevas meses sacando dinero de los ahorros. El organismo puede hacer algo parecido: mantener la hemoglobina todavía muy digna dentro del rango mientras va consumiendo lentamente sus reservas de hierro. Por eso podemos tener deficiencia de hierro sin anemia. |
| Cuando sospecho que puede haber una deficiencia de hierro, no me conformo con mirar solamente la hemoglobina. Suelo pedir también ferritina, porque puede mostrar que las reservas ya están disminuyendo aunque todavía no exista anemia. En otras palabras: la hemoglobina me dice si ya estamos en números rojos; la ferritina me ayuda a saber si llevamos tiempo gastándonos los ahorros. |
| Y esto me interesa especialmente en quienes ya pasaron de los 60 años. A esa edad no deberíamos despachar una hemoglobina baja con un simple “bueno, serán los años”. Los años explican las canas, las arrugas y hasta esa curiosa costumbre de contar la misma historia más de una vez; no explican por sí solos una anemia. |
| Esto es todavía más importante en personas con enfermedad cardiovascular. Mi paciente, por ejemplo, tiene diabetes de varios años de evolución y ya había compromiso cardíaco. En alguien así, una anemia no es un detalle menor: la hemoglobina es la encargada de llevar oxígeno a los tejidos, y a un corazón que ya trabaja bastante con sus propios problemas no es sano pedirle, además, que funcione con menos oxígeno disponible. |
| Pero tampoco quiero que mañana aparezca media audiencia de esta newsletter haciendo fila para comprar hierro. El objetivo no es subir la ferritina por deporte, es entender por qué está baja. En una persona mayor puede haber pérdidas por microsangrados en las vías digestivas, problemas de absorción del hierro, enfermedad renal, inflamación crónica, alimentación insuficiente u otras causas que merecen investigación. Y hay otra pequeña trampa: con la inflamación la ferritina puede subir y parecer tranquilizadora aunque exista deficiencia de hierro; por eso las guías actuales recomiendan interpretarla junto con la saturación de transferrina en ese escenario. Así que la próxima vez que veas una hemoglobina normal, puedes sonreír. Yo también lo hago. Pero no tanto como cuando encuentro un billete en un pantalón viejo, porque en medicina una hemoglobina normal significa exactamente eso: la hemoglobina está normal. Todavía nos falta averiguar cómo está la despensa. |

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