Otraparte: Carta desde el más allá

El embajador Ricardo Valero: Foto America News

Por:Óscar Domínguez Giraldo, Diario El Tiempo, Bogotá

Embajador Óscar Valero, salud.

Desde mi eternidad, yo, Giacomo Casanova, debo confesarle que me abruma con el homenaje que me hizo al tratar de robarse de la principal librería de Buenos Aires una biografía sobre este amante y aventurero de profesión.

Lamento que lo hayan pillado con las manos en la masa. A los 76 años, cuando no se puede respirar y ver atardeceres al mismo tiempo, hay que andar despacio.

Menos mal su presidente mexicano, López Obrador, tomó las cosas por el lado amable y está a punto de hacerse el loco con su desliz cleptomaníaco alegando que “un tropezón cualquiera da en la vida”.

Otro diplomático que tropezó fue el de Colombia en USA, Pacho Santos, a quien grabaron hablando pestes de sus colegas de Defensa y Relaciones Exteriores. Todo se arregló con una visita a Bogotá para cambiar de menú: tacos en la 93 en vez de dilapidar dólares de su obesa quincena en algún Taco Bell, su restaurante preferido.

Espero que corra la misma suerte que Santos, quien ya fue devuelto a sus corrales en Washington, una ciudad jarta donde nadie es importante. A lo mejor, Santos pensó en voz alta lo que sus jefes, el presidente Duque y la canciller Bom Bom Blum, piensan en voz baja.

A manera de agradecida reciprocidad, intentaré hacerle un tacañísimo bosquejo de mi filosofía de seductor.

Así como “todo el río está en la palabra Nilo”, en mi apellido está sintetizado todo lo que encierra un amante.

A la mujer hay que tratarla como cultivando orquídeas. Siguiendo ese hilo de Adriana de la seducción, estás ganado. (Adriana era de la familia de la Ariadna de la mitología griega.)

Más que amarlas, algo que nunca fue mi fuerte porque siempre iba de prisa, procuré halagarlas, mimarlas.

Lo que hice en vida fue tratar a la mujer como si yo fuera su primer amor. O el último. O los dos. Truco infalible para que una relación termine horizontalmente.

“El amor no es más que una curiosidad”, solía decir yo, y perdóneme que me cite a mí mismo como cualquier expresidente colombiano.

Las señoras no hacían el amor conmigo, sino con el mito que encarnaba. Apúntelo en un papelito: el secreto del óptimo amante, insisto, radica en hacer sentir única a una fémina. Feliz Navidad, che, Óscar, y no lo tome como una ironía.


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