Otraparte: Los nuevos mirones

Campesino asomado en la ventana. Foto ODG

Por Oscar Domínguez Giraldo, Bogotá

Este sabático coronavírico me ha convertido en  voyerista empedernido. Una especie de Don Abundio modelo Covid- 19/2020. Para llenarme de ideas he visto dos veces La ventana indiscreta de Hitchcock. Y no me gustan los números pares.

Si su educación, hipotético lector, tiene una cámara Exakta Varex VX con teleobjetivo Kilfitl 400mm f/5.6 Tele-Kilar, algún cambalache hacemos (gracias, Google, por los datos recibidos).

Esa cámara es la que manipula J.B Jeffries, el fotógrafo de la película del regordete director inglés que siempre aparece unos segundos en sus trabajos.

En tiempos de coronavirus la ventana se ha convertido en “ágora o garito” , pasarela, de todo. Existimos por y  para la ventana del apartamento.

Claro que el indiscreto protagonista de la película de don Alfred,  por mirar hacia afuera ignora a la diva que tiene entre manos.  Me refiero a la bellísima Grace Kelly que jamás repite traje y quien le lleva corrientazo a  su esquivo novio comprado en el exclusivo restaurante El 21 de Nueva York. 

Pero el menso del Jeff, James Stewart, solo tiene ojos morbosos para las historias que ocurren en el vecindario a través de su cámara que al final le servirá de arma. Y con la cual nos hace vivir desde primera fila todas las vidas que domina. Todos somos Jeff, uno de los encantos de la película que no tiene presa mala, como doña Grace.

Sin confirmar sí lo digo: ante el desplante continuado de Jeff a esa mujer de ensueño llamada Grace, “tan bella que hace daño”,  el príncipe Rainiero de Mónaco, la fichó para su tálamo nupcial. Y la actriz se olvidó de la pantalla.

Como la vida se repite porque carece de imaginación, veo en el Príncipe Carlos una versión moderna de Jeff, el retratero de pierna enyesada. Lo digo por el cambio de Diana por Camila Parker.

Otro detalle: en la película debuta el futuro abogado Perry Mason (=Raymond Burr) convertido en vulgar asesino de su mujer. Mason, a diferencia de algunos de sus pares colombianos, no defenderá por la vitrina que le genera aparecer retratado con sus encopetados clientes.

Ahora, a falta de la Exakta Varex VX buenos son estos ojos que se de banquetear el horno crematorio “y el día esté lejano”.

Mirando por mi ventana y a través del ojo de la cerradura, como el ángel del soneto de Ciro Mendía que miraba desvestirse a su custodiada, he descubierto que en un apartamento cercano vive un señor con cara de extranjero. Es extranjero.

Otra vecina que no se dejaba ver la cara, nos ha hecho la merced de gastarnos desnutridos buenos días.

En el ascensor cuyo cupo se ha reducido a la mitad, nos damos insípidos saludos, tapados hasta los dientes.

Tengo varios amigos nuevos de perro. Me ven sin el chihuahua y no me reconocen.

En las áreas comunes veo vecinos hablando por celular. También vecinas.  Por la forma como sonríen mientras hablan y miran a todas partes, se ve que charlan con algún arrocito en bajo. (A mí que me esculquen).

En el vecindario de pronto ondean al viento cucos que parecen  banderas derrotadas.  Veré la película de Hitchcock otra vez a ver qué más aprendo.

www.oscardominguezgiraldo.com

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