Otraparte, Intriga al Papa

El Papa Francisco con pinta paisa. Foto ODG

Por Oscar Domínguez G.

A Su Santidad, salud.

A nombre de Gloria, los niños, los nietos y yo, reciba mis agradecimientos por haber recibido en su sancta sanctorum al precandidato Petro. No sé por qué le doy  las cristianas gracias pero lo escrito, escrito está, como dijo Poncio Pilato, según el colega-reportero-evangelista San Juan.

De poner el grito en el cielo por este y  encuentros similares se encargan el presidente Duque y la vicepresidenta Marta Lucía. 

La cara de felicidad de Petro a la salida de la audiencia en el Vaticano es apenas comparable a la enigmática sonrisa de Monalisa que luce en un video en el  que aparece encaletando platica para su campaña. Si hubo delito en ese óbolo de San Petro, ya prescribió piadosa y colombianamente.

Le cuento, Santidad, que los rivales de Petro quedaron con cara de Subuso cuando supieron la noticia: convertirlo a usted y al jefe del gobierno español, Pedro Sánchez, en sus jefes de campaña, no se les habría ocurrido  a los más fantasiosos publicistas.

Borges afirmó que el Papa es un funcionario que “no me interesa” (lo dijo antes de que usted ocupara la curul de Pedro). A Petro sí le interesó usted para lavar  la cara de su candidatura que tiene resistencias, a la par que, irónicamente, arrasa en las encuestas. De pronto hay humo blanco en el conclave de la primera vuelta presidencial.

Se entiende que detrás de esas visitas está el mensaje “urbi et orbi” de que como presidente Petro no convertirá la parroquia colombiana en otra Venezuela o en una segunda Nicaragua.

No me está pidiendo que haga las veces de Espíritu Santo pagano pero le sugiero ordenarles a los demás candidatos que hagan vaca, paguen un charter y se le aparezcan en el Vaticano para salir de esa de una buena vez.

Del agradecimiento por recibir al exguerrillero, paso a una  intriga balompédica. Me atrevo a hacele la lagartada porque cuando estuvo en Medellín, donde roncó, le monté la perseguidora a ver si le podía estrechar los cinco claveles. Esperanza inútil. Antes de su usted le había pedido a Santa Evita Perón el milagro de decretarles amnesia parcial de fútbol a los jugadores argentinos. No me oyó o estaba de compensatorio y nos derrotaron en Córdoba.

Si usted obró el milagro de sentar  a Uribe y a Santos sin que se sonaran los mocos, ahora le pido que intrigue ante el alto mando celestial para que nuestros próximos rivales, Bolivia y Paraguay, jueguen evangélicamente: que sus piernas derechas ignoren lo que hacen las izquierdas…

Como doy por un hecho el milagro le cuento que una ocasión se reunieron en Buenos Aires los presidentes Raúl Alfonsín y Belisario Betancur. Un pato de esos que nunca faltan  le preguntó a BB si Medellín, el “pueblito” donde murió Gardel, quedaba cerca de Bogotá. Al oír lo de “pueblito”, Belisario reviró: ¿Gardel? ¿Cuál Gardel?

ÑAPA

Y EL PAPA NO NOS VIO

Medellín, sep.- Ahí estábamos esa tarde del sábado 9 de septiembre los dos hermanitos, reventando infantería, al sol y al agua, esperando el paso del papa Francisco a la salida del hogar san José, en el Barrio Boston, en Medellín.

Mosaico del Papa en Boston, con el autor, Iván Dario Gil Bolívar, de espaldas (derecha).

El pequeño pecado de la envidia, el más inútil de todos, nos corroía. 

Sin decírnoslo, el par de proustáticos pensamos: si no hicimos historia, pues protagonicémosla estando cerca de quien la ha hecho, y muy bien. Y recordamos el salmo: “¿Quién es ese y lo elogiaremos?”. Pues el papa.

Nos tranquilizamos pensando que el oficio de papa, además de no equivocarse ni jugando lotería o fútbol, su pasión, consiste en ver sin mirar. En esa mirada “urbi et orbi” del papa estábamos los dos de Montebello. Nuestra vanidad quedó satisfecha.

Al ver pasar al papa a dos metros de nuestras arrugas y pategallinas, nos declaramos indemnizados de que se no se nos haya aparecido la Virgen, una de nuestras ficciones infantiles. 

Mientras esperábamos, cuidábamos de que ningún malandro se fuera a quedar con nuestras billeteras y celulares. Hay que creer en Dios pero ojo con el bolso, pensamos con pragmatismo. No nos trama redistribuir el ingreso a la brava.

Ahí estábamos con Gloria y usted no nos vio. Foto ODG

Si nos hubieran entrevistado para la televisión de Afganistán,  Telemedellín o Teleantioquia sobre lo que sentimos cuando vimos a Francisco Para no defraudar a la familia que siempre ha creído en nosotros, digamos que sentimos un pequeño tsunami espiritual. 

Exagerando, porque pa esos somos paisas, nos dijimos: “Valió la pena vivir solo por ver pasar al huracán Francisco”. Y gracias, Pessoa, por prestarme uno de sus versos. 

Para Francisco hubo las inevitables llaves de la ciudad, carriel de nutria de Jericó con más misterios que la Santísima Trinidad, y poncho, pero nada de collar de arepas. Loado sea Alá!

Si bien nuestros antepasados no conocieron el celular, aprovechamos para tomar fotos del entorno  donde esperábamos al pontífice y a intentar selfis con el papa Francisco. El hombre de la era de internet es un historiador con cámara en mano. Hay que hacer valer ese privilegio.

A juzgar por las fotos que tomé, el don de la fotografía no me habita. En el lamentable retrato que comparto hay más frente y gafas mías que papa Francisco. 

Para resumir, después de una espera de 40 minutos, el papa se dejó venir falda debajo en su cachivache de la Chevrolet.

Todo el mundo a nuestro lado enloqueció. Fray Ferruco, mi superior jerárquico en el chamizo genealógico, sintió que levitaba; fray Augusto, mi alias, se sintió en un concierto con los Rolling Stones y Daniel Santos juntos.

La dicha duró una eternidad de segundos. El papa no nos determinó pero entrados en gastos, eso era lo de menos porque nosotros sí lo habíamos visto a él. 

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