Por Elizabeth Mora-Mass
Hace 25 años esta reportera era editora de Beverage World en Español y mi oficina quedaba en Broadway y la 4. Por esta razón, vi los ataques en vivo y en directo. Mirarlos fue una verdadera pesadilla. Las personas se lanzaban desde los ventanales, los gritos de dolor se escuchaban por doquier y el humo nos hacía toser, mientras los ojos ardían hasta las lágrimas. Lo peor era el olor a carne asada que se esparcía por todos lados. Por años fui incapaz de comer carne asada y/o participar en una parrillada.
Aquellas fueron una de las horas más espantosas de mi vida. No sabíamos si el próximo ataque sería contra nosotros, o si el objetivo habían sido solo «Los Gemelos», como llamábamos a las airosas torres, símbolo de la pujanza de Nueva York y el éxito de Wall Street.
Horas después de que las edificaciones fueron destruidas, el administrador de nuestro edificio se dirigió a todas las oficinas por altoparlante. «Ustedes son aproximadamente unas 15,000 personas que provienen de 64 países y hablan más de 35 idiomas y dialectos, les solicito su ayuda ya sea para que colaboren como traductores en los hospitales y en las afueras de las estaciones de policía y del cuerpo de bomberos o para que donen sangre. Tenemos miles de heridos», afirmó con voz ronca.
Más o menos unos 1,600 nos inscribimos para ayudar. Como yo siempre he gozado de muy buena salud, me ofrecí para donar sangre.
Aquello que vivimos era una ciudad unida por el dolor y el miedo. Una ciudad compacta y acongojada que enfrentó los hechos de perder cerca de tres personas, muchas otras heridas y todo un pueblo acompañado por las fuerzas del orden para ayudar a que la Gran Manzana volviera por sus fueros. Las víctimas fueron siempre «víctimas» y los responsables de la seguridad, en alguna forma «héroes», al igual que los miles de voluntarios que se aprestaron a hacer la limpieza y la reconstrucción.
Lo que más me duele ver hoy día es ver cómo de aquella ciudad unida no queda ni la sombra. Tanto al presidente Donald Trump como al alcalde Zorhan Mamdani, el Comité Coordinador del 25 aniversario del 9-11 les solicitó no hablar. A Trump por su manejo de la inmigración y a Mamdani porque lo acusan de admirar y defender a Khalid Sheik Mohammed, quien se autoproclama como el autor intelectual del 9-11 y está preso en Guantánamo.
De aquella discusión que tuve en la Universidad de Columbia, mi alma mater, sobre el narcotráfico, tampoco queda nada. En mi Escuela de Periodismo es «pecado» defender a los judíos, o decir que tanto Palestina como Israel tienen el derecho a existir como estados soberanos. Vivimos en una época en casi todo el mundo tiene su propia opinión, pero nadie respeta la opinión del otro. Nos escudamos en que somos liberales, conservadores, socialistas o de la MAGA para insultar y atacar.
Bomberos y policías son víctimas de ataques armados, al igual que los judios y las personas LGTB, mientras que los agentes de ICE se han convertido en el símbolo del miedo.
Si Dios no lo quiere y ocurre otro 9-11 ¿Qué pasará?

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