
Enrique Santos Calderón
Hoy los colombianos votarán en una elección legislativa y de consulta presidencial que bien puede ser la más confusa, pero también la más significativa en la historia reciente del país.
Más de una docena de aspirantes a la presidencia, injerencia de redes sociales cada vez más beligerantes, conformación del Congreso que tramitará las últimas iniciativas del gobierno Petro son factores que le dan especial relieve a esta jornada, que también señala que hemos avanzado en materia de tolerancia y cultura democrática.
Todo indica que la participación electoral pasará del 60 % y ya no se escuchan llamados a la abstención beligerante ni al boicot de la “farsa electoral”, que eran propios de la izquierda radical. “El voto es un robo” y “pueblo con hambre no vota: se organiza y lucha” eran las consignas de grupos inconformes que consideraban los comicios como una forma de apuntalar el sistema imperante.
Tampoco deja de ser significativo que el más persistente y violento saboteador de las elecciones en el pasado, el ELN, haya anunciado un “cese de fuego unilateral” y que no interferirá en el proceso. Aunque el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, dijo no creer en la palabra de los elenos, mientras, por otra parte, las disidencias FARC asesinaron en Caquetá a tres soldados que custodiaban las instalaciones de puestos de votación en Cartagena del Chairá.
No serán estas las primeras elecciones bajo el fuego que se realizan en Colombia. En los últimos cincuenta años la mayoría se ha celebrado en delicadas situaciones de orden público, en un país que vivía en estado de sitio permanente. Basta recordar las continuas amenazas y chantajes del narcoterrorismo en fechas como esta, o el ataque con morteros de las FARC contra la Casa de Nariño el día de la posesión presidencial de Álvaro Uribe, que dejó 23 muertos.
Hoy se estima que hay más de 150 municipios en riesgo por posibles delitos electorales o factores de violencia, aunque esta circunstancia no impedirá que, gracias al despliegue de más de 240 mil soldados y policías, se pueda elegir en casi todos ellos. Otra cosa, más improbable, es que se logre controlar la compra de votos y otras formas de corromper la voluntad del sufragante. ¿Quién puede condenar al poblador con hambre que entrega su voto por un sancocho?
Los reiterados llamados que han hecho el Estado y los medios a los ciudadanos a votar libremente y a no dejarse comprar o presionar seguramente calarán. Hasta cierto punto, porque las raíces del mal son profundas y viejas y muy extendidas son las formas de pervertir el proceso electoral. Habrá que ver si las drásticas medidas del gobierno contra la compra de votos tienen efectos ejemplarizantes y son sancionados sus verdaderos promotores. Y no el que peca por necesidad.
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Colombia ha registrado los mayores índices de violencia política en el hemisferio, pero también la más larga tradición ininterrumpida de regímenes civiles con elecciones libres y sin golpes militares. Una característica singular y tal vez contradictoria de nuestra democracia, que hoy enfrenta una prueba más. Sobre su importancia todo se ha dicho y se han divulgado ampliamente los nombres de muchos candidatos cuestionados —195 según la Fundación Pares— que aspiran a ser reelegidos.
Sería lamentable que al Congreso regresaran tantos pícaros y personajes oscuros que utilizan la política para el lucro personal y son expertos en perpetuarse en sus cargos. Es un riesgo evidente aunque, como vaticinan algunos analistas, puede haber grandes sorpresas. El país ha cambiado y la gente también. Espero, finalmente, que al Senado llegue Ariel Ávila y a la Cámara Julia Miranda, dos figuras serias que merecen el respaldo ciudadano.
P.S.1: Mientras el presidente Petro insistió hasta el final en cuestionar la integridad del sistema electoral, el expresidente Uribe dijo que confiaba plenamente en la transparencia del registrador. Me identifico más con esta actitud, y cabe esperar que la del primer mandatario no sea pretexto para descalificar los resultados de hoy si no favorecen a sus candidatos. ¿Qué dirá si salen favorecidos?
P.S.2: Después de sus devastadores bombardeos contra Irán y de haber sometido al gobierno venezolano, Trump pronostica el inminente colapso del régimen de Cuba. Esta “cereza del pastel”, como la califica, sería el más profundo cambio geopolítico del siglo en el hemisferio. Y en su renovada ofensiva militar contra los carteles de la droga habrá que ver qué planes tiene para Colombia. Los bombardeos del viernes en la frontera con Ecuador no son un buen presagio.
