Dos clases de demócratas

Vista exterior. You Tube

Por Jaime Lopera

 Hay dos clases de demócratas: los demócratas X que hablan de los derechos humanos, del respeto a los demás, de las conciencias libres, de la tolerancia…pero, después que han hablado de eso, actúan en la realidad en forma contraria: son mandones, regañones, incapaces de aceptar que existan otros pensamientos, y dispuestos a prender sus antorchas a los que no piensan como ellos.

“Qué buena es la democracia, hijo, hay que tolerar las opiniones ajenas” dice un padre a su hijo. “Papá, mi amigo Pablo del colegio opina que ser gay no es dañino”. Contesta el padre: “¡Cómo te atreves a decir eso; ser gay es una vergüenza, no debes opinar igual a Pablo. Te prohíbo juntarte con él, es un depravado”.

 El demócrata Y, por el contrario, habla de la democracia como el más alto grado de tolerancia; piensa y actúa de la misma forma; su corazón está en consonancia con su comportamiento. No regaña a su pareja, ni le responde en forma altanera sino que elige el diálogo para mantener la armonía sin que uno y otra renuncien a sus ideas y creencias. El no trata de modificar el pensamiento ajeno, lo respeta a tal punto que solo desea comprenderlo. Mientras el X dice que todas las ideas creativas pertenecen a unos pocos, el Y dice que la creatividad no es un privilegio de unos pocos sino que está esparcida por igual entre los seres humanos. El X le niega la remuneración legal a sus empleados y encuentra subterfugios para ocultar sus derechos; el Y no solamente respeta al otro como ser humano, sino que le paga todo el salario y le reconoce todas las prestaciones legales. El es feliz cuando evoca a los déspotas y admira a los autoritarios; el Y los combate en vivo y en directo por el perjuicio que le hacen a su moral.

Hay cientos de demócratas (los conocemos, tomamos café con ellos) que se autoproclaman o fingen poseer las virtudes del Y. La hipocresía marca el rumbo de sus vidas. Pero, saliendo de su discurso en la cafetería, son unos X insoportables que llegan a su casa a ponerse su cara de animal dominante con el cual infunde miedo a los suyos. Un Presidente colombiano fue muy aceptado cuando nos mandó a acostar muy temprano …y la nostalgia de ese día todavía se comenta en muchas conversaciones de sus admiradores.

Estamos plagados de X que dicen pensar una cosa, pero actúan de modo totalmente opuesto. También existen muchos que añoran la disciplina para perros para tener seguridad en el mundo; y les encanta ser sumisos para no tener que pensar y que otros piensen por ellos. Como los Y son contados con los dedos de una mano –yo mismo estoy tratando de serlo hace mucho tiempo–, ahí está el desafío de los próximos años. El que no acepte esa coherencia entre pensar y actuar, mejor quédese callado sin hacer bulla y rumiando sus propias vergüenzas. ¿No es desde aquí donde nace la violencia familiar? La democracia es el nombre del juego para los demócratas que algún día dominarán la tierra. 

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