Que, $28,2 billones, no es nada: memorias mias

Imagen Jadeeth Pérez

Por Octavio Quintero, Periódico El Satélite

En la década del 60 del siglo pasado, los gobiernos colombianos devaluaban el peso para hacer más competitivas las exportaciones de café, principal fuente de ingresos externos del país. Y, entonces, se armaba un alboroto de los importadores con el fin de justificar el traslado de esos mayores costos del peso frente al dólar a los consumidores, desatando la consiguiente inflación.

Es decir, terminaban los mismos de siempre (el pueblo), pagando la comodidad económica de la clase cafetera de la Vieja Antioquia y la estabilidad financiera de los importadores asentados en Bogotá (los mismos con las mismas). Al cabo del año calendario, los economistas nos informaban de una devaluación X, frente a una inflación Z, y borrón y cuenta nueva, como en el billar: “salgamos pa’l otro”.

El genio del presidente Carlos Lleras Restrepo (1966-1870) se inventó la devaluación ‘gota a gota’. Es decir, nos puso a pagar en centavos diarios la comodidad de los cafeteros y la financiación de los importadores. Al final del año calendario, nos informaban de una devaluación siempre X+ frente a una inflación Z+. A esta ecuación los economistas la llamaron “galopante”: devaluación galopante/inflación galopante, y, ‘los mismos con las mismas’, contentos; y los mismos de siempre, resignados.

Así nos fuimos hasta que llegó el otro genio del presidente Cesar Gaviria (1990-1994)) y nos anestesió con el neoliberalismo: ya no sentimos ni devaluación ni inflación, aunque sigan horadando la base del ingreso y ensanchando la brecha de la desigualdad.

En este año de gracia, 2019, registramos una devaluación del peso frente al dólar del 6,53%, entre diciembre 31, $3.249,75 = 100 y, septiembre 30, $3.462,01 =X. Pero, como la composición del comercio exterior ha variado, y sustancialmente, de la era cepalina (sustitución de importaciones) a la neoliberal (libre mercado), ese porcentaje tiene un impacto de tsunami en las finanzas públicas al punto de traducirse en pérdidas estimadas en 28,2 billones de pesos, según el siguiente cuadro.

O sea, la devaluación del peso frente al dólar nos ha costado en estos 9 meses del año, tres reformas tributarias.

Ningún gobierno resistiría una presión social derivada de una reforma tributaria en marzo, otra en junio y una tercera en septiembre. Pero como “el cosquilleo” de la TRM (Tasa Representativa del Mercado) se parece mucho a la señora que guardaba la plata del mercado en el seno, y cuando le metieron la mano para robársela no creyó que fuera con malas intenciones, se aguantó, como todos nosotros que ni siquiera sentimos que 28,2 billones de pesos salen del bolsillo de los mismos de siempre a los bolsillos de los mismos con las mismas.

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