Otraparte: El sendero de Martín

Foto zonarosa.com

Por Oscar Domínguez G. Diario El Tiempo, Bogotá

Al niño Martín, salud.

Espero que sigas creciendo con el tetero y los pañales de todas tus vidas asegurados por cuenta del último documental de tu padre Alessandro Angulo, El sendero de la anaconda.

Nos conmovió hasta la silla turca el nuevo trabajo de tu taita de la mano de los antropólogos Schultes, Hildebrand y Wade. Estos antropólogos en yunta nos enseñan a abrir los ojos.

Así como antes había películas prohibidas para todo católico, documentales como este deberían ser obligatorios para creyentes o escépticos.

El documental es todo un poema visual que nos muestra lo que tenemos que no sabemos que tenemos en la Amazonia. O si lo sabemos, nos importa un carajo.

No se perdió la platica invertida por tus abuelos Guillermo y Vanna  en la educación de su caro figlio Alessandro. Ni en la de tu tío Paolo.

Con 30 años menos, me habrá ofrecido para cargarle la maleta a papá Alessandro en la selva profunda.

Como muchos somos monógamos lingüísticos, o sea, solo manejamos el español, a veces nos quedábamos en babia cuando Wade echaba su rollo en inglés. Habría sido fabuloso un doblaje al español.

Te cuento que escuché por  Caracol a tu padre contando parte de su extensa historia con banda musical de fondo. Tiene más vida que siete gatos y una mujer fatal juntos.

Llegué cuando hablaba de la aventura de La Calle y se me fue la señal cuando escuchaba a Yuri Buenaventura – cuya vida documentó –  cantando “Je ne regrette rien”, que yo traduzco libérrimamente: A lo hecho pecho, parceros.

Supimos también que tu  padre anda más que una mala noticia, que estudió en su natal Bogotá, en Nueva York, Barcelona, Cuba, con un tal García Márquez, a  quien tu abuelo y bisabuelo al mismo tiempo le decía Gabito sin que le chillara.

Tu padre resultó un teso para negociar secuestros y en par patadas tenía a tu abuelo comiendo bandeja paisa lejos del mosquito, el jaguar y la anaconda que le depararon “lafar”.

Hasta de sus tusas de amor nos habló. Pero llegó tu mami, Diana Camargo, y puso orden en la sala.

Creo que no te quito más tiempo para que te vayas montar en tu triciclo. Es mejor eso que escuchar las bobadas que decimos los adultos como diría El Principito. Felicitaciones por tener despejado tu sendero de vida.

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