Blanco y Negro. Frenetismo electoral

Cuando se posesionó Gustavo Petro Urrego como presidente de Colombia, anunció que respetaría la Constitución y las leyes. Foto Presidencia

Por Gabriel Ortíz

Cualquiera enloquece con un gobierno como el actual. Sus cinco sentidos buscan escapar o desaparecer, antes de que la intolerancia y frenetismo les invada la razón.

Colombia nunca creyó que alcanzaría los destinos a los que ciertos personajes la han conducido, pero le llegó ese momento al escoger democráticamente el personaje que le marcara el peor de los caminos. Así ha alcanzado la Casa de Nariño quien nos ha descuadernado por casi 4 años.

Nuestra nación ha sido engañada desde ese 7 de agosto de 2022, cuando Petro tomó posesión. 

Este mandato, con esas ofertas podría tenernos hoy al frente de las naciones más prometedoras y pujantes de este continente. La riqueza, la sensatez, la producción, el progreso, el empleo, las libertades, la democracia, el afecto, la armonía y demás pronósticos, estaríamos en la cúspide.

Seríamos una nación armónica, sin odios clasistas. El gobernante no tendría que financiar ni patrocinar manifestaciones cuyo objetivo condujera a sembrar el odio entre ricos y pobres, porque no habría la desigualdad actual.

Y lo más grave: ir desde un principio por una reelección, o sostenimiento del sistema que soportamos. 

Petro, el destructor, el embaucador, el amo y quienes se han encargado de la corrupción, ven pasos de animal grande en las elecciones que se avecinan. Esas de congreso y presidente, las que nos podrían sacar del remolino actual y llevarnos en paz y progreso hacia nuevos horizontes con equidad y tranquilidad entre ricos y pobres.  

Quien hoy gobierna, está intranquilo, turbado, frenético. Ve cómo se le agota el tiempo, cómo lo acosan los meses y lo invade el frenesí. Los nervios le turban el pensamiento porque no le salen los resultados electorales… y los ve alejarse con asombro. Como todos los perdedores, busca formas para descalificar la realidad.

No cesa en calificar de fraude los resultados que elegirán a quien lo sucederá. Todo lo lleva a desconocer la voluntad de los millones de colombianos que le aplicarán el “cuyo”… cuyo mandato terminó. Por todas partes ve malos manejos de las elecciones: fraude. Se niega a mirar los resultados de su gobierno, el desastre y despilfarro. 

El Procurador, hombre de gran juicio y capacidad analítica, calificó a Petro como un “despistado”, un frenético que ha perdido la razón. Y mientras ello ocurre con esas debilidades cerebrales, quienes manejan el tema electoral, realizan ejercicios y pruebas que muestran otro panorama: legalidad total.

El frenetismo de Petro lo ha llevado a proponer que sean soldados los testigos electorales, es decir olvidó que Colombia es aún una democracia, que respeta la Constitución y las libertades.

Como le quedan algunos días, ¿quién sabe cuantos desaforados pensamientos rondarán esas neuronas?

BLANCO: Cayó en Chaparral, Tolima gran explotación ilegal de oro. Fue un gran golpe contra las mafias del narcotráfico.  

NEGRO: Increíble el nepotismo del ministro de salud. Muchos parientes empleados y negociando, pero nada de medicamentos ni atención médica.

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