Presidente del BID al asfalto

Luis Alberto Moreno, primero a la derecha, durante una visita de periodistas y gerentes de medios a Alemania. A su lado, Juan Gómez Martínez, de El Colombiano.

El señor del BID

Por Oscar Domínguez Giraldo

Si hubiera sospechado que aquel compañero de vuelo a Alemania, seriote, ejecutivo, pragmático, comeaños, con cara de aterrizado nerd, como vestido por la mamá, iba a volar tan alto, le habría dejado mi hoja de vida. 

Más aún, si hubiera sabido que ese vecino, equitador, pescador de salmón en Alaska, estaría en condiciones de prestar 10 mil millones de dólares al año, lo habría invitado a trago y viejas en St. Pauli, el barrio erótico de Hamburgo. Visitamos ese barrio del pecado, el Lovaina alemán, pero no dejamos allí un solo espermatozoide. 

Durante la gira que compartimos periodistas y gerentes de medios con el saliente presidente del BID, Luis Alberto Moreno, trituramos jornadas espartanas. Qué exprimida sufrimos en pleno apogeo del muro de Berlín que atravesamos, maravillados, como quien atraviesa el espejo. La caída de ese muro no se veía venir. 

En Frankfurt, ombligo financiero de Europa, el mandamás del BID se sintió en su salsa. Allí aprendió que para mejorar la productividad hay que acostarse una hora más tarde y levantarse tres horas antes. E ir al grano: un informe para Morenito debe caber en una “elevator conversation”.  

Los subalternos que se dejan ganar de él cuando juegan tenis para subirle la moral y trepar en el Banco, lo definen como un “doer”, no como un “thinker”, o sea, más ejecutor que soñador. 

En la ciudad alemana de Bremen, supermercado frutícola europeo, entendió que las amas de casa compran con el ojo. De allí la importancia de presentarles estéticamente las frutas.  

En Berlín, el becario de periodismo de Harvard, (“quien tiene la información tiene el poder”) quien hizo llave en televisión con su copartidario Andrés Pastrana, se dio tremenda juniniada-septimazo por la avenida Kurfürtsdendamm, donde les echó los perros a varias audacias te(u)tonas.  

Con asombro de piernipeludo disfrutó del simulador en una guardería (hangar) para jumbos en Frankfurt, y aprendió cómo fabrican en Schering las pastillas que curarán los achaques del bobo sapiens. En Munich padeció, sin dormirse, la ópera Don Carlos.  

A pesar de su agenda demoledora, el admirador de Franklin, Truman y Bill Clinton –nadie es perfecto- tiene fama de responder todos los correos electrónicos (bueno, me debe dos) desde su fetiche electrónico. 

Durante la visita de médico que hizo alguna vez a Medellín se olvidó de las críticas que le llueven de pronto, renunció a sus restaurantes predilectos, Milano y Bette, donde suele almorzar con el blancaje de la parroquia global, o con sus hijos Nicolás y Natalia, y le dio una oportunidad al colesterol acabando con las existencias de chicharrón. De regreso al asfalto podrá repetir periplo. Y si es como candidato no le tocará pagar la cuenta. De eso se encargarán sus anfitriones.

Nota 2 

EL EXMINISTRO QUE COBRABA DURO 

Hace muchos aguaceros le envié  un correo electrónico (nunca contestado) al presidente saliente del BID, Luis Alberto Moreno: 

Doctor Moreno:

La presente para darle un cordial saludo, declararle mi estupor por sus éxitos, y trasladarle una preguntica. 

Encontré su nombre en el libro que escribió en su cautiverio sacrificado ex ministro Gilberto Echeverri Mejía (Bitácora desde el cautiverio, editorial EAFIT). (También asesinaron al gobernador Gaviria y a ocho militares. Los recordamos con “rabia en el corazón” por lo que les hicieron). Le sugiero que compre el libro con su próxima quincena.  

Es toda una lección de vida, humor, amor por los suyos, por su país. Hay mucho de esperanza, entereza y frustración en su bitácora. 

Pues bien, allí el irrepetible  Ratón sugiere que se le pregunte el nombre de un sujeto que le cobró a usted una comisión de medio millón de pesos, por lograr que el entonces ministro de Desarrollo Gilberto Echeverri lo recibiera en su despacho. 

 ¿Puede darme el nombre – dárselo al país- de aquel individuo?  

Luego de dar cartilla sobre la forma como debe comportarse una persona cuando es llamada al servicio público, Echeverri sugiere en su Bitácora “tener los ojos muy abiertos, no abrir puertas ante las lisonjas y adulaciones en Bogotá, ciudad en la cual viven personajes de todos los pelambres, desde exministros, quienes ofician como “abogados telefónicos”, intermediarios comerciales y ratas de la peor calaña”. 

Y agrega: “Nunca le he explicado a mi familia por qué, cuando he trabajado en nuestra capital, siempre he procurado vivir a ratos un poco “monacal”. La razón es evitar las trampas, como la que me tendieron algunas personas. Todos ellos encontraron una muralla que no se dejó perforar. Algún día pregúntale a Luis Alberto Moreno quién le cobró $ 500 mil por una cita con el ministro Echeverri y él se los pagó. Mi sueldo en ese entonces era de $ 32.000. Ese mismo personaje les cobró lo mismo a otras personas que le pagaron. Cuando me enteré, le cerré las puertas del ministerio, pero él ya se había guardado su millón de pesos y esperó a otros ministros para solicitarles citas a las cuales asistía acompañado de más “marranos” para explotar. Es bueno  recordar que yo siempre he contestado todas las llamadas telefónicas, y las citas las concedía después de escuchar y evaluar al solicitante, pero ese señor era tan famoso e importante que le di las citas de inmediato”. 

Doctor Luis Alberto: usted tiene la palabra. De nuevo, que le vaya bonito en su destino de banquero que no le envidio ni poquito.  

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