Otraparte: El 22

Un artista del barrio Belén-Rincón de Medellín plasmó su visión del fútbol en esta obra pintada en las paredes exteriores del bar. (odg)

Por Oscar Domínguez Giraldo

Hasta el minuto noventa y segundos del partido de Colombia contra Chile, éramos un país inviable, peor que si estuviéramos instalados en el castro-chavismo que pregonan los agoreros que añoran el 22 como si el presidente no fuera  Iván Duque. Tengo los ojos puestos en  el 22 pero para ver a Colombia jugando en el mundial de Qatar. 

En las postrimerías del partido había redactado un  desabrido trino  a lo Trump, pidiendo  la renuncia del técnico Queiroz. De ñapa, exigía suspenderles el celular y el arroz a Cuadrado y al arquero Vargas por su complicidad en el segundo gol chileno.  

Achicoplado,  avancé  en el borrador  de un memo a la FIFA para mejorar este deporte, esperanto de las patadas. La propuesta incluye acabar con ese antifútbol llamado fuera del lugar,  eliminar la barrera en los tiros libres para evitar que los jugadores queden convertidos en eunucos, y la cereza en el postre:  que los estresantes penaltis sean cobrados por la señora del tinto.  

Pero apareció Falcao con su gol y nos reconcilió con la selección. La vida volvió a ser bella. 

Los adjetivos descalificativos pasaron al cuarto inútil y en el disco duro apareció  una letanía de piropos que dilapidaron tanto los infalibles cronistas deportivos como el aficionado sin charreteras. 

A partir del empate nos vemos en Qatar estrenando turbante. Muchos empezaron clases de árabe. Mi enciclopédica ignorancia en asuntos qataríes se enriqueció con este dato “de veras iluminante”: en ese país las lluvias en invierno alcanzan los 80 milímetros cuadrados, perdón, anuales. 

La voltereta de la hinchada ante el gol con fórceps de Radamel me recordó el caso de senador liberal que redactaba una ponencia favorable al aborto. Como  lo nombraron ministro de salud la ponencia fue negativa.  

Alguien debe estar levantándole estatua a Queiroz. Y a Falcao. Ojalá con una ”lágrima asomada”  en agradecimiento a Dios por los favores recibidos. (Los chilenos dirán que Dios no es imparcial. Mejor no aspirar a ser como Dios; le salen muchos chicharrones). 

El hincha es “cosa vana, variable y ondeante”. Tiene más fuerza un purgado que lealtad un aficionado. Solo nos sirve el triunfo. (Si le hubiéramos ganado a Chile no nos habríamos alegrado tanto. Lo que puede un agónico gol).  

El empate frente a los chilenos nos hizo olvidar los traumas causados por el virus de ojos rasgados. En la aldea global, el fútbol goleó 5-0 al Covid-19. No en vano este deporte ha sido definido como la recuperación semanal de la infancia. 

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