Vidas para lelos: Gabo y Egan (2)

GArcía Márquez chuzografiando noticias cuando trabajaba en la agencia Prensa Latina, en Bogotá. La agencia cubana fue abierta por el maestro Guillermo Angulo quien importó de Caracas a Gabo y a Plinio Apuleyo Mendoza para que se pusieran al frente de la tienda.

Por Oscar Domínguez G. Diario El Colombiano, Medellín

El Nobel García Márquez no se dejó afrijolar la Cruz de Boyacá ni de su amigo el presidente Belisario.Egan Arley Bernal Gómez ha estado retrechero para recibir idéntica condecoración.

Por lo pronto, le basta con la Orden de la Sal que Zipaquirá les otorga a sus mejores pupilos.Rosa Fergusson fue la maestra que le enseñó al niño Gabo a maridar vocales y consonantes.

Ester Cortés le metió a Egan en el disco duro el abc del pedaleo.El Nobel cantaba boleros para buscarle la caída al billete. Como los terrenos de la poesía son extraños, un bolero lo llevó a Zipaquirá. Un pasajero que lo oyó cantar cuando navegaban por el río Magdalena le pidió la letra del bolero para dedicársela a su amada.

El pasajero era el jefe de becas del ministerio de Educación. En reciprocidad, influyó para que el joven desembarcara becado en Zipaquirá. Ganarse esa beca fue como ganarse la rifa del tigre, dijo el entonces novel escritor.

Después hizo este mea culpa: “Todo lo que aprendí se lo debo al bachillerato”.A Egan le gusta el reguetón línea Daddy Yankee. Sería capaz de venderle su alma al viento si pudiera conocer a su ídolo Nicky Jam.Gabo o Gabito cantaba boleros y vallenatos.

No le gustaba la forma de cantar vallenatos de Carlos Vives “porque los canta muy bien y el vallenato debe ser mal cantado”.Gabo no padeció la dictadura del wasap. Egan no conoció la mansedumbre del linotipo. (Los linotipistas le corregían su mala ortografía le confesó el Nobel a Ramón Hoyos en el célebre reportaje para El Espectador en junio de 1955).Gabo empezó derecho en la Universidad Nacional pero renunció a convertirse en rábula.

Egan suspendió sus estudios de periodismo en la Universidad de la Sabana, en Cota, a una jaculatoria de la Catedral de sal. Con el tiempo será su propio García Márquez para escribir sus memorias deportivas.Influencias criollas de Gabo fueron Juan de Castellanos, Jorge Isaacs, José Eustasio Rivera, José Félix Fuenmayor, Eduardo Caballero Calderón, Mejía Vallejo.A Egan lo inspiraron figuras como el Zipa Forero, quien todavía vive, Nairo Quintana y Rigoberto Urán que casi se visten de amarillo-tour.El de Aracataca tuvo su cirirí en el editor del diario El Universal, de Cartagena, Clemente Manuel Zabala, que le teñía de rojo sus textos.

El nonagenario Mago Dávila, linotipista, le mejoraba la ortografía.Egan tiene en sus primeros tutores Fabio Rodríguez y Pablo Mazuera, a sus propios Zabala y Dávila.Mercedes Barcha, la Gaba, se encargaba de mantener provista la alacena mientras su marido chuzografiada con dos dedos “Cien años de soledad”.

Xiomi Guerrero, la musa de Egan, le ha servido hasta de youtubera para documentar su ascenso, incluido el episodio de la clavícula averiada cuando preparaba el giro de Italia.Si en Estocolmo todos fuimos Gabo, en París y Zipaquirá por estos días todos somos Egan.

Vidas para lelos: Gabriel y Egan (1)

A García Márquez Gabriel lo depositó la cigüeña en Aracataca, municipio de nueve letras las mismas que tiene Zipaquirá, donde se crió y se hizo hombre Bernal Gómez Egan.Gabriel significa varón de Dios, fuerza de Dios; Egan, nombre impuesto por el médico que lo trajo al mundo, significa campeón de fuego.Ambos son de origen humilde. No hubo cuchara de plata, tapete cebra ni arzobispo que les echara el agua bautismal.Ninguno de los dos se imaginó que serían premio Nobel en literatura y en ciclismo.Ambos utilizaron la misma sal en tierras del zipa.

Seguramente, tienen foto con la imponente Catedral de sal a sus reverendas espaldas.Gabo logró su primer éxito de niño cuando vaticinó la muerte del contrincante de ajedrez de su abuelo.Egan alcanzó sus primeros triunfos como segundo indomable zipa corriendo en triciclo.

El “Indomable zipa” original fue Efraín Forero, ganador de la primera vuelta a Colombia que era para héroes, no para mortales.García pisó tierra de cachacos por primera vez en enero de 1943.

Egan estuvo por vez primera en Bogotá en enero 13 de 1997, cuando nació. Su familia vivía en Zipaquirá donde lo hicieron mamá Flor y papá Germán.

Como no había cama pa tanta gente en el pabellón de maternidad del pueblo, arrancaron para Bogotá donde nació la criaturita.Dos días después, papá y mamá agarraron al bebé y los que regresan al país de la sal donde harían a Ronald, el segundo vástago.

Lo cuenta el zipaquireño Gustavo Castro Caycedo, autor de “Cuatro años de soledad” que recrea la vida del Nobel en el pueblo donde estudió bachillerato y del que hablaba pestes inicialmente.

Pero menos mal el caribe García aterrizó en Zipaquirá donde adquirió lo que él mismo denominó el “sarampión literario”, cuota inicial del Nobel. Menos mal (¿¡) Egan se fracturó la clavícula cuando se preparaba para el giro de Italia.

Lo esperaba la camiseta amarilla del tour.En 1945 al joven poeta García le tocó acompañar al rector de su colegio a una cita en Palacio con el entonces presidente Alberto Lleras Camargo, su futuro amigo.

Cuando Egan regrese a Colombia tiene cita con el presidente Duque quien primero le afrijoló la Orden al Mérito. Gracias a una “jugadita” a lo bachiller Macías, expresidente del senado, se la cambiaron por la Cruz de Boyacá, ante la protesta generalizada ante la pobre distinción inicial.García y Bernal son tímidos como suspiro de monja.Gabo aguantó gurbia (=hambre, filo) en París cuando conoció el Arco del Triunfo el mismo que le sirvió de escenografía a Egan al ingresar al olimpo de los inmortales por haber ganado la competencia ciclística más apabullante de la aldea global.García Márquez habló solo en español cuando recibió el Nobel en Estocolmo.

Cero lágrimas. Enfundado en su liquiliqui miró a los tendidos al responder los aplausos como el torero que acaba de cortar oreja, rabo y pata.Egan, enemigo personal del blablablá, habló el lenguaje de las lágrimas cuando se vistió de amarillo.

Respondió con una inclinación de cabeza a lo japonés para responder a los aplausos cuando estaba en el podio, y dándose contra las paredes de los idiomas dio las gracias en inglés, francés, italiano y chibchombiano.

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