Times/El juego diplomático por las vacunas contra la COVID-19

rabajadores empaquetando la vacuna contra el coronavirus Covishield en el Instituto del Suero de la India en Pune, el mes pasado. Foto Atul Loke para The New York Times

India, China, Emiratos Árabes Unidos y otros países reparten donaciones en las regiones donde buscan tener influencia. En algunos casos, envían dosis a pesar de las necesidades urgentes de sus propias naciones.

Por Mujib Mashal y Vivian Yee

NUEVA DELHI — India, potencia inigualable en la fabricación de vacunas, está regalando millones de dosis a sus vecinos, amigos o no. Intenta contrarrestar a China, que ha hecho de la distribución de vacunas un elemento central de sus relaciones exteriores. Y Emiratos Árabes Unidos que, aprovechando su riqueza petrolera, está comprando vacunas en nombre de sus aliados.

La vacuna contra el coronavirus, uno de los productos más demandados del mundo, se ha convertido en una nueva moneda de cambio para la diplomacia internacional.

Los países que disponen de los medios o los conocimientos necesarios utilizan las vacunas para ganarse el favor de sus aliados o para descongelar sus relaciones. India las envió a Nepal, un país en el que China tiene cada vez más influencia. Sri Lanka, que está en medio de negociaciones diplomáticas con Nueva Delhi y Pekín, por el momento recibe dosis de ambos.

La estrategia conlleva riesgos. India y China, que están fabricando vacunas para el resto del mundo, tienen grandes poblaciones que necesitan inocular. Aunque hay pocas señales de malestar en alguno de los dos países, eso podría cambiar cuando el público vea que las dosis se venden o se donan al extranjero.

“Los indios están muriendo. Los indios siguen contrayendo la enfermedad”, dijo Manoj Joshi, miembro distinguido de la Observer Research Foundation, un grupo de expertos de Nueva Delhi. “Podría entenderlo si se hubieran resuelto nuestras necesidades y luego se regala el material. Pero creo que se intenta transmitir una falsa superioridad moral cuando se dice que estamos regalando nuestras cosas, incluso antes de usarlas nosotros mismos”.

Un trabajador sanitario se preparaba para inyectarle a un colega una dosis de la vacuna Covishield COVID-19 en un hospital de Nepal, el mes pasado. 
Un trabajador sanitario se preparaba para inyectarle a un colega una dosis de la vacuna Covishield COVID-19 en un hospital de Nepal, el mes pasado. Credit…Narendra Shrestha/EPA vía Shutterstock

Estos países hacen sus donaciones en un momento en el que Estados Unidos y otros países ricos están acaparando los suministros mundiales. Los países más pobres intentan conseguir los suyos, una disparidad que, según advirtió la Organización Mundial de la Salud recientemente, ha llevado al mundo “al borde de un fracaso moral catastrófico”.

Con sus sistemas de salud puestos a prueba como nunca antes, muchos países están ansiosos por tomar lo que se les ofrece, y los donantes podrían cosechar algo de buena voluntad política como recompensa.

“En vez de asegurar un país enviando soldados, se puede asegurar el país salvando vidas, salvando su economía, ayudando en la vacunación”, dijo Dania Thafer, directora ejecutiva del Foro Internacional del Golfo, un grupo de expertos con sede en Washington.

China fue uno de los primeros países en hacer una apuesta diplomática por las vacunas, y prometió ayudar a los países en vías de desarrollo el año pasado, incluso antes de que el país hubiera producido en masa una vacuna de eficacia probada. Esta misma semana, dijo que donará 300.000 dosis de vacunas a Egipto.

No obstante, algunas de las iniciativas chinas de diplomacia en materia de vacunas han tropezado con la llegada tardía de los suministros, la falta de información sobre la eficacia de sus vacunas y otros problemas. Funcionarios del gobierno chino han citado necesidades inesperadas en el país en medio de brotes aislados, una medida que podría atenuar cualquier reacción interna.

Aunque las vacunas fabricadas en China se han extendido, India ha visto la oportunidad de reforzar su propia imagen.

Un envío donado por China de 600.000 dosis de vacuna contra el coronavirus en el aeropuerto internacional de Nom Pen en Camboya el domingo.
Un envío donado por China de 600.000 dosis de vacuna contra el coronavirus en el aeropuerto internacional de Nom Pen en Camboya el domingo.Credit…Cindy Liu/Reuters

El Instituto del Suero de la India, la mayor fábrica de vacunas del mundo, produce la vacuna AstraZeneca-Oxford a un ritmo diario de casi 2,5 millones de dosis. Ese ritmo ha permitido que el país empiece a repartir dosis de manera gratuita a sus vecinos. Con mucha fanfarria, han llegado aviones a Nepal, Bangladés, Birmania, Maldivas, Sri Lanka, Seychelles y Afganistán.

“Estamos tomando medidas en oriente y lo hacemos de manera veloz”, dijo S. Jaishankar, ministro de Asuntos Exteriores de la India, al anunciar en Twitter la llegada de 1,5 millones de dosis a Birmania.

El gobierno indio ha intentado ganar puntos publicitarios por las dosis enviadas a lugares como Brasil y Marruecos, aunque esos países compraron las suyas. El Instituto del Suero también ha prometido 200 millones de dosis a un fondo común de la OMS llamado COVAX que se destina a las naciones más pobres, mientras que China prometió recientemente diez millones.

Por ahora, el gobierno indio tiene margen para hacer donaciones al extranjero, incluso después de meses en que los casos se dispararon y la economía se vio afectada, aunque solo haya vacunado a un pequeño porcentaje de sus 1300 millones de habitantes. Parte de lo que explica la ausencia de críticas es que el Instituto del Suero está produciendo a un ritmo más rápido que el que puede gestionar el programa de inoculación de India, lo cual deja extras para las donaciones y las exportaciones.

Trabajadores de la salud en Kabul, Afganistán, descargando el domingo el primer envío de dosis de vacunas contra la COVID-19 donadas por el gobierno indio.
Trabajadores de la salud en Kabul, Afganistán, descargando el domingo el primer envío de dosis de vacunas contra la COVID-19 donadas por el gobierno indio.Credit…Hedayatullah Amid/EPA vía Shutterstock

Además, algunos indios no se apresuran a vacunarse debido al escepticismo que despierta una vacuna de fabricación nacional llamada Covaxin. El gobierno indio aprobó su uso de emergencia sin revelar muchos datos sobre el fármaco, lo que ha hecho que algunas personas duden de su eficacia. Aunque la vacuna de AstraZeneca-Oxford ha generado menos escepticismo, quienes se vacunan no pueden elegir qué vacuna reciben.

Para India, su campaña de vacunación internacional ha supuesto una réplica a China, después de años de ver cómo los chinos obtenían beneficios políticos en su propio patio trasero: en Sri Lanka, las Maldivas, Nepal y otros lugares. Pekín ofreció fondos considerables y respuestas rápidas cuando se trataba de grandes inversiones que India, con una burocracia estratificada y una economía en desaceleración, ha tenido dificultades para igualar.

“El vecindario de India se ha vuelto más concurrido, más competitivo”, dijo Constantino Xavier, quien estudia las relaciones de India con sus vecinos en el Centro para el Progreso Social y Económico, un grupo de expertos de Nueva Delhi. “El impulso de las vacunas refuerza la credibilidad de India como proveedor fiable de soluciones y respuestas a las crisis de estos países vecinos”.

Una de las mayores donaciones de India se mandó a Nepal, donde la relación ha disminuido a un mínimo histórico. Ubicado entre India y China, el pequeño país es estratégicamente significativo para ambos.

Durante los últimos cinco años, luego de disputas fronterizas y de lo que algunos en Nepal critican como una relación de amo y sirviente con India, el gobierno del primer ministro K. P. Sharma Oli comenzó a acercarse a China. Oli realizó talleres sobre el “Pensamiento de Xi Jinping”, basados en las estrategias del principal líder de China, y firmó contratos para varios proyectos como parte de la Iniciativa Belt and Road, el impulso de desarrollo e infraestructura de Pekín.

Un grupo de enfermeras en Sri Lanka administraban vacunas contra la COVID-19 a los trabajadores de salud de primera línea en Colombo, el mes pasado.  
Un grupo de enfermeras en Sri Lanka administraban vacunas contra la COVID-19 a los trabajadores de salud de primera línea en Colombo, el mes pasado.  Credit…Eranga Jayawardena/Associated Press

Pero el primer ministro comenzó a perder el control del poder el año pasado. Cuando las delegaciones de China e India llegaron a Katmandú para influir en las maniobras políticas internas de Nepal, el líder nepalí comenzó los acercamientos con el gobierno indio.

Después de que Oli envió a su ministro de Relaciones Exteriores para iniciar conversaciones en Nueva Delhi, India donó un millón de dosis. Sinopharm de China también ha solicitado la aprobación de su vacuna por parte de Nepal, pero las autoridades farmacéuticas no le han dado el visto bueno.

“La vacuna surgió como una oportunidad para normalizar las relaciones” entre Nepal e India, dijo Tanka Karki, exfuncionaria nepalí en China.

Sin embargo, la estrategia de usar vacunas para ganarse corazones y mentes no siempre tiene éxito.

Emiratos Árabes Unidos, que está desplegando vacunas con mayor rapidez que cualquier otro país, excepto Israel, ha comenzado a donar vacunas de Sinopharm fabricadas en China que compraron a países donde tienen intereses estratégicos o comerciales, incluyendo 50.000 dosis para las Seychelles, la nación insular en el océano Índico, y a Egipto, uno de sus aliados árabes.

No obstante, en Egipto algunos médicos se resistieron a utilizarlas, porque dijeron que no se fiaban de los datos que Emiratos Árabes Unidos y el fabricante chino de la vacuna habían publicado sobre los ensayos. El gobierno de Malasia, uno de los mayores socios comerciales de los Emiratos, rechazó una oferta de 500.000 dosis, al alegar que los reguladores tendrían que aprobar de manera independiente la vacuna de Sinopharm. Tras la aprobación de los organismos reguladores, Malasia decidió comprar vacunas de Pfizer de Estados Unidos, la vacuna de AstraZeneca-Oxford y Sinovac, un fármaco fabricado por otra empresa china.

Unas personas trasladaban el cuerpo de una víctima del coronavirus en un cementerio musulmán en Gombak, en las afueras de Kuala Lumpur, Malasia, la semana pasada.
Unas personas trasladaban el cuerpo de una víctima del coronavirus en un cementerio musulmán en Gombak, en las afueras de Kuala Lumpur, Malasia, la semana pasada.Credit…Vincent Thian/Associated Press

Incluso la aceptación de los gestos de buena voluntad puede durar poco. Basta con mirar a Sri Lanka, donde India y China están librando una batalla por la influencia política.

Desde que Gotabaya Rajapaksa asumió la presidencia en 2019, Nueva Delhi ha luchado para que su gobierno se comprometa con un acuerdo que firmó su predecesor para completar un proyecto de terminal en el puerto de Colombo que, en parte, será desarrollado por India. Mientras continuaban los grandes proyectos chinos, Rajapaksa abrió el trato con India para su revisión.

Con la esperanza de enfatizar la importancia del proyecto, Jaishankar, el ministro de Relaciones Exteriores de India, hizo una visita el mes pasado. Ese mismo mes llegaron 500.000 dosis de vacunas de India. Rajapaksa estaba en el aeropuerto para recibirlas. Sri Lanka también hizo una orden de compra de 18 millones de dosis del Instituto del Suero, confirmó el Ministerio de Salud en Colombo.

Los medios indios lo mostraron como una victoria diplomática, y parece claro que Sri Lanka dependerá en gran medida de India para las vacunas. Pero el 27 de enero, Rajapaksa recibió un obsequio de China: la promesa de donar 300.000 dosis.

Las donaciones forman parte de un juego diplomático mucho más vasto. Sin embargo, una semana después, el gabinete de Rajapaksa decidió que Sri Lanka desarrollará la terminal de Colombo por su cuenta, lo que sacó a India del proyecto.

Mujib Mashal reportó desde Nueva Delhi y Vivian Yee, desde El Cairo.

Bhadra Sharma, Elsie Chen, Aanya Piyari, Salman Masood y Zia ur-Rehman colaboraron en este reportaje.

Mujib Mashal es corresponsal de The New York Times para el sur de Asia. Nacido en Kabul, escribió para revistas como The Atlantic, Harper’s, Time y otras antes de unirse al Times. @MujMash

Vivian Yee es la jefa de la oficina de El Cairo que cubre política, sociedad y cultura en Oriente Medio y África del Norte. Antes estuvo radicada en Beirut, Líbano y Nueva York, donde escribió sobre el gobierno y las políticas de la ciudad de Nueva York, y temas de inmigración. @VivianHYee

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