Un traidor por naturaleza

Carlos Bernal Pulido. Foto Infobae

Cecilia Orozco Tascón

Columnista

El fiscal Barbosa y uno de sus contratistas más beneficiados, Carlos Bernal, tienen en común un gran ego que los hace creer que cada uno de ellos es el abogado “mejor preparado” de Colombia y del mundo: Barbosa lo declaró así, con una mueca de superioridad, en una entrevista que originó burlas en todo el país: “Yo soy doctor, yo tengo dos maestrías, yo tengo un doct… una profesión, yo soy historiador, he escrito diez libros, he sido profesor en más de cie… diez universidades del mundo…” (ver web); y así lo repite Bernal Pulido en cuanto auditorio encuentra: fuera de docto en derecho, se mira en el espejo como un gran filósofo, ideólogo de vida, ser humano superior y el representante de Dios en la Tierra, qué pena con usted, papa Francisco. No se comprende, entonces, por qué que la Fiscalía General contrata a Bernal con el argumento de que “no cuenta con personal (graduado en Derecho) que tenga las calidades, experiencia ni (el) conocimiento específico” de su favorecido.

No se trata, como pareciera, de un acto de humildad de Barbosa sino de la justificación baladí que necesitaba para legalizar la donación de $240 millones que le entregará este año al exmagistrado, además de una suma igual que ya le depositó en 2021.

A cambio, Bernal Pulido le dará unos consejos constitucionales al ente oficial, muchas veces, pocas o ninguna, pues en el contrato que firmó no se establece cuántas de sus opiniones nos costarán a los colombianos $20 millones mensuales. Como ustedes recordarán, Carlos Libardo (nombre compuesto del privilegiado) se aburrió de vivir en Bogotá —ciudad muy pobre e inculta para su nivel— y de recibir cerca de $34 millones al mes como magistrado de la Corte Constitucional en salarios, primas técnicas, primas especiales de servicio, de Navidad y vacaciones, además de dos vehículos blindados oficiales, escoltas, conductor, secretaria, 12 profesionales, despacho lujoso, homenajes, viajes, viáticos, etc., etc. Por eso renunció tres años después, en julio del 2020, de ser elegido por el Senado para un periodo de ocho. Significa que no cumplió ni el 50 % de la tarea que adquirió cuando les rogaba a los congresistas que votaran por él. En su insólita renuncia aseguró que iba a dictar clases en Estados Unidos, en una población alejada del mundanal y pecaminoso ruido.

Pero un año más tarde, a mediados del 2021, volvimos a saber de él, en esa oportunidad como candidato del Gobierno Duque a integrar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Un panel de expertos independientes de varias naciones lo descalificó por sus sesgos extremistas y porque estos le impiden ser garante de los derechos de las minorías y de ciudadanos que tengan ideologías diferentes a la suya. Los entendidos en manejos diplomáticos afirman que Duque y su partido desplegaron una operación de lagartería internacional con Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez a la cabeza, para lograr que la mayoría de embajadores de la OEA votara por el descalificado, con un alto costo económico y político. Bernal fue elegido, pero vean ustedes: insaciable y con desprecio por la dignidad con que lo acaban de distinguir sin merecerlo, corrió a presentar “oferta” de trabajo en la Fiscalía colombiana, una entidad que estará en la lupa de la CIDH. Barbosa irá en coche: para cuando examinen su trabajo, tendrá un comisionado con su paga en el bolsillo. A ese especimen de la inconstancia también se le recuerda por su traición monumental a la universidad que le dio becas y residencia en Europa por años: el Externado. Cuando finalmente podía dictar sus cursos en Bogotá, renunció y aceptó contrato —desde luego, con más dinero— en la Sabana, la antítesis filosófica del Externado. En un video que grabó cuando todavía no se había retirado, Bernal recomendaba a los bachilleres matricularse en la Sabana para estudiar Derecho, eje de su anterior centro educativo. Bernal, un traidor por naturaleza. Es lo que es, además de una mala res que se vende como la mejor.

Entre paréntesis. El fiscal general se las trae: como lo reveló Noticias Uno el pasado fin de semana, además de contratar al exmagistrado Bernal, su entidad les dará, con idénticos argumentos, $240 millones anuales a los exmagistrados de la Corte Suprema y del Consejo de Estado Rigoberto Echeverri, Álvaro Namen y Víctor Hernando Alvarado. Clientelismo judicial de alto valor… politiquero.

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