Otraparte: Enemigos íntimos

El inesperado y sorprendente saludo de mano Duque-Santos en un escenario de los acuerdos de paz. Foto El Tiempo

Como dice el lugar común, “no podía ser más elocuente” la foto que publicó este diario en primera página del jueves 25 de noviembre.

Enfrentados, el que dijo Uribe para el período 2018-2022 , el presidente Duque,  y el que había dicho Uribe  años atrás, Juan Manuel Santos.

Motivo y razón del encuentro, la celebración sin champaña pero con pola de los cinco años del acuerdo de paz. 

En cada esquina, retrecheros, los protagonistas, en ademán de engullirse al otro. Al centro, otro “mueble viejo”, el expresidente Samper, listo a evitar que los gladiadores se dieran en la jeta delante de la visita, el mandamás de la ONU, António Guterres.

Duque y Santos olvidaron el distanciamiento social que ordena el ritual del Coronavirus. El Nobel fue más allá porque aparece sin tapabocas. Han podido impedirle la entrada, pero daba pena con don António.

En la foto de marras, Duque mira a Santos  a los ojos. Es lo que enseñan en Harvard para adivinar la verdadera intención del contrario. El frente a frente fue tan largo como el encuentro de hace unos años de Álvaro Uribe y Andrés Pastrana con Trump en Miami. La historia se repite porque carece de imaginación. Dicen.

Santos no mira a los ojos. Está atento a la mano sin alma que le tiende Duque. En esto también hicieron historia porque en esta pandémica época, el saludo de manos pasó al cuarto del reblujo. El puño es el nuevo protagonista. Los enemigos íntimos lo resucitaron. Pueden alegar que no vivieron en vano. 

Aparte de ese encuentro tan sonriente como podía ser el del condenado a la “ducha fría” de la guillotina con el verdugo, la noticia gorda la dio el padre De Roux, delgado como el salmo 23, al revelar el secreto a voces de que la paz se esfumó de la agenda de los precandidatos.  

Después de poner fugazmente la paz en el centro del debate, el jesuita mandó por el manjar blanco del Valle que les llevará a los hermanos Rodríguez a sus cárceles en  Estados Unidos para que suelten la lengua con nombres,  nombres, nombres de quienes se lucraron de su vil metal y han pasado de agache.

El agua de valeriana y demás tranquilizantes empezaron a escasear en las farmacias. Los Rodríguez que se fueron, regresan para soltar la sin hueso. “Entonces será el llanto y crujir dientes”.

oscardominguez@outlook.com

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