OTRAPARTE: Quieto en primera

Los presidentes de Colombia, Iván Duque y de Estados Unidos, Donald Trump en una de sus reuniones del mes de febrero de 2019 en la Casa Blanca(Photo by Nicholas Kamm / AFP)

Por Oscar Domínguez Giraldo

Presidente Trump:

No le permito que le dé tratamiento de mascota a “mi” presidente Uribe, perdón, Duque.

Qué es eso de decirle “buen muchacho” “al que tuve en la Casa Blanca” y de restregarle el incremento de los cultivos de coca? ¿Cómo así que “no ha hecho nada por nosotros”? ¿Cómo así que no hace sino enviarle malandros?

Vamos por partes, como decía el flemático Jack cuando salía a destripar en las noches londinenses.

En vez de andar endosando responsabilidades debería contarnos el alcance de su histórico encuentro con los expresidentes Pastrana y Uribe en algún pasillo en Miami.

Cuando escriba sus amnesias en el poder ojalá le dé la trascendencia que amerita ese diálogo. Ese capítulo agotaría las ediciones con cuyos beneficios podría recuperar los dólares que tuvo que pagar por sus acrobacias kamasútricas durante la campaña. 

Para evitar que siga entrando el polvillo blanco ordene el cierre de sus fronteras o levante una pared alrededor de Estados Unidos. ¿La plata para qué?

Mejor todavía sería cerrarles las narices a los periqueros  made in Usa. Usted es el gallo para ponerle el cascabel al gato.

Se acabaron las existencias de valeriana en la Casa de Nariño desde cuando se conocieron sus declaraciones contra “mi” presidente Duque quien ya empezó a ejercer como el que dijo Uribe.

Se había demorado. El proceso de paz, por ejemplo, está herido, achicopalado, para francachela y comilona de los paolos, el nuevo nombre de los furibistas.

Las fotocopiadoras de los ministerios de relaciones exteriores y defensa produjeron comunicados asegurando que Colombia sí está haciendo la tarea, faltaba más. Donde manda capitán, obedecen marineros.

Usted le interrumpió alguna siesta al ministro Botero, de Defensa, y despelucó al precandidato-canciller Trujillo quien casi abraza hasta la Madre Superiora  de  Botero cuando el presidente Duque anunció que sería su hombre “urbi et orbi”.

El bulto sabe a quién le sale. Ese tratamiento de “good boy” no se lo daría a su colega del Corea del Norte Kim Jong-un. El diminuto “boy” de motilado tan insólito como el suyo, le ha hecho perder dos viajes al Asia con lo cara que está la gasolina. Y no le gustan los números pares.

No le va a quedar  mogollo decir que “lo tuve en la Casa Blanca”. Ni en Blair House, adonde tampoco invitó a “mi” presidente Duque, quien ha estado retrechero ante su diatriba. Mr. Trump, manos fuera de “mi” presidente Duque.

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