Por Edgar Hozzman
“SI LO DEL TRÁNSITO SE ARREGLARA CON LICENCIAS, HACE RATO LA MORTALIDAD EN ACCIDENTES SE HABRÍA REDUCIDO”, Alvaro Uribe González
Álvaro Uribe fue uno de los grandes locutores de Colombia: privilegiado con una bella voz, talento, estudio, crítico e historiador.
Defensor de la radio, porque “la radio sola es un noticiero”, no está de acuerdo con las licencias de radio, oye pero no escucha los programas vespertinos y se retiró de la Asociación Colombiana de Locutores por discrepancias con sus colegas que nunca quisieron que se profesionalizara el trabajo.
Le encanta la docencia porque “los niños son los que enseñan”, sigue grabando comerciales pero a su precio, añora a Radio Santafé donde tuvo sus mejores años y dice que los locutores no son una especie en vía de extinción, porque “antes de la rueda el hombre erecto descubrió el habla. Esta no se acaba nunca: se acaban los cerebros que no saben cómo usarla. Ningún robot nos remplaza”.
–¿Cómo llegó a la radio?
–Llegué a la radio antes de ser bachiller. En el año 16 de mi vida. Min comunicaciones hacía cursos de ocho meses en el edificio Murillo Toro, curso diario en el que nos enseñaban fonéticas de cuatro idiomas, teatro, escritura de libretos para radio y televisión
–¿Jorge Bernal fue un visionario de la radio?
–Jorge y Enrique, su tío, eran tipos muy queridos. El visionario era Hernando Bernal Andrade: pagó a muchos de los más costosos y mejores de la época para alcanzar lo que logró: mantener durante varios años a Radio Santafé en lugares privilegiados de sintonía, sin que fuera parte de ninguna Cadena.
–¿Cuál era el elenco de locutores que dirigió en Radio Santafé
–Espero no hacer omisiones: Manuel Escobar Martínez, Hernando Perdomo Ch. (en esa época existía la «che»), Armando Osorio Herrera, Juan Caballero; otros de apellidos Gómez y Guillermo Bazzani.
–¿Quién descubrió el encanto de su voz?
–El primero un perifoneador de taxi que anunciaba toros y peleas de lucha libre. “Mire: si yo hablo por aquí, ¿cómo sería usted en una emisora de radio?
–¿Para quién grabó el primer comercial?
–Para una agencia que se llamaba Propagandas y Publiservicios que orientaba toda la parte comercial del Reinado Nacional de Belleza y el desarrollo de la cuenta de Max Factor.
–¿Por qué se retiró de la ACL, Asociación Colombiana de Locutores?
–Fui su secretario. Propuse que presentásemos- teníamos los caminos- un proyecto de Ley para que la locución fuese considerada como una profesión en la que estudiásemos antropología, sociología, geografía, historia, economía y tres idiomas, al menos. El único graduado de una Universidad (la Nacional) era yo. Dos o tres más prácticos me dijeron que estaba loco: que los locutores, que somos estrellas no necesitamos profesión… Los locos se alejan de los cuerdos, de los sistemas tradicionales…
–¿El gobierno debe volver a exigir la Licencia de Locución?
–Si lo del tránsito se arreglara con licencias, hace rato la mortalidad en accidentes se habría reducido. El asunto es de la idoneidad que debe tener quien desempeña un oficio, una actividad profesional. En el caso del locutor su «licencia» debe ser equivalente a la capacidad para no escribir o decir expresiones contra la realidad de la historia, de la geografía y, ante todo de la sintaxis del idioma.
–¿Los locutores son una especie en extinción?
-Antes de la rueda el hombre erecto descubrió el habla. Esta no se acaba nunca: se acaban los cerebros que no saben cómo usarla. Ningún robot nos remplaza.
–¿Cómo era al Dr. Humberto Martínez Salcedo?
-De los más queridos tipos de la Bogotá que se abría camino a la transición entre el cachaquismo del novecientos y comienzos del siglo veinte y la insurgencia de los «nuevos ricos intelectuales»

Alvaro Uribe, el profesor de economía de la Universidad Nacional de la cual era egresado e ideológicamente distanciado del «tocayo» ex presidente de Colombia. Foto Infobae
–¿Cómo fue su paso por «El Corcho» y «El Pereque»?
–Quien tuvo mucho que ver en la locución de ellos se llama Carlos Martínez García. Yo, colaborador espontáneo por ser Director de Noticias de Santafé los acompañaba en sustitución de los que no aparecían. Pero sí hacía parte de la bohemia en la que gozábamos los cantos y bailes de Lyda Zamora en un bar pequeño que quedaba entre las calles 22 y 23, sobre la novísima, para entonces, carrera Décima, la que hizo Mazuera Villegas
–¿Ha escuchado los programas caricaturescos vespertinos?
–Si. Ocasionalmente.
–¿Cómo descubrió a Armando Osorio Herrera como locutor de noticias?
–Le abrí las puertas a Santafé porque me encantaba su timbre de voz. Él fue quien se descubrió investigando, buscando, escribiendo y leyendo la noticia cada cuarto de hora en Santafé.
–¿Por qué decidió establecer su propia tarifa para la grabación de comerciales?
-Simple: pagaban bien. Y podían pagar mejor: cuando dije vale el doble se me duplicó el volumen de órdenes de producción.
–¿Qué materias dicta en la Universidad Nacional?
-Hoy solo una «Habla y texto», gracias al Departamento de Bienestar de la Universidad. El nombre, en mi lenguaje, es solamente «hablar bien y escribir mejor”.
–¿Escucha radio? ¿A quién escucha? ¿Cómo se informa?
–Algo. A nadie en especial. Todo hoy informa y desinforma. Ya no hay periódicos como fuente única, se ve la internet y se confronta.
¿Por qué decidió hacer de los locutores comunicadores integrales?
Escasamente lo he pensado. Espero alcanzar la meta de que la locución se haga responsable de su función dentro de la sociedad.
-¿Además de Radio Santafé en qué otra frecuencia trabajó?
–Muy pocas. Mi estada en la radio fue breve. Fundé el Canal de Color. Dirigí la Cadena de las Voces Amigas, de Unión Radio. Estuve en Radio Modelo y finalmente en Todelar y su noticiero con personas como Carlos Arturo Rueda, el «campeón de verdad», Alberto Giraldo, Andrés Salcedo, Miguel Granados, Alberto Díaz Mateus…
–¿Armando Plata es uno de sus grandes admiradores. ¿Cómo se conocieron?
-Como se conocen los del medio: la nueva ola y la vieja ola. Yo fui llamado el “director de la nueva ola». Y cuando grababa comerciales me tropecé con Armando; yo era para él como de la vieja ola, con los pocos años de diferencia, algo así como treinta…
–¿Por qué no aceptó la oferta de Enrique París para trabajar en Caracol estéreo?
–Porque yo promovía a Caracol Radio y a Caracol Televisión, y la propuesta de Caracol Estéreo no era complemento de las otras dos.
-¿Por qué llevó a Juan Caballero a Radio Santafé?
–Porque para mí era la mejor voz masculina de la época. Lo quería Buck Canel para su Cabalgata Deportiva Gillette.
-De la gran cantidad de comerciales que grabó, ¿cuál es el que más le suena?
–Varios: Costeña y Costeñita: tan buena la grande como la chiquita; Lápices de colores y plumones Prisma color.
–¿Cómo era Jaime Martínez Solórzano?
-Como la punta de lanza de Mil Veinte (emisora) cuando impusieron los “dos pegaditos”.
–Gonzalo Ayala es otro de sus grandes admiradores. ¿Dónde se conocieron?
–Natural, fácilmente: yo era, a los 17, subdirector de Emisora Mil Veinte. Y a renglón seguido de la Revolución cubana los exilados ricos, como los Pumarejo creadores de la televisión a color en Cuba, vinieron a Colombia y fundaron empresas como almacenes Raylan y la primera productora de radionovelas independiente que hubo en Colombia. Se llamaba Sigacol. Quedaba en local contiguo al de la Mil Veinte. Gonzalo fue descubierto, no sé por quién como el gran narrador, que lo fue, sin duda. Cuando se hizo más famoso lo llevaron a la Televisora Nacional a hacer una novela en la que oficiaba de médico: Germán Ardila, Ernesto Rodríguez Camacho y yo, en tono no muy serio lo marcamos como el “doctor Kildare”.
No se me han agotado ni el tiempo ni la memoria: solamente el espacio para que Hozzman disponga de, siquiera, media cuartilla.
–¿Qué música escucha?
–Todo lo clásico desde vallenatos hasta Beethoven, Mozart, Bach, pasando por tangos y rancheras.
–¿Una película?
–El mago de Oz-

Alvaro Uribe González fue la voz insignia de Radio Santa Fe y la voz de los más grandes productos comerciales del país. Foto Armando Plata/Google.
–¿Le hace falta Radio Santafé?
–Es al revés: a Santafé y a otras les hacemos falta otros y yo.
–¿Tiene futuro la radio?
–Lo único que no tiene futuro es el pospretérito. La radio se acaba al tiempo con la existencia del hombre de hoy.
–¿Cómo ve a Caracol en la actualidad?
-La que veo, un chorrero de sangre. Ellos sabrán cómo aumentan el rating. Y en la de la radio con dos o tres excepciones no da ganas de oírla.
–¿Qué programas escucha?
–Oigo, más que escuchar, el de Antena Dos al mediodía, salvo la “homilía” de su director. Antes el que hacían Peláez y Mejía en Caracol.
–¿Ha vuelto a escuchar La Luciérnaga?
–Le insisto: una cosa es oír y otra, bien diferente escuchar. Me gustaba lo de Hernán Peláez que a la manera de Felipe el compañero de Emeterio contrastaba, en tono serio, los apuntes de quienes hacían el humor.
–¿Qué programa le hace falta a la radio?
–Uno de radio: radio es indicarle al público cómo orientarse; no es indicarle qué debe hacer ni cómo pensar.
–¿La desaparición de los noticieros fue fatal para la radio?
–La radio sola es un noticiero. El hecho de que desaparezcan “Orientación la tribuna de la patria”, Mirón, “Democracia”, la de Turbay, no significa que hayan desaparecido los noticieros. Si la radio, como debe ser es un noticiero permanente no puede desaparecer. Los que deben desaparecer son los que la dirigen con la idea de que noticia es sólo lo cruel, lo llamativo, lo morboso. La radio, por ella misma, es un noticiero continuo.
–¿Qué bueno encuentra de las emisoras online?
-Todo lo que es buena comunicación merece consideración especial. El camino de ellos es más duro que el que nos tocó a los de la pre-vanguardia del A.M. y de la F.M. Debemos apoyarlos.
-¿Tienen futuro esas emisoras?
-Otro que no tiene futuro es el pasado.
–¿Tener buena voz ya no es importante para la radio?
–¿Qué es tener buena voz? Para mí apenas es la facilidad, el don natural de lograr que los demás lo oigan y lo COMPRENDAN.

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