¿Qué preocupa a los pediatras durante la pandemia?

Dado que los padres evitan las visitas al médico durante la pandemia, los pediatras se preocupan por la salud de los niños.Credit...iStock por Getty Images

Los niños no están en el centro de la pandemia. Pero los pediatras están inquietos por ellos y sus familias, ahora y en el futuro próximo.

Por Perri Klass, M.D.


Los pacientes pediátricos no son los más enfermos en este momento ni el grupo que corre mayor peligro.

Pero los pediatras están preocupados, preocupados por los niños y las familias, por el ahora y por el futuro. En nuestras videoconferencias y juntas por Zoom, todos estamos preocupados por lo estresadas que están las familias, por lo que escuchamos de nuestros pacientes o sus padres sobre las tensiones de estar confinados; o por los padres cuyo trabajo requiere que salgan. Por los padres que se quedan sin trabajo y las familias que ya no tienen suficiente para comer.

Permíteme agrupar —sin afán de jerarquizar— algunas de las principales preocupaciones que surgen una y otra vez entre aquellos que trabajan con niños y les dan atención médica.

Debo comenzar con lo que creo es el mayor triunfo de la pediatría: la capacidad de proteger a los niños de las afecciones que solían enfermarlos e incluso matarlos. Esta pandemia nos recuerda a diario que los virus y las bacterias nos pueden dañar, que las infecciones pueden propagarse en poblaciones que no tienen inmunidad.

Sally Goza, presidenta de la Academia Americana de Pediatría y pediatra de atención primaria con un consultorio privado en Fayetteville, Georgia, recordó las enfermedades devastadoras que solía ver en bebés y niños pequeños incluso en la década de los ochenta. “En el caso de los bebés, si no les damos su vacuna de meningitis, podríamos volver a ver niños enfermos de eso”, dijo. “No quiero que al final de mi carrera vuelva a ver todas esas enfermedades que vi cuando empezaba”.

Hans Kersten, profesor de Pediatría en el Hospital Infantil Drexel y St. Christopher’s en Filadelfia, escribió que, aunque en su clínica seguían atendiendo a niños menores de 2 años, muchos están faltando a las consultas y los niños más grandes no están recibiendo las inmunizaciones correspondientes a los 4 y 11 años.

Todos sabemos que incluso antes de la epidemia, los pediatras batallaban para convencer a los padres de la importancia de vacunar a los niños. Ahora, pese a que muchos de nosotros soñamos con una vacuna contra el coronavirus, muchas familias tienen miedo de ir a clínicas u hospitales, lo cual hace que resurja el espectro de viejas infecciones, desde el sarampión hasta la tos ferina, la meningitis y la sepsis bacteriana.

Goza afirmó que incluso los niños de 3, 4 y 5 años manifiestan ansiedad por el virus. Ahora los niños están viviendo en un mundo ansioso, como todos nosotros, y conviviendo con sus padres asustados y nerviosos. Muchos niños, como tantos adultos, están perdiendo a sus seres queridos o, al menos, están aterrorizados de perder a sus seres queridos. No hay duda de que los padres, en todas partes, están haciendo lo mejor que pueden, pero los niños van a necesitar mucha ayuda, ahora y en el futuro, para lidiar con sus sentimientos y sus miedos.

A medida que los niños crecen y cambian, sus necesidades emocionales, y sus vulnerabilidades, también cambian. “Mi mayor preocupación con respecto a los niños en este momento es que se pierdan de muchas interacciones críticas: interacciones con los padres que están estresados por las demandas que enfrentan en este momento, interacciones con la familia en general y con otros niños, que son todas tan críticas para su desarrollo social y emocional”, escribió Danielle Erkoboni, pediatra general en el laboratorio de políticas del Hospital de Niños de Filadelfia.

Marilyn Augustyn, pediatra del desarrollo y del comportamiento del Centro Médico de Boston, clasificó sus principales preocupaciones sobre el desarrollo por edad: que los niños pequeños “habrán aprendido que debemos tener miedo de otras personas, usar cubrebocas y cruzar al otro lado de la calle si los vemos”. Que los niños en edad preescolar, que tienden al pensamiento mágico, pensarán que las privaciones —como los patios de recreo cerrados—, son castigos por hacer algo malo.

Y que los niños y adolescentes de secundaria “habrán consumido cantidades astronómicas de medios audiovisuales en línea y olvidarán cómo desconectarse”.

Hemos llegado a comprender las maneras en las que la pobreza es perjudicial para los niños, y estamos en una pandemia que parece estar aumentando la pobreza y golpear con más dureza a las comunidades pobres y minoritarias. Incluso antes del coronavirus, Estados Unidos tenía una tasa de pobreza infantil demasiado alta, y las familias con niños —en especial las familias de comunidades minoritarias— necesitarán ayuda sistemática y extraordinaria después de la pandemia o los efectos intergeneracionales se verán por mucho tiempo.

El doctor Daniel Taylor, profesor asociado en Drexel y St. Christopher’s Hospital for Children, escribió que su mayor preocupación era “la amplificación posterior a la COVID de las inequidades existentes en la atención médica para niños pobres y niños de color sin un plan claro, voluntad política o financiamiento para la recuperación”.

“Me preocupa más la falta de una red de seguridad social no solo para los niños sino también para las comunidades en las que viven, que son indispensables para que puedan prosperar”, escribió el doctor Nathan Chomilo, pediatra de Park Nicollet en Minneapolis y director médico del programa Medicaid de Minnesota. Nos arriesgamos, advirtió, a que otra generación se enfrente con “una brecha de oportunidad que los debilita a ellos y a nosotros como sociedad de alcanzar todo nuestro potencial”.

Tener clases en línea no ha sido fácil para ningún grupo de estudiantes, pero es más difícil para los niños más vulnerables, los niños en situación de pobreza que ya corrían un mayor riesgo de tener problemas escolares y asisten a las escuelas con menos recursos, y que a menudo viven en hogares con padres que están bajo presiones adicionales. La falta de servicios o dispositivos de internet, el hecho de estudiar con muchas personas en el hogar, el hecho de tener problemas de aprendizaje no resueltos, todo esto hace que estar al corriente sea mucho más difícil. Estos son los niños que necesitarán ayuda sistemática para volver a donde necesitan estar en el ámbito educativo y poder progresar.

Las familias están estresadas. Los niños están en casa con padres que están estresados. Y faltan los controles y contrapesos habituales, ni siquiera las revisiones pediátricas se hacen en persona. “No hay maestros, terapeutas, entrenadores u otros trabajadores que cuiden de estos niños, y no hay consultas para que vayan con sus médicos”, escribió Kersten.

Recientemente, la doctora Goza citó en su consultorio a un niño diagnosticado con leucemia y a otro que se había roto un brazo, pero cuyos padres tenían miedo de ir a la sala de emergencias. “Que haya una pandemia no significa que no existan otros diagnósticos”, dijo.

La doctora Julia Chang-Lin, pediatra asistente en el Hospital Bellevue, trata a muchos niños con necesidades especiales, que ahora reciben fisioterapia, terapia ocupacional y terapia del habla a través de pantallas. Uno de sus pacientes intentó abrazar al terapeuta en la pantalla y, cuando no pudo, perdió interés en participar. Chang-Lin dijo que para los niños con necesidades especiales era difícil perder el trabajo en persona con un terapeuta capacitado, aunque escribió: “Les doy crédito a los padres por tomar la iniciativa y hacer todo lo posible para apoyar a sus hijos”.

Todos en esta historia saben cuánto se están esforzando los padres, y todos saben que los padres también están preocupados. Mis colegas que dan consultas a domicilio hacen lo mejor que pueden, al igual que los profesores, terapeutas y todos los que preferirían reunirse en persona para ofrecer orientación que ayude a las familias a navegar este extraño y aterrador momento. Los consultorios pediátricos están haciendo todo lo posible para administrar vacunas de manera segura, estableciendo horas especiales para “no enfermos”, reduciendo el tiempo en la sala de espera, vacunando en el estacionamiento o en la acera.

Algunas de estas preocupaciones serán difíciles de abordar hasta que el mundo pueda abrirse con seguridad un poco más, pero tendrán que ser abordadas. Trude Haecker, directora médica de servicios globales para pacientes del Hospital de Niños de Filadelfia, se preguntó: “A medida que aumentamos nuestra dependencia colectiva en las interacciones digitales por necesidad, ¿qué les depara el futuro a los niños que han estado alejados de su grupo de apoyo durante tantos meses?”.

En general, los pediatras parecen preocupados de que, en esta crisis, encerrados en sus casas, los niños estén en peligro de volverse invisibles. Los niños no son empleados esenciales o héroes en la línea de batalla, no son votantes o consumidores, pero sí son nuestro futuro colectivo.

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