
Enrique Santos Calderón
Uno de los claros vencedores de las elecciones del pasado 8 de marzo ha sido el presidente Petro. Muchos podrán fruncir el ceño con esta afirmación, pero los hechos son tozudos y las cifras no mienten.
Su movimiento político, el Pacto Histórico, pasó de 20 a 25 curules en el Senado y le sacó más de un millón de votos de ventaja al partido siguiente. Se consolida así la izquierda como la primera fuerza en un país que venía dando crecientes muestras de derechización. Un hecho histórico que redefine la correlación de fuerzas políticas hacia el futuro.
No significa que la izquierda tenga asegurada la presidencia de la República en los comicios venideros. Falta mucho trecho hasta el 31 de mayo y aquí nunca se sabe dónde brinca la liebre. Por eso vale la pena estar atentos a todos los quiebres y sobresaltos que se presentarán. También a lo que, de aquí a allá, dicen y no dicen los principales aspirantes a la jefatura del Estado. Porque a veces por la boca muere el pez.
Me llamó la atención que una persona usualmente controlada y tranquila como Iván Cepeda, un candidato casi seguro a segunda vuelta, se hubiera salido de casillas con las críticas a su fórmula vicepresidencial y anunciado con demandar penalmente a un ciudadano que calificó a la lideresa indígena Aida Quilcué de impreparada e incapaz. Comentario descortés, sin duda, pero que no da para tanto.
Mucha gente piensa lo mismo y personalmente creo que Cepeda no acertó con esta escogencia. Es una candidata “endogámica”, como apuntó el analista Gabriel Cifuentes, que viene de las entrañas del Pacto. Simbólicamente valiosa y sin duda valiente, pero que no convoca a otros sectores y poco o nada aportará a la ampliación de las consolidadas bases de izquierda del Polo.
Mejor lo ha sabido hacer la candidata de la derecha, Paloma Valencia, al vincular como su fórmula a una figura novedosa y fresca: el economista Juan Daniel Oviedo, quien no ha ocultado que tiene diferencias con Paloma ni tampoco que es homosexual. “No soy cualquier marica. Soy un marica que quiere representar a todo el país”, dijo en respuesta a burlas homofóbicas de Abelardo de la Espriella, a quien le salió el tiro por la culata.
Una frase que refleja su peculiar carácter y que hace algunos años hubiera resultado insólita y hasta escandalosa en una Colombia aún machista, confesional y muy católica. Pero ya no. Los tiempos están cambiando, como entonaba Bob Dylan en The Times They Are a-Changin’, que se convirtió en una de las mejores canciones de todos los tiempos.
También llama la atención que personajes de la derecha dura y pura como Fernando Londoño Hoyos anuncien que no votarán por Paloma Valencia, presumiblemente porque no se identifican con alguien tan heterodoxo y poco convencional como el designado vicepresidente. Que, además, apoyó el proceso de paz que Londoño quería “volver trizas”. No dudo de que muchos uribistas comparten las reservas de su jefe histórico frente a quien ha designado como vicepresidente.
A todas estas, entre la oposición se multiplican contactos y movidas para acordar la persona que con más contundencia pueda enfrentar al candidato del gobierno. Se está gestionando un auténtico “Toconcep” (Todos Contra Cepeda), que solo podría concretarse después de la primera vuelta presidencial. Y habrá que ver si los que no salen favorecidos sí se unen al frente anticepedista para la ronda final.
Veo muy firme la candidatura de Paloma Valencia, creciendo —pero aún débil— la de Sergio Fajardo (mi candidato) y totalmente estancada la de Abelardo de la Espriella. Aún puede haber sorpresas y será una elección interesante que confirme la solidez de la democracia colombiana, como lo han señalado observadores y testigos internacionales. Habrá actos aislados de violencia, compra de votos, traslado y constreñimiento de electores en zonas donde aún mandan el gamonalismo tradicional o los grupos armados de siempre. Pero en un país diferente y todo “dentro de sus justas proporciones”, según la inmortal frase del expresidente Turbay Ayala sobre la corrupción política en los años setenta.
P.S: Guillermo Valencia, bisabuelo de Paloma Valencia, persiguió y desterró a Manuel Quintín Lame, dirigente indígena del Cauca y abuelo de la candidata a la vicepresidencia, Aída Quilcué. Ironías de la historia que han pasado desapercibidas.
