Vender al quitar

Ilustración La Tercera

Por Carlos Alberto Ospina M.

De la misma manera que una persona enajena algo y luego, aplica el pacto de retroventa, a diario observamos la actitud de recular de otros, no para enmendar, tan solo para conseguir algo de reconocimiento social o ‘alzarse con el santo y la limosna’. 

En distintos ámbitos algunos sujetos se apropian del mensaje, el legado, la representación colectiva y las prácticas de discusión sin ser prudentes ni solícitos, y menos, ponen cuidado a la opinión ajena. Dan un lamentable espectáculo haciendo alarde de lo que no son. 

El celofán utilizado para envolver en razones las ambiciones de poder con el tiempo se convierte en el inconsistente vestido de los fanfarrones. Flexibles por conveniencia y regenerados a favor del interés calculado. No dan puntada sin hilo.

Esta especie trabaja en busca del propio beneficio. No conoce de límites morales ni de buenas palabras, y obran, con la intención implacable de producir daño físico, emocional, sicológico, social y de reputación; entre otras, pericias siniestras.

Es una pérdida de tiempo tratar de meter en razón a un inepto insaciable, socarrón, tramposo e hipócrita. Con tantas deficiencias neuronales, la tendencia morbosa a desfigurar la realidad y la carencia de autoestima, el único sentimiento humano que provoca es la lástima; obvio, sin que los ojos se agüen.

No vale la pena escuchar la necedad un diablo predicador que permanece fuera de sí, vende, quita, destruye, manipula y conduce a la desgracia, perifoneando falsedades y sacudiendo sacos.

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